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Full text of "Antonio Caravia Nociones Necesarias Al Cultivador"

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NOCIONES. 

‘ NECESARIAS 



SEGUNDA. PARTE 

. \ ' » ’ ' • . • 

DEL 1 

CURSO DE AGRICULTURA 

pob .* . 

* ANTONIO T. CAR AVIA 

, * •'* ' _ %.■ % 

Se^nda edición revisada y gorrejkb' 


•■/y .f'í 

f Áf \ 


r MONTEVIDEO 

•1 ¡n precia tipográfica A vapor Cámaras, 15 . / 
• ‘ ' Maiizo ISB7. 



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■JJíy'íyt'rW' 


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NOCIONES 


NECESARIAS 

* 



CURSO ÚE AGRICULTURA 


POR 

ANTONIO T . CARAVXA 
Segunda edición misada j correjida 



MONTEVIDEO 

Imprenta tipográfica á yapor Cámaras, 
Febkbao 1867. 


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ES PROPIEDAD DE SU AUTOR. 

A. T. C. 


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INTRODUCCION. 


Estos trabajos sobre la importante Industria 
.Agrícola, y varios ramos de la Economía Buraiy 
Doméstica, comprenden, como lo hemos anun- 
ciado antes de ahora, Jo que llamamos un Cur- 
so he Agricultura; mucho tiempo vacilamos 
sobre la publicación de todos dios en un solo 
libro, ya por el costo que tcnian; ya por la con- 
vicción de que una obra abultada no podría pro- 
porcionarse ú precios cómodos para la generali- 
dad do los habitantes, siendo también, por la 
circunstancia de su volumen, difícil que olla fue- 
se leída sino por muy pocos. 

Mas, convencidos de que la Agricultura es en 
nuestro Pais, asi como eii los demás Países de 
América, una industria de primer orden, de ri- 
queza inagotable, y en algunos pueblos, un gran 
tesoro, su fuente principal de riqueza pública y 
particular, cuya buena práctica es de gran inte- 
rés fomentar; conociendo el atraso en que eu 
muchas partes se encuentra por ia escasez de 
buenos métodos de cultivo, por falla de conoci- 
mientos que pongan ai cultivador eu el caso de 



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obrar ron. conocimientos ciertos de lo que hace; 
y que para lograrlo, se siente la necesidad pre- 
miosa de efectuar uu cambio, cuando menos, en 
muchos de los procedimientos de cultivo que lo 
habiliten para saber conseguir productos, hala- 
gando asi á los industriales para emprender con 
empeño la práctica de la Agricultura; lo que im- 
porta el aumento positivo de las rentas de los 
pueblos y el bienestar y la riqueza de los parti- 
culares: viniendo en apoyo de esta verdad reco- 
nocida, que solo la mas supina ignorancia puede 
llegar á desconocer, el constante empeño de los 
Gobiernos mas ilustrados y ricos de todas las 
partes del mundo, asi como délas Asociaciones 
Gientiíicas y Corporaciones verdaderamente pa- 
triotas de los Pueblos en procurar mejorar el 
Sistema Agricolo, no ahorrando premios, ni es- 
iuerzos de clase alguna, para protejer y propa- 
gar los conocimientos que aparecen con tenden- 
cia al mejoramiento de la Industria; llegando en 
muchos, á hacer obligatoria su enseñanza en las 

escuelas y Colegios: 

Convencidos, de que si la práctica do la Agri- 
cultura suele no dar ni Ja mitad de los produc- 
tos que fácilmente pueden obtenerse de ella en 
estos países, en donde se brinda «I cultivador con 
su benigno temperamento y fértiles terrenos, es 
por la falta de productos en que muchas veces 
suele encontrarse, lo que hace no aumente como 
debiera el gremio de estos industriales; de que 

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el hombre necesita .ser hn ligado por el produc- 
to de su trabiijo para dedicarse d el con empeño;, 
y que para obtener productos en la Agricultura, 
asi como en las demás industrias, en primer lu- 
gar, se necesitan buenos métodos, conocimien- 
tos positivos que pongan hI cultivador en el caso 
de saberlos conseguir; estudiaudo los medios de 
llenar este importante objeto; y convencidos 
también, de que hay que luchar con las prácticas 
envejecidas de no buenos procedimientos, á los? 
cuales están por desgracia, sumamente apegados 
muchos dolos antiguos agricultores, que, obran- 
do en gran parte sin conocimientos exactos, si- 
guiendo una rutina ciega, casi siempre opuesta á 
sus intereses, en muchos casos/ solo consiguen 
resultados medianos, ó resultados negativos; lle- 
gamos á creer que uno de los medios acaso, de 
conseguir csteimportantc objeto, podría ser pro- 
curando crear el estimulo en la juventud desde 
los primeros años, é inculcando en su mente, asi 
como en la de cualquier persona que quisiese 
dedicarse á esta Industria, nociones exactas, prác- 
ticas y claras, de manera, que, con un estudio 
sucesivo, pudiera llegarse á formar buenos culti- 
vadores en general; y sieudo para todo ello mas 
necesario el presentar publicaciones breves, que 
al paso que hiciesen cómoda su adquisición, aun 
á la gente proletaria, hiciesen fácil y grato su es- 
tudio; ideamos la subdivisión de estos trabajos en 
libros 1 cortos, del todo relacionados entre si, 

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que formando un corolario de conocimientos y de 
ideas prácticas, establecidas con sencillez y cla- 
ridad, proporcionasen con su estudio sucesivo 
los conocimientos necesarios para licuar á sor 
buenos ó regulares cultivadores en general.: di- 
vidiéndolos al efecto en cinco partes, con las que 
hemos formado este Censo di- Agricultura, 
tan completo como nos lia sido posible, teniendo 
muy presente la conveniencia fie la brevedad en 
estas publicaciones. 

Las cinco parles menvíonudta áe que esta obra 
se compone son Jas siguientes: 

P jumera parte:— Catecismo: — Contraído á 
las primeras y mas indispensables nociones que 
defoeu tenerse en la AfjrtcnUnra propican en fe (li- 
dia , en el cual se procura fijarlos de una mane- 
ra clara y sencilla en la mente de la juventud y 
en la délos principiantes. 

Segunda parte: 1 — Rociones Recesarías ai, 
Cultivador: — E n ella se amplían los conoci- 
mientos generales establecidos en la Primera 
Parle , desarrollándolos y tratándose en mucha 
parte clel cultivo y propagación de los árboles. 

Tercera Parte: — Cultivo dé las abejas v 
be los gusanos de sei>a; ambos ramos de in- 
dustria de grande importancia y de fácil práctica, 
del todo relacionados con la Agricultura, en la 
cual se trata del cultivo de las [dantas que le- 
sirven de alimento, método de tratamiento dia- 
rio, productos, cosecha etc. 

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Cuarta Paute:— El ítígerto y la Poda, oit 
la cual se trata de estas dos muy importantes 
operaciones de la Agricultura, con toda la clari- 
dad que nos ha sido posible, estableciendo pre- 
ceptos claro?, fácilmente comprensibles; prece- 
didos de las -Nociones yene ral es sobre la estructura 
de los árboles. 

Quista Parte: — El manual del Cultiva- 
dor, en forma de Diccionario, en la cual, sin 
ocuparnos de los principios y operaciones gene- 
rales de que se ha tratado ya en las cuatro par- 
tes anteriores* á lus cuales se hace referencia 
siempre que es necesario, comprendemos el cul- 
tivo y tratamiento particular, individual, de la 
mayor parte de las plantas útiles qnc se cultivan 
en estos Países y de las industriales que con ven* 
taja pueden cultivarse, con toda la e?. tención que 
á cada una i o os necesaria, según su importan * 
cia, hasta situar sus proihie.os en los depósitos 
o graneros para su consumo ó venta; y de varios 
ramos de la Economía Rural y Doméstica; cuyos 
conocimientos son indispensables á todo buen cul- 
tivador, los que forman ramos accesorios déla 
Industria, que aumentan los productos, y satisfa- 
cen Jas necesidades, 6 contribuyen al bien estar 
de la familia. 

Eormaudo oslas cinco partes, relacionadas in- 
mediatamente las unas con las otras, El Curso 
i*e Agricultura, vá cada una de ellas acompa- 
ñada de láminas, con íasiiguras necesarias para. 


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la mejor comprensión practica de ¡as diferentes 
operaciones que se describen. 

La satisfactoria aceptación que tanto en nues- 
tro País como en el Exterior, han merecido 
las cuatro partes que hemos publicado, que 
nos complacemos en decirlo ha superado á núes* 
tras esperanzas; teniendo que hacer en muy 
poco tiempo, cuatro ediciones de la Peine- 
ha Parte, d sea el Catecismo, y haciendo ac- 
tualmente una segunda edición de las demas, sin 
embargo de haber sido la primera muy numero- 
sa; nos ha animado, ahora que estos trabajos fon 
conocidos y valorados, á llevar a efecto nuestro 
primitivo pensamiento, de hacer por separado la 
publicación de toda la obra, tal como la había- 
mos trabajado en un principio; en ia cual, es- 
tando destinada á las inteligencias formada:?, 
prescindimos de tratar las cuestiones con la mi- 
nuciosidad que lo hemos hecho en 1¿is cinco par- 
tes que componen elCimso de Agricultura, des- 
tinado á la Juventud; ocupándonos en ella de 
otros puntos de la Horticultura , de que no crei- 
mos indispensable hacerlo en aquel. 

Dicha obra se compondrá de dos tomos, en 

forma de Diccionario, coa Lámiuas, la que lle- 
vará por título El Manual Ptáctico del Cul» 
tivador Americano: obra completa, que dare- 
mos á luz tan pronto como hayamos concluido 

la publicación de la Quinta Parte del Curso 

AftHrcTJLTCKA* que yacíamos á la prensa. 

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En corroboración de lo que deeiuios.de que 
estos trabajos son ahora conocidos y valorados , 
presentamos eti seguida las declaraciones que 
olios han merecido del Instituto Nacional de 
Instrucción Pública de la República, que, en 
vísta de los términos en que están concebidos, y 
de las recomendaciones que en ellas se hacen, 
hemos creído deber prescindir, de entrará enu- 
merar, por ahora, por no considerarlo aun opor- 
tuno, y por que en ellas se dice cuanto noso- 
tros podríamos decir; la aceptación con que ellos 
han sido recibidos en diferentes Repúblicas Sud 
-Americanas, en algunas de las cuales son ya el 
Texto de lectura en las Escuelas y Colegios, ha- 
hiendo sido reimpresos en ellas por cuenta de 
sus Exmos. Gobiernos; y de los testimonios, 
muy honoríficos, que han merecido también del 
Exmo. Gobierno de la República, de la Comi- 
sión E. Administrativa de la Capital, en repre- 
sentación de !a Municipalidad, cuyos miembros 
con patriotismo y sabiduría, les han acordado 
una protección satisfactoria; y de varias otras 
Corporaciones del Pais: esperando que tan no- 
ble ejemplo, sea segundado por las Comisiones 
de ios Departamentos que representan las Mu- 
nicipalidades de ellos, en vista del grande pro- 
vecho que A ellos particularmente puede resul- 
tar del fomento de la Industria Agrícola practi- 
cada con los conocimientos necesarios. 

Deseosos de contribuir á dar impulso á ese. 

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. fumen !n < ¡no tanto necesita esta industria, ya en 
ni sos tro País, ya cu las diferentes Repúblicas 
de America procurando tratar de elevarla á la 
altura fjue le correspondo, ofrecemos oslo* tra- 
bajos con fe, aun que como un ensayo, ando- 
sos de que olios sean ampliados y mejorados. 

Restaños manifestar á nuestros lectores, que 
nos haremos un deber en contestar á cualquiera 
consulta que pueda haccrcenos, <3 resolver cual- 
quier duda que pueda proponérsenos, sea de pa- 
labra ó por escrito, sobre cualquiera punto, en 
cada una de las materias de que se trata en to- 
do este Censo m: Agricultura, y que procura- 
remos espliearlas ó resolverlas con brevedad, y 
con toda la claridad que nos sea posible, gra- 
tis, siempre que sean laborecedorcs á las Cinco 
Partes de que se compone, para lo cual estare- 
mos siempre y en todas partes á su disposición. 

Montevideo Octubre de 1865. 

A. T, Cara vía. 


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DECLAIÍACIOHI 


JlKJi 


INSTITUTO I)E INSTRUCCION PUBLICA. 


Secretaria del Instituto de Instrucción Pu- 
blica. 

Montevideo , Octubre 15 de 1863. 

El infrascrito Secretario, certifico; que, en la 
solicitud presentada al Instituto por el Señor 
.5)11. Antonio X. Caravia, lian recaído las siguien- 
tes resoluciones, 

Instituto de Usstrucíon Publica. 

Montevideo , Octubre 7 de 1863. 

A Comisión del Sr. JDr. I). Joaquín Requcmu 
Hrrhkua y Ores. 

Martín Serinduafjue^^eoveliwio Interino. 

Sr. Presidente del Instituto de Instrucción 
Pública. 

Es incuestionable la utilidad del Catecismo de 
Agricultura que lia redactado el Sr. Caravia, y 
la conveniencia de que se generalicen desde hi 
escuela las principales nociones de esc ramo tan 
importante de la riqueza pública, creando en la 
juventud el estímulo á esa clase de trabajo, que 
ha de irse generalizando en el País con el incre- 
mento de la población y Ja subdivicion del ter- 
ritorio. 

Las Naciones quemas sellan preocupado del 
fomento de la Agricultura, han procurado formar 
cultivadores capaces, difundiendo losconocúmicn- 


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IV 


tos adquiridos por la csperieucia y circulando 
libros especiales escritos con claridad y sencillez. 

El Catecismo del Sr. Cara vía, reúne estas ctm - 
lidiados que por si solas le recomiendan para h 
lectura en los establecimientos de enseñanza. 

Opino, pues, que debe accederse á su solici- 
tud, declarando al Catecismo de Agricultura, 
texto de lectura para la juventud en las escue- 
las públicas, y propendiendo á que las Juntas Eco- 
u ondeo -Administrativas lo adquieran cou ese fin. 

Dios guarde al Si\ Presideute muchos años* 
Montevideo , Octubre 10 de ISífiP 
Joaquín liequcna. 


Instituto de Lnstuüccioin V ujüuca. 

^Montevideo, Octubre 14 de í S63. 
lk De conformidad con lo es puesto cu el pre- 
u cedente informe, declárase texto de lectura 
vt parala Instrucción Primaria, el Catecismo de 
u Agricultura á que esta solicitud se refiere; cu - 
ya declaración se comunicará por oficio, á 
“ ¡as Juntas Económico-Administrativas de la 
u Capital y Departamentos; espidiéndose al su- 
:t fricante los testimonios que solicite de esta 
u resolución. 

“Maíujkl Heuheba y Oíses — P resideute. 

^ Martin Hennduague — Secretario Interino/’ 
Para la debida constancia y demás efectos el 
infrascrito sella y firma el presente fecha ut su* 
pra . 

Martin Bcrindvagvc — Secretario Interino. 
Hay el sello del Instituto. 


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V 


SEGUÍ DA DECLAIUCEOÍ 

I)l.L ljVSTlTt'TO DE IkSTUCCCIOM PÚBLICA. 
SOBRE EL 

Curso completo ele Agricultura 


Montevideo^ Setiembre 11 de (805. 

El infrascripto Secretario certifico: que -cuja 
solicitud presentada «ti -Instituto por el Seúor J>. 
A íí ton i o T. ( a\ ra v la so 1) re s u C a rso c owp i do de 
Agric?tUnra ) lian recaído las siguientes resolucio- 
nes. 

Montevideo », Junio 5 de 1865 
A Comisión del Sr. l>r. IX Joaquín Bequeua. 

HERRERA Y ()BKS- 

Alejandro Pesce — ^Secretario del Instituto 
7ATOKMK — Señores del instituto' de Instrucción 
Pública: 

íiü petición del Señor Don Antonio T. Caravia 
sobre que la declaración recaída en el Catecismo, 
que forma la Primera parte del Curto de Agri- 
cultura de cincho Señor, se haga ostensiva al Cur- 
so Completo, compuesto de cinco partes, es justa 
y atendible, y el Instituto puede deferir a ella 
siendo consecuente con su resolución anterior, 
que el peticionario invoca. 

El Catecismo-, es la Primera Parte del Curso de 
AgrkulHtra; la Segunda Parte, se contrae á las 
Nociones Necesarias al Cultivador: la Tercera Par- 
te, trata de El ingerto y la Poda „ 

Estas dos últimas partes se lian publicado y 
presentado al instituto; y se hallan en prensa, 
la Cuarta Parte, que trata de El Cu litro de las 
Abejas y de Jos Gusanos de Seda; y la Quinta — 
El Manual Práctico del Cultivador Americano, t'n 


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VI 


forma de Diccionario . Tratados todos de recono- 
cida utilidad y de grande interc* para la Agri- 
cultura y la Industria. 

Tas razones con que fundé mi anterior informe 
sobre la adopción del Catecismo, son tanto mas 
aplicables á las Nociones Necesarias al Cid tirador 
y á las relativas al Ingerto y la /Wa/cuantoque 
cu ella s se esplicnu las lecciones del Catecismo y 
se perfeccionan algunos puntos de que solo se 
hablan indicado los rudimentos. 

Me consta, queen varias Repúblicas Sud -Ame- 
ricanas se han recibido con aceptación y con elo- 
gio los tratados del Señor Gara vio, y que en al- 
gunas, han sido adoptados ya como libros delec- 
tara para las escuelas y colegios. 

Si el Instituto lo tiene á bien, puede declarar. 
Texto de lectura, los diferentes tratados de que 
se compone el Guaso Completo de Aobicultí' • 
ha indicado, disponiendo que se comunique de 
oiicio por secretaria a las Juntas E. Administra- 
tivas. como se efectuó respecto del Catecismo. 

Dios guárde á los Señores del Instituto mu- 
chos años. 

Montevideo, Agosto 21 de 1865. 
firmado — Joaquín Requena . 

Instituto de instrucción Pública — ‘Montevideo 
Agosto 22 de 1805. De conformidad con lo es- 
puesto en el precedente informe, declárase Texto 
de lectura pura las escuches el Guaso Completo 
m: Aouicultura del Señor Don Antonio T. Cu- 
ravia á que su solicitud se refiere, compuesto de 
las partes que quedan mencionadas en di- 
cho informe, cuya declaración se comunicará por 
oficio á las Comisiones Ji. Administrativas de la 
ripitiil y demas Departamentos de la República, 
para que procuren adquirirlo con ese objete. 

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y ir 


Espídanse al peticionario los testimonios que 
solicite de esta resolución á los fines que puedan 
convenirle. 

Manuel Herrera y Obes — Presidente. 

Alejandro Pesce — Secretario. 

Para la debida constancia, y demas efectos, el 
infrascripto sella y firma el presente certificado, 
fecha ut-supra, 

Alejandro Pesce. 

Secretario del Instituto. 

(Hay el sello del Instituto.) 


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NOCIONES 


NECESARIAS 

AL CULTIVADOR 


Los tres puntos primordiales de la 
Agricultura. 

1. Continuando las nociones sobre agricul- 
tura de que hemos empezado á tratar en El Ca- 
tecismo, Primera Parte del Curso de Agricul- 
tura, formamos con este libro La Segunda 
Parte. 

2. Para conseguir el objeto que sos propone- 
mos, que el agricultor pueda obtener el bien 
estar en sn ejercicio, y el Estado aumento de 
riqueza, procuramos presentarle nociones claras 
y verídicas, que llevando áso conocimiento el re- 
sultado de hechos prácticos, lo induzcan á adop- 
tar los buenos métodos de cultivo para podej 
lograr abundantes productos de las plantas. 

3. Consideramos tres los pantos primordiales 


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4 GURSO DE AGRICULTURA. 

í 

déla Agricultura, de cuyo conocimiento debe 
estar bien instruido todo el qúe desee ser nn 
buen Agricultor. 

4. Estos tres puntos son: 

La. labor de la tierra. 

La semilla. 

La siembra. 

Se ellos se deriban todas las demas operacio- 
nes para el cultivo de las plantas. 

5. Así, tratarémos por separado cada uno de 
estos tres puntos, ocupándonos de las operacio- 
nes asesorías dependientes, ó como consecuencia 
indispensable de ellas én secciones particulares. 


CAPÍTULO I o . 


Oe la Xábrauza dé la tierra* 


.Sección Primera. 

Conveniencia de Labrar bien. 

6. En el Catecismo, 1.* Parte, número 55, ¡he- 
mos dicho, que la labranza de la tierra es el funda-* 
mentó principal, la operación mas importante de la 
Agricultura; desde que ella sea mala todo es imper- 
fecto^ siendo imposible que pueda haber producto * 


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SEGUNDA PARTE } 

que recompensen el trabajo , cuando no $e ha dedi- 
cado á la tierra la atención y la labor q *c necesita . 

7, la tierra es avára de sus productos, conce* 
diéndolos solo al que le consagra sus sudorcd, 
con constancia, sin pereza y con alguna inteli- 
gencia. 

8. Si bien en nuestro País y demás Países 
Americanos, .se lamenta como la causa de 
falta de productos, la mala labor de la tierra, es 
este un mal que tiene lugar también en Países 
mas antiguos y mas adelantados que el nuestro. 

Autores científicos^ completamente idóneos, re* 
firiéndose á lo que spbre este puoto acontece en 
Inglaterra (lo mismo que en otras Naciones de 
Europa), dicen: «que en un distrito compuesto 
«en su mayor parte de tierras arables (») se pier- 
«de anualmente una tercera parte de las cosechas 
«en gran cantidad de las mejores tierras pop la 

«INSUFICIENCIA DE LAS LABORES. » 

En el País, puede calcularse que á esa sola cau- 
sa se debe la pérdida anual de mas de la mitad 
de los productos que pudieran conseguirse de las 
sementeras que se hacen en nuestras tierras pri- 
vilegiadas. 

Procurarémos estirpar este mal (yeánse en Ja 
1. “ Parte los números 569 y siguientes). 

(&) Llamánse tierras arables, á las que sun suceptiblea 
de recibir labor y producir bien. 


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6 


CURSO DE AGRICULTURA 


9. El apresuramiento en el trabajo de la tierra, 
y la ambición de labrar mucho para efectnar 
grandes siembras, ó siembras desproporcionadas 
á las fuerzas de cada Agricultor, son la causa prin- 
cipal de este mal. 

10. Las tierras deben labrarse siempre con ais 
guna anticipación, porque suavizándose con las 
influencias atmosféricas, no solo se hacen mas fá- 
ciles de dividirse y desmenuzarse, sino que ad- 
quieren también sustancias nutrivas sumamente 
saludables para las plantas. 

Además, es el medio mas cierto de destruir los 
insectos y gusanos que en el interior déla tierra 
suelen ser una plaga funesta para los sembrados; 
esto muy particularmente cuando las tierras son 
nuevas. 

Debe hacerse que la tierra sienta el frió 

DEL INVIERNO t EL CALOR DEL VERANO, decian los 

antiguos. ' 1 

11. Las siembras hechas en tierras bien bene- 
ficiadas dan productos abundantes, al paso que si 
se efectúan en tierras mal preparadas, muchas 
veces no producen ni aun la semilla que en ellas 
se emplea: ó en fuerza de ser lo que se llama un 
buen año , solo se consigue un grano imperfecto, 
desmedrado mezclado de otras semillas: costando 
so limpieza mas que el producto que pueda pro- 
porcionar. 

12. La fertilidad de la tierra y sus productos 


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• SEGUNDA PARTE ^ 

son pues relativos al trabajo y beneficio que á 
ella se le dedica, á ese respecto tenían estableci- 
dos los antiguos ciertas máximas, que demuestran 
bien la esperiencia con que obraban. 

Sembrar menos y labrar mas, decian. 
Necesario es que la tierra sea mas débil que 

EL HOMBRE. 

Se gasa mas, cultivando un campo pequeño, 

-BIEN, QUE MEDIANAMENTE UNO GRANDE. 

Admirad una gran sementera (decían tam- 
bién) PERO CULTIVAD BIEN UNA PEQUEÑA. 

13. Herrera, autor Español, tratando de este 
punto dice. 

« Que un labrador que trabajaba cuatro propie- 
« dades, se desprendió de una, y trabajando la» 
« tres restantes, sacaba el mismo producto que de 
« las cuatro: se desprendió de dos mas, y traba- 
« jando en la una que le quedaba, obtenía lauto 
« producto de ella como de las cuatro, porque 
« tanto trabajaba en esta sola como en todas aque- 
« Has». k 

n. 

Inteligencia en el Labrador. 

14. Hay mucha conveniencia en que el direc- 
tor de un establecimiento Agrícolo, sea inteligen- 
te y tenga conocimientos prácticos, que sepa ha- 
cer por si mismo ciertas operaciones, para obligar 


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% CURSO "DE AGRICULTURA 

á los trabajadores á efectuarlas cuando corres* 
ponda con provecho y economía. 

En Agricultura, él fundamento esencial és sa- 
ber lo que se hace. 

Debe saber hacer liso de los útiles de labranza, 
tóhiaríos de cuando en cuando, sino es el mismo 
el que labra la tierra, y demostrar que conoce su 
ttéo prácticamente. 

Debe saber Conocer sus tierras, las ventajas que 
de cada clase puede sacarse, como y cuando debe 
labrarlas cotí 'más provecho, cuando debe confiar- 
les la semilla; lo qiié constituye el principal co- 
nocimiento, la ciencia de la localidad , la mas 
aventajada para el labrador. 

El Agricultor que posee esos conocimientos, 
puede decirse que trabaja & ciencia cierta , al paso 
qué sin ellos, puede verse expuesto, sin esperar- 
lo, á tener malos resultados. 

15. La buena dirección |y cuidado de los ani- 
males, es una cosa indispensable para la buena 
labranza de la tierra, asi como que el labrador, 6 
gañan, tenga alguna inteligencia en la operación 
que efectúa. 

• 16. Es necesario que sea inteligente, para po- 

der guiar y ayudar á los animales como corres- 
ponda en el trabajo con el arado, y que sepa ali- 
viarlos en cualquier accidente que pueda ocurrir. 
Machas veces, coñ ana palabra, con nn grito, con 
un movimiento del arado, se hace prevenir á los 


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SEGUNDA. PARTB 

animales, un obstáculo, algún esfuerzo mayor ,q¿ue 
tienen que hacer, y efectuándolo á tiempo, sp 
evita aquel, ó se hace este insignificante; y acos^ 
tumbrados los animales á ser a^ dirijido?, par- 
chan con el oido atento, dispuestos siempre á se- 
gundar los esfuerzos de su inteligente $op- 
ductor. 

17. ' Un gartan discreto y activo todo lo prevee, 
y si encuentra alguna piedra, algún tronco ó al- 
guna raiz fuerte que pueda haber en el terreno, 
desvia la reja ladeando lo suficiente el arado á de- 
recha ó á izquierda, ó lo levanta, evitando así el 
obstáculo; y con él se empeñan los animales en 
completar el surco, ciertos de poderlo hacer sin 
sufrir demasiado. 

18. Un gañan perezoso, ó descuidado, nada 
prevee, encuentra un obstáculo, y en vez acáso, 
de buscar la causa de él para evitarlo, ayudar ; 
aliviar á los animales, los picanéa, los hostiga, los 
maltrata, haciéndolo muchas veces con el animal 
que mas esfuerzos ya haciendo, y que por consi- 
guiente mas auxilio necesita. 

Dé lo que resulta, que desconcertados los ani- 
males, salen del surco, hacen su marcha mas 
precipitada unas veces que otras, no saben que 
hacer, adquieren malos hábitos, hacen maju labor, 
y nunca pueden hacerla buena en lo sucesivo, á 
no ser que algún inteligente tenga para con ellos; 
un trabajo asiduo. 


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10 CORSO DE AGRICULTURA 

19. Así, en la labranza,, son considerables los 
perjuicios qne ocasiona un mal gañan ó un labra* 
dor descuidado. 

20. Parece cosa sencilla el arar la tierra, pa- 
rece que todo el que está dedicado á la labranza 
puede hacer una buena labor; pero no es asi: una 
gran parte de nuestros Agricultores labran mal la 
tierra, solo la labran en parte; .así es que por lo 
regular recojen muy poco. 

‘ 21. Hablando el respetable Abate líozier sobre 
el particular, dice muy oportunamente. 

« Se conoce el buen labrador en el modo desem- 
barazado, cómodo, con que dirije el arado; en la 
facilidad qne ha adquirido con la costumbre, en 
hacer que el arado penetre mas ó menos la tierra 
según su deseo; en la práctica de abrir surcos 
iguales y derechos; en el modo de verter la tierra 
á los lados del surco.» 

, « Un buen. labrador, agrega, es el que no fatiga 
nunca ó los animales, y el que sabe arreglar la 
profundidad dalos surcos á la clase de terreno. 
Eu cuanto á los labradores inferiores, para ellos 
es siempre igual toda clase de tierras, no son mas 
que máquinas arrastradss por los animales con- 
fiados á su dirccion». 

« Un buen labrador toma cariño á sus anima- 
les, los acaricia, los ama, rara vez los castiga, y 
ellos obedecen á su voz. Si el trabajo es conside- 
rable hace lo que puede por aliviarlos redoblando 


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SEGUNDA PARTE 


lí 


« 

sus esfuerzos. Luego que los suelta, trata ante 
todo, que estén bien acomodados, los repara y 
limpia muchas veces en el dia, llevándolo con 
frecuencia su celo hasta proporcionarles jmas ali- 
mento de! que puedan consumir; he visto á al- 
gunos, que partían con sus animales el pan de su 
desayuno. 

« Se observa casi siempre, que los labradores 
que no saben trabajar, rara vez toman cariño á 
los animales; por lo regular, los tienen sucios, 
mal tratados, mal alimentados, contribuyendo 
con su neglijencia á bacer que esos animales no 
puedan hacer trabajo alguno de provecho. » 

22. El buen labrador sabe atribuir la escasez 
ó la falta de productos, cuando no los tiene, á las 
causas reales que la han ocasionado, busca con- 
vina, coteja, inquiere hasta que las encuentra, y 
procura remediar en la siembra siguiente: 

El mal labrador, siempre la atribuye á cual- 
quier causa menos á la verdadera; así, por mas 
evidente que sea el notarse grandes claros en sus 
sembrados sin producto alguno, en ios cuales las 
plantas no han podido crecer, y por consiguiente 
producir, por la dureza, por la falta de beneficio 
y de trabajo de la tierra, por el mal estado en que 
se la ha dejado al labrarla, él lo atribuye á un aire, 
á un viento malo, al exeso de agua, á lo que en fin 
llama siempre un mal año ; sin cuidarse de buscar 
la verdadera causa del mal y hacerla desaparecer 


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i* CURSÓ DE AGRICULTURA 

para el año siguiente; continuando asi la falta dé 
productos que hacen permanente el mal estar, 
y la mediocridad de su casa y de su familia. 

Un labrador inteligente y activo, aun después 
que ha labrado y beneficiado las tierras, después 
que las ha preparado bien para la siembra, si ob- 
serva algo que pueda estorbar á la prosperidad 
de las plantas, no tiene pereza en dar una ó mas 
rejas otra vez, pasar de nuevo la rastra, ó hacer 
lo necesario para perfeccionarlas, bien cierto que 
en rso consiste su ganancia. 

Un buen labrador debe saber distribuir y em- 
plear bien su tiempo, así como poseer las semi- 
llas y frutos que su terreno es capaz de producir; 
sin ponerse en la necesidad, sinó en casos seña- 
lados, de tener que adquirirlas por otras partes. 
(134). 

« Los antiguos (dice Plinio) consideraban como 
« un mal cultivador, á aquel que compraba lo que 
« su establecimiento le podía producir; como pé- 

* simo, al que hace de dia, lo que solo debe de 
« hacer de noche, ecepto en tiempo de tormenta; 
« como peor aun, el que emplea los dias ordina- 

* rios, en lo que solo tiene obligación de hacer en 
« los festivos; y como peor de todos, al que en 

* nn hermoso día se ocupa en casa en lugar de 
« hacerlo en el campo.» (Opúsculo Historia de la 
x Agricultura Antigua núm. 113.) 


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SE6UN0A. PARTE 


13 


III 

Profundidad á que debe labrarse. 

23. La labor de la tierra se efectúa á mas ó 
menos profundidad, según la clase de tierras en 
que se trabaja, según la clase de plantas que han 
de vegetar en ellas, y según el tiempo en que van 
á sembrarse ó plantarse. 

Cuando son árboles ó arbustos lo que se trata 
de plantar, es necesario profundizarla lo mas qne 
se pueda. 

24. Si la labor de la tierra se efectúa cqn ios* 
truniento de manos (1. a Parte núm. 67 y sig.) la 
Caba se clasifica del modo siguiente. 

Llamase Media Caba: — cuando se hace pene- 
trarla mitad del instrumento, alcanzándose solo 
á 4 6 5 pulgadas de profundidad, con poca dife- 
rencia. 

Llamase Caba entera:— cuando se la profun- 
diza en toda su esteDsion, lo qne dá una profun- 
didad de 8 á 9 pulgadas. 

Llámase Caba doble: — cuando después de ha- 
berse dado una caba entera, siendo necesario pro- 
fundizar mucho mas la tierra, se dá otro hierro 
en el mismo paraje, lo que constituye una profun- 
didad de 12 á 18 pulgadas. 


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14 


CORSO DE AGRICULTURA. 


Siendo conveniente que eu todas ellas, esas 
profundidades á que se penetra la tierra sean lo 
mas igual posible. 

25. Esa misma clasificación tiene lugar, cuándo 
la labranza de la tierra se efectúa con animales 
(1*. Parte 83 y siguientes.) 

Llámase pues media labor: — cuando solo se 
quiere hacer penetrar el arado, tres ó cuatro pul- 
gadas, lo que se efectúa cerrándolo, hasta conse- 
guir que la reja penetre solo esa distancia. 

Labor entero ó reja completa— cuando se 
hace penetrar la reja hasta la profundidad de 
siete á nueve pulgadas, siendo para ello indispen- 
sable que la tierra sea suelta, ó esté ya algo mo- 
vida; abriendo al efecto el arado lo que sea nece- 
sario. 

Doble labor ó reja doble — cuando se trata 
de hacer que la reja penetre de 12 á 16 ó 18 pul- 
gadas; lo que solo tiene lugar en las tierras de 
mucho fondo, en los arenales, para la siembra de 
algunos granos, como la alfalfa, para los plantíos 
de árboles, y para las siembras que se efectúan 
tarde. 

26. Por la simple inspección de un campo la- 
brado, puede juzgarse desde luego, no solo de la 
suficiencia de la labor, sino también de la inteli- 
gencia y actividad del labrador. 

Cuando después de alguuos dias de labrada una 
tierra, preparada ya para recibir la semilla, se ve 


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SEGUNDA PARTE 15 

que no presenta terrones de alguna considera- 
ción, que está bien desmenuzada y pareja, que 
no tiene pasto ó yerbas estrañas vegetando, 6 
apareciendo en retoños; puede creerse que está 
bien labrada. 

O, cuando se ve un campo sembrado, que pre- 
senta el color uniforme de la tierra y de las plan- 
tas que en él existen vegetando con lazanía, á 
distancias convenientes y sin mezclas de otras 
plantas que no han sido sembradas, puede decirse 
que ese campo está bien labrado y que produci- 
rá bien. 

IV. 


Animales. 

27. Los animales para la labranza de la tierra, 
es un punto de importancia, que merece mas con- 
sideración que la que suele concedérsele; ellos 
deben ser mansos y vaquéanos para poderlos dirijir 
precisamente por donde se desea, y para que sin 
mucho esfuerzo , el labrador pueda llenar ese 
objeto haciendo marchar siempre el arado por el 
lado mismo de cada surco, sin desviarlo. 

linos animales mansos y vaquéanos ayudan á 
efectuar el trabajo facilitándolo estraordinamente; 
en mochos casos hacen, por decirlo así, el trabajo 
por si solos, llegando hasta á prevenir al gañan 


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ÍÜRSO DE AGRICULTURA. 


tft 

en ocasiones, no solo de algnn obstáculo qne se 
encuentra, sino de algunos descuidos que el mis- 
mo gaüan pueda tener. 

28. En el caso de tener que enseñarse anima- 
les nuevos ellos deben adiestrarse previamente 
por el director, ó por algún buen inteligente an- 
tes de entregarse á los labradores. 

» 29. Es indispensable que los animales sean de 
igual poder ó fuerza, pues de lo contrario ven- 
ciendo el uno al otro, haciendo mas esfuerzo este 
que aquel, se desvía el arado, no penetra parejo 
en la tierra y acabando por acobardarse el mas 
fuerte, se inutiliza para la labranza. 

Dos animales de igual poder, hacen por lo re- 
gular una labor perfecta, llevando constantemen- 
te derecho el arado y parejo el surco, ambos ha- 
cen esfuerzos para vencer cualesquier obstáculo, 
pues si por el lado del uno, es mayor el esfuerzo 
que hay que hacer, ayudado por el otro que no 
afloja, lo vence con mas facilidad, y sucediendo 
esto mutuamente, adquieren la práctica del traba- 
jo; de manera que, con animales semejantes, se 
trabaja como se quiere, 

30. ¿Cuál sea el animal mas adecuado para la 
labranza de la tierra? es una cuestión que consi- 
deramos de pura práctica, con relación al País y 
á la costumbre que tenga el labrador de trabajar 
con tales ó cuales animales. 


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SEGUNDA. PA.RTE W 

Sin embargo, damos la preferencia al buey 
i*. Parte núm. 108 y siguientes). 

Hay varias circunstancias que hacen preferible 
¿ este animal entre nosotros, en la mayor parte» 
de los casos, al caballo, ó ¿ cualquier otro animal 
de esta especie. , 

Sobre todo, el buey conviene para nuéstros 
arados, y espresamente para la labor de las tier- 
ras compactas, las nuevas, las incultas 6 las de- 
jadas de mucho tiempo: el paso mensurado con 
que efectúa el trabajo, es una calidad necesaria 
en la6 tierras de que hablamos, haciendo que e! 
trabajo, en lo material, sea mejor, y se efectúe 
con mas descanso del hombre y del animal 
mismo. 

31. Páralos casos en que conviene la velosi- 
dad, como cuando se trabaja en tierra^ muy suel- 
tas, cuando se pasa la rastra con el objeto de des- 
hacer los terrenos para igualarla etc. etc. podría 
darse la preferencia al caballo; pero el buey ali- 
jera también su paso según se le enseñe, y según 
el mayor ó menor peso que arrastre, y guiado por 
un labrador inteligente, comprende los casos en 
que debe andar mas lijero que en otros, siendo 
suceptible de aprenderlo todo. 

Así, al paso que se vé al buey cuando rompien- 
do una tierra fuerte, d en cualquiera de los casos 
en que tiene que hacer mucho esfuerzo, ir hacién- 
dolo con pausa, mesuradamente y con paso igual, 


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18 


CURSO DE AGRICULTURA 


lo que contribuye á que abriéndose así la tierra 
de una manera uniforme, en general, se haga me- 
jor y con menos terrones, se le vé también hacer- 
lo con mas lijereza cuando se encuentra en los 
casos de que hemos hablado antes. 

V. 

Instrumentos. 

32. Para efectuar una buena labranza se en- 
cesita propiedad en los instrumentos, un cuidado 
constante para tenerlos en buen estado, reparar- 
los, etc. 

Los instrumentos fabricados y conservados con 
las condiciones que Ies son propias, hacen el ser- 
vicio de un modo completo, al paso que, los mal 
construidos, ó mal conservados, suelen ocasionar 
graves inconvenientes. 

33. La buena labor de la tierra lleva también 
consigo la necesidad de varios instrumentos y 
útiles; todo labrador debe tenerlos suyos propios, 
y en general, deben saberlos fabricar ellos mis- 
mos, en particular los arados y las rastras. 

Un agricultor que posee sus instrumentos con 
los que trabaja constantemente ó hace trabajar, 
conoce las faltas que tienen; se remedia y avanza 
en su trabajo con ellos. 


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SEGUNDA PARTE 


19 

Si trabaja con instrumentos prestados, suele 
perder nn tiempo precioso, haciendo muchas ve- 
ces un trabajo imperfecto, pues si en ellos se nota 
algún defecto, como que no se conoce -el instru- 
mento, se pierde el tiempo en buscarlo, y, ó no 
se encuentra, ó si se consigue descubrirlo, no 
puede remediarse de pronto. 

Por lo regular siempre se prestan los peores. 

'¿i. Cada agricultor, pudiendo, debe cuando 
menos poseer los instrumantos siguientes, de- 
biendo los escasos de recursos aproximarse lo 
mas posible á esa posesión, y en ello encontrará 
ventaja y economía. 

Arados: deben tenerse tres ó cuatro, cuyas 
cabezas sean mas ó menos gruesas, de manera 
que puedan efectuarse los surcos- mas ó menos 
anchos según se quiera, suceptibles de adherír- 
sele vertederas (Cat. 1.* Parte núm. 99) de uno 
ó de ambos lados, lo mismo que la cuchilla en 
los casos de usarla núm. 96). 

1. ° Dos sencillos, de los cuales el uuo sea de 
cabeza roas delgada que el otro, siendo sucepti- 
ble de pouersele cuchilla. 

2. ° Coa vertedera de un solo lado. 

3. ° Con vertederas de ambos lados. 

De ese modo se encuentra en aptitud de efec- 
tuar sin demora todos los trabajos concernientes 
á la buena labor de la tierra, y al buen cultivo 
de las plantas; pudiendo hacer con sus arados las 


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20 . CURSO DE AGRICULTURA 

carpidas de todas las plantas que cultive, desda 
la que se siembra á menos distancia,, basta la 
que se siembra mas apartada; empleando al 
efecto, según sea necesario, el arado de cabeza 
mas delgada, el de mas gruesa, ó el de una ó dó$ 
vertederas (Cat. 1.* Parte núm. 264). 

35. Basteas. Las rastras son los auxiliares in* 
separables del arado, instrumento sin el cual, 
este no puede llenar su objeto de una manera sa- 
tisfactoria. 

Deben poseerse dos ó tres, debiendo tenerse 
de ramas y con dientes; usando sólo las rastras 
de ramas, en algunos terrenos en los que abun- 
dan las malas raices y que se propagan con tena- 
cidad, no se consigue beneficiarlas bien. 

36. Las rastras de ramas, que todo el mundo 
conoce, debe procurarse que sean ásperas; su 
oficio es el de deshacer los terrones, desmenuzar 
la tierra y emparejarla, para lograrlo, se les pone 
mas órnenos peso; ó se nsan del todo livianas se- 
gún el efecto que se quiera causar. 

Ellas se fabrican de ramas de Membrillo, de 
Tala, de Espinillo, ó de cualquier otra rama fuer- 
te v áspera. 

37. Las rastras con dientes suelen prestar ser- 
vicios muy importantes: ellas pueden usarse con 
dientes de madera ó de hierro mas ó menos largos 
y mas ó menos distantes unos de otros; y ellas 
mismas mas pesadas ó mas livianas. 


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SEGUNDA’ PARTE 


2 * 

38. La figura primera representa nna rastra 
triangular, compuesta de dos largueros— a — b 
dé seis pies de largo ó poco mas, unidos con soli- 
déZenla parte superior — c — con una abrazadera 
de hierro ó de madera fuerte: tiene tres atrave- 
saños — d — é — /"—situados uno de otro á la dis- 
tancia de 7 á 9 pulgadas, pero puede tener mas si 
se quiere; el principal — f—g — tiene cinco pies 
de largo, con ocho dientes, y uno menos cada uno 
de los que le siguen, dispuestos de manera que 
los de un atravesaño, penetren en el espacio vacío 
que dejan los del otrc¡. 

Padiendo estos dientes situarse á la distancia 
que se desee, los atravesaños deben contener 
suficiente número de agujeros, en los cuales se 
ajustan con cuñas, también á mas ó menos altura, 
según se desee. 

Ella es mas sólida, poniéndole dos piezas de 
madera — k — h — h — h . 

En el [medio de su larguero principal, tiene 
una manija en— que se eleva como la mance- 
ra en el arado (Cat. í.* Parte n.° 91) á la altura 
que convenga, para poderla aliviar si algo la en 
torpece, levantándola, ladeándola, etc. 

Esta misma rastra puede ser cuadrada, pero 
siarapre debe procurarse que sea liviana, de- 
biendo ponerselej cuando sea necesario, el pesó 
que convenga. , 

39. Con estas rastras no solo se beneficia la 


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n 


CURSO DE AGRICULTURA. 


tierra, penetrándola, desmenuzándola, y estra- 
yendo ó inutilizando las raíces estradas, sino que 
con ellas puede efectuarse la siembra de muchos 
granos en lineas derechas, echando las semillas 
eu los surcos que hacen sus dientes, y cubriéndo- 
las después con la rastra de ramas. 

40. Otras rastras dehen tenerse para efectuar 
las carpidas con mas brevedad, y economía. La 
que representamos con la figura 2 se compone de 
dos piezas curvas de madera — o — a — que también 
pueden ser derechas, situadas de 12 á 15 pulga- 
das de distancia una de otra; su ancho puede ar- 
reglarse al espacio en que se ha de trabajar, al 
espacio que haya entre las plantas cultivadas 
en lineas rectas que se van á carpir, puede ser- 
lo de 3 á 5 cuartas, distancia á que se cultiva el 
maíz — tabaco — mandioca — algodón— habas — tár- 
tago — etc. etc. Sus dientes deben ser de hierro, 
en mayor ó menor número según se desee, dis- 
puestos alternativamente como en la anterior, de 
manera que los del primer atravesaño operen en 
el espacio que dejan los de los otros: pudiendo em- 
plearse también eu otros diferentes beneficios de 
la tierra* incluso para efectuar siembras en lineas 
derechas. 

También se le pon$ á esta rastra el peso que 
se quiera, y puede manejarse por un solo animal 
montado en él el labrador, ódírijiéndolo de á pié. 

Ea muy adecuada para los arenales y tierras 


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SEGUNDA PARTE 


23 

lijeras, haciéndose con ella un trabajo considera- 
ble en poco tiempo* 

Como en la anterior, lleva una manija — b — en 
el estremo interior del larguero para los mismos 
usos y efectos* 


SECCION SE GUADA. ' 


Como ee fertilizan loa tierras. 


i. 



Prevenciones m Generales . 

41 . La buena labor de la tierra lleva consigo la 
condición esencial de beneficiarlas, abonarlas 
convenientemente, siempre que ellas no sean 
bastantes fértiles, ó no contengan suficientes sus- 
tancias nutritivas, para alimentar y iiacer produ- 
cir á las plantas; haciéndose uso al efecto de toda 
clase de sustancias, minerales , vegetales , animales , 
y de las mezclas de unas y otras, (Gat. 1 Partís 
$m. 140 y siguientes). 

42. La eficacia de los abonos para fertelizar las 
tierras y como influyentes directamente en el 
producto de las plantas, fué reconocida cod tai 
estimación por los Agricultores Romanos, que su 


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u CURSO, DE AGRICULTURA 

invención le valió la inmortalidad á Slerculfyt 
(Op. H. de la A n° 92.) 

43. Es necesario la descomposición en las sus- 
tancias que se destinan para abonar las tierras; 
esa descomposición es mas rápida en las sustan- 
cias animales que en las vegetales, pero se pre- 
cipita en estas y se |logra hasta el punto que se 
desea, haciendo uso de la humedad, y emplean- 
do agentes de descomposición, como orines, 
cal, etc. 

43. La humedad usada con moderación, ó en 
proporciones convenientes, es indispensable para 
que los abonos ejerzan sn influencia, sin ella 
realmente no hay descomposición, y aun que en 
ese estado estén en contacto con ellos las raíces 
de las plantas, no lo aprovechan, pues se hace im- 
posible la absorción de las raíces, así como se ha- 
ce imposible la vegetación de las plantas en las 
tierras secas. 

Por esto es que, les son tan provechosos los 
abonos líquidos ó en disolución; los que absorvi- 
dos en el momento por las raíces tienen un efec- 
to inmediato núm. 72 y siguientes. 

45. Respecto de los medios de poseer abonos 
de que hemos hablado en los números 154 y 155 
de la l. 1 Parte haciendo depósitos de diferentes 
sustancias, es conveniente que ellos se hagan se- 
parados y sucesivamente para tenerlos de dife-; 
rentes grados de fermentación y emplearlos según 


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SEÓDNM PARTE 25 

Sea necesario, sacando así dé cada uno de ellos 
toda la ventaja que pdeden proporcionar. 

46. Esos depósitos deben hacerse dé manera 
que nó pierdan con el derrame las partes nutriti- 
vas que contienen, ó que no se de sustancien, de- 
biendo preferirse terrenos algo bajos para situar- 
los de modo que las” sustancias líquidas, 6 las 
liquidadas por las aguas, puedan permanecer en 
ellos; y no usarlos sino después qüe hayan sufri- 
do una fermentación dé dos ó tres ineses, dejando 
algunos mas tiempo para que hallándose en una 
descomposición mas completa, puedan emplearse 
según la clase de cultivo á que se les quiera des- 
tinar; no debiendo hacerse uso de ellos tampoco, 
si estuviesen demasiado encharcados, pues en tal 
caso debe esperarse á que habiéndose enjugado 
lo suficiente, se presten á desgranarse ó desme- 
nuzarse con facilidad. 

47. La tierra del fondo de esos depósitos es 
sumamente fértil, verdadero humus de la cual 
debe tener un repuesto el hortelano para ha- 
cer sus mezclas y poder proporcionar á cada plan- 
ta la tierra que le es mas propia. 

II 

Abónos Minerales. 

48. Los abonos minerales contribuyen á hacfcr 


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26 


CURSO DE AGRICULTURA 


sueltas, porosas y productivas á |las tierras com- 
pactas, y dan consistencia y fertilidad á los are- 
nales, mezclándoles tierras fuertes de la calidad y 
en la canlidad que se considere necesario. 

49. Empleando la cal, las sales, el yeso etc. di* 
sueltas en agua ó reducidas á polvo, influyen po- 
derosamente en la vegetación. 

El yeso es en particular provechoso á todas las 
plantas en cuya composición entra en gran parte 
la potasa, como la Remolacha, la, Alfalfa, etc. etc. 
al paso qáe apeuas es sensible, á las que son ávi- 
das de abónos animales y á los cereales. 

50. El fuugo y limo, no deben usarse inmedia- 
tamente que se estraen, sino en los arenales, en 
ese estado los fertiliza de tal manera, qne cambia 
enteramente la naturaleza del terreno; depositado 
por> algún tiempo resibiendo así las influencias 
atmosféricas, es un cíclente abono para toda cla- 
se de tierras, y muy durable. 

ni. 

Abonos Vegetales. 


51. Los abonos vegetales, suavizan, dividen y 
mejoran las tierras de un modo admirable, su efec- 
to es mas lento que el de los abonos animales, 
pero es de mas duración; las cenizan lo causan 


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SEGUNDA PARTE 


27 


inmediato, particularmente si se usan disueltas 
en agua, y obran con mas actividad aquellas de 
las cuales no se ha sacado legia. 

52. Estos abonos deben procurarse siempre 
con anticipación, conviniendo en especial el pro- 
cedente de cada planta, á la planta misma que 
se va á cultivar. 

Así, en un terreno en que se vá á cultivar al- 
godón, por ejemplo, independiente de usar otros 
abonos, hay mucha conveniencia en quemar en 
él, los restos de esa planta, 6 esparsir en él sus 
cenizas y las semillas machacadas y reducidas á 
menudos pedazos-, y aun es mas conveniente echar 
un poco de esas sustancias en toda la estension de 
los surcos en que ha de sembrarse, ó en el para- 
je mismo en que se ha de depositar la semilla. 

Y en otras plantas, en las cuales pueden liqui- 
darse, desmenuzarse y reducirse á polvo sus res- 
tos, ó los desús productos, de cualqnier naturale- 
za que sean, como en la yerba, el tabaco, etc. 
etc., deben emplearse con preferencia, echándo- 
los en ese estado, sea liquidados, reducidos á ce- 
niza, 6 en polvo, en el paraje mismo en que se 
van á á sembrar ó plantar, ó después, al rededor 
de sus troncos. 

Lo mismo cultivándose cualquier otra planta. 

53. El enterrar las plantas en verde para cul- 
tivar en ese terreno otras plantas de la misma 
especie, es pues un grau beneficio para esa planta: 


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CURSO DE ARGIGULTURA. 


2 » 

pero lo es así mismo en general, enterrar en ver- 
de cualquier otra clase de plantas que en el ter- 
reno se encuentre; siendo mas conveniente efec- 
tuar esa operación cuando las plantas qne han de 
enterrarse se disponen á florecer, pues entónces 
es cuando contienen mas sustancias. 

Los Agricultores antiguos consideraban este 
medio como uno de los mas adecuados para ferti- 
lizar las tierras, como lo es en efecto, y lo mismo 
que .se hace en Europa y en otras partes del mun- 
do, se hadan siembras para enterrarlas en el mo- 
mento de la florescencia con el solo objeto *de abo- 
narlas. (Op. H de la Ag. Ant. núm. 93.) 

54. Otro de los grandes beneficios que con 
abonos vegetales puede darse con mucha ventaja 
á an terreno que se va & labrar, sobre todo, si las 
plantas que en el vegetan son de las que contie- 
nen mas sales, como Malvas, — Yuyo colorado— 
Quinua — Mastuerzo — Verdolaga — Berbena etc. 
etc., es el quemarlas, esparcir sus cenizas por todo 
el terreno, y sembrarlo inmediatamente después. 

55. Del mismo modo es muy importante la 
quema de los rastrajos en la mayor parte de los 
casos, teniendo además esta operación la ventaja 
de inutilizar las malas yerbas y sus semillas. 

56. Las sustancias vegetales casi consumidas 
obrau con exelencia en toda clase de tierras, con- 
viniendo muy particularmente en ese estado á las 
plantas delicadas. 


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SEGUNDA. PARTE 


29 

57. Las hojas mismas de los árboles, que sin 
preparación alguna, ó que sin mas preparación 
que la de los elementos permanecen en la super- 
ficie de la tierra y se descomponen allí, son un 
abono de primer orden y las fertilizan de un mo- 
do poderoso, consiguiéndose por solo ese medio 
en muchas ocasiones fertilizar las tierras mas an- 
das y los arenales. 


IV. 

Abonos animales. 

58. Estos abonos influyen muy pronto y direc- 
tamente en la vegetación; las raíces de las plantas 
se arraigan á ellos de tal manera, que una simple 
impeccion hace comprender cuanto alimento les 
proporciona. 

59. Los abonos animales como los huesos, cue- 
ros, plumas etc. etc. y la sangre, cuanto mas sub- 
divididos, cuanto mas pulverizados se empleen, 
son mas eficaces. 

60. La sangre, es un exelente abono, de mucha 
duración, conserva su fortaleza y produce efecto 
por mucho tiempo. 

Muy particularmente si ha sido sometida á la 
cocion, (lo que puede efectuarse en un horno) de 
manera que coagulada y seca retarde su descom- 
posición en la tierra. 


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30 CURSO DE AGRICULTURA. 

Recientemente se ha reconocido la gran conve- 
niencia de esta clase, de abono, en especial para 
el cultivo de la Caña de azúcar ; cuya sustancia es 
hoy el objeto de importantes especulaciones en 
Francia. 

61. Respecto de la fortaleza do los demás abo- 
nos de esta clase, pueden considerarse por su 
órden; las excreencias humanas, los orines fer- 
mentados, el estiércol de {palomas, de las aves en 
general y el de ovejas, que mezclado este con la 
tierra y brozas del chiquero, es de superior cali- 
dad: ellos deben usarse en cortas cantidades, 
siendo muy adecuados para las tierras hú- 
medas. 

62. El estiércol de animal caballar, con- 
viene mas á las tierras compactas y poco labra- 
das. 

63. El de animal vacuno, es mas frió y gracien- 
to, convieae á las tierras sueltas y en particular, 
á los arenales, á los que dá consistencia. 

64. El de Puercos es el mas insignificante de 
todos, según Mr. Noissete, (Manual completo del 
Hortelano), «nunca debe emplearse en las tierras 
en que se cultiven plantas bulbosas, á no ser que 
esté del todo consumido, porque es mortal para 
la mayor parte de las cebollas que producen 
flores.» 


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SEGUNDA DARTE y 31 

V. 

/ Abonos compuestos 

65. Entre esta clase de abonos se comprende, 
el estiércol de los animales vacunos y caballares, 
que se encuentran mezclados con las diferentes 
sustancias vegetales que les sirven de alimento, 
sus sobras ó desperdicios etc. etc. el guano, todas 
las sustancias que contienen partes de las tres 
clases mencionadas y todas las "demás de que he- 
mos hablado en la 1. a Parte núm. 152. 

66. De estos abonos los mas empleados en 
Agricultura, son los que se obtienen de las caba- 
llerizas, ó parajes en que han estado atados ó reu- 
nidos los animales, mezclados con sus orines, pa- 
ja, pasto, etc. propiamente llamados Estiércol. 

67. Ellos se dividen en calientes y fríos, se- 
gún se emplean frescos inmediatamente que se 
reúnen, ó consumidos, en parte 6 en todo, des- 
pués de haber estado amontonados mas ó menos 
tiempo; empleándose en el primer caso para ca- 
lentarla tierra de los almácigos, para formar los 
focos ;»e calor y camas abrigadas de que ha- 
blamos en los números 260 y siguientes, que se 
usan para todas las plantas que necesitan calor y 
que se desea hacer vegetar fuera de la estación 


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32 CURSG DE AGRICULTURA 

qne á ellas les es adecuada: á medio consumir, pa- 
ra dar sustancia á las tierras en el cnltivo en ge- 
neral; y consumido del todo para las plantas de- 
licadas ó de un cultivo esmerado. 

68. Empleados estos abonos frescos en el cul- 
tivo en grande, son provechosos siempre qne se 
entierren antes de la siembra, pero empleados en 
ese estado en ciertos cultivos particulares, en 
muchas ocasiones, causan mas bien perjuicio qne 
utilidad: en especial, cuando se echan indistinta- 
mente en toda clase de tierras y para todas las 
'plantas, pueB en unos casos abrazan las raíces de 
unas ó hacen ir en vicio a otras; siendo conve- 
niente, en estos casos, enterrarlos con bastante 
anticipación. < 

6.9. Usados para los árboles y para las plantas 
perennes, debe hacérse una pequeña sanja al re- 
dedor de los troncos, á suficiente distancia para 
no tocar á Jas raíces pequeñas, y depositaren to- 
do el círculo una regular cantidad, cubrirlo bien, 
j hacer después riegos frecuentes. 

70. El polvo, barreduras en general, desper- 
dicios de casa y cocina, depositados, y agregándo- 
les sustancias animales, ó vegetales verdes, for- 
man un rico abono conveniente para todas las 
plantas y para todas las tierras, á las que dividen 
y suavisan perfectamente haciendo del todo férti- 
les á las tierras gredosas mas áridas. 

71. Por esto al rededor de las casas de campo, 


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SEGUNDA PARTE 


33 


en donde por lo regalar se arrojan esas sustan- 
cias* al rededor de las Taperas , ó edificios aban- 
donados, tiene la vegetación mucho mas vigor que 
en otros puntos aun de mejores tierras. 

Asi, el Dr. Perez Castellanos, fertilizó con esas 
sustancias, un terreno gredoso y que era del todo 
incapaz de cultivo. (Observaciones sobre Ag. por 
el Dr. Perez núm. 291.) 

TI. 


Abonos Liquidas . 


72. Los riegos verificados cou la composición 
de varias sustancias y con la de estiércoles disuel- 
tos en agua, en Ja Primavera, al pié de ciertas 
plantas, ó en cualquiera otra estación, en la tier- 
ra, antes ó después de labrarla y antes de empa- 
rejar, las fomenta de tal manera, que en el pri- 
mer caso, de un dia á otro, en horas á veces, en 
particular si es ayudado con tiempo húmedo, se 
hace notable su erecimieuto; contribuyéndose de 
esa manera á un desarrollo rápido, y á que abran 
sus flores ó sazonen sus frutos con mucha antici- 
pación: en el segundo, para las plantas que re- 
corren su periodo en poco tiempo, causa efectos 
admirables. 


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34 


CURSO DE AGRICULTURA 


73, Esta dase de abonos es de poca duración, 
pero tiene un efecto inmediato; por esa circuns- 
tancia debe usarse con preferencia en las plantas 
que tengan algún tiempo de nacidas: esparcido 
en la tierra, si no lleva una buena cautidad de 
sangre, ó de otras sustancias fuertes (n.° 61) cu- 
yos efectos son muy durables, pierde su acción 
pronto, pai Ocularmente si sobrevienen lluvias 
continuadas. . 

74, Pero, empleado como riego, teniendo la 
precaución de que no toque al tronco ni á las ho- 
jas de la planta, tiene efectos maravillosos. 

75. t s uno de los medios de que se valen los 
hortelanos que í^urtcn il mercado, para presentar 
p ematuramente legumbresy frutos de plantas 
que no pueden vegetar sin precauciones en la es- 
tación fría. 

76. Depositado con anticipación el contenido 
de letrinas, toda dase de excreencias, orines, es- 
tiércol, sangre, ceniza, hollín, ek\ en barriles ó 
en vasijas, se pone el deposito en paraje fresco ó 
enterrado, cubierto, para que uo se precípite su 
fermentación. 

Para usarlo, se disuelve una parte de ese con- 
tenido, en cuatro, seis, ó mas veces su volumen 
de agua, según la fortaleza de las sustancias que 
lo componen; se revuelve bien y con ese líquido 
se riega al pió de las plantas en cautidad propor- 
cionada. 


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SEGUNDA. PARTE 35 

77. Las legías de cualquier ceniza de vegeta- 
les causa grande efecto. 

En varios autores prácticos muy recomenda- 
bles, vemos elogiar la excelencia para usarlos de 
ese modo, de la sangre disecada y conservada en 
polvo, acompañada de yeso, cal, ceniza ó Iegias 
etc. etc. 

78. Los riegos con estos líquidos deben efec- 
tuarse cada 12 ó 15 días, prácticando en medio 
de este tiempo, sino lloviese, uno abundante de 
agua pura. 

Un exceso inmoderado puede quemar las raí- 
ces de la planta, en particular si la tierra no con- 
tuviese bastante humedad. 

79. En general puede usarse con buen éxito, 
de toda sustancia salitrosa, como sal, disuelta en 
agua, 6 agua del mar, para los arenales y las 
tierras áridas, sin perjuicio de hacer uso de los 
demás medios de abonarlas. 

Así como de toda sustancia que tenga partes 
nutritivas, disuelta en agua, como las aguas su- 
cias que no estén corrompidas, el agua de jabón, 
borras de vino, restos de la yerba del mate etc. 
etc,, etc., podiendo emplearse con suma ventaja 
para todas las plantas, que como la de Algodón, 
son voraces de los abonos en disolución, los que 
absorven eu el acto con un aprovechamiento vi- 
sible. 


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36i CÜRS0 Dft AeHHH&TURA 


CAPÍTULO 2. a 


De* la semilla. 


SO. Coa la palabra semilla se comprende en 
Agricultura, no solo, el sentido material semilla, 
ó grano, para efectuar la siembra, sino también 
los Tubérculos, sus pedazos y las, partes, dé los 
vegetales que sirven para su propagación, po- 
niéndose debajo de la tierra: así, se dice semilla- 
de papa, de batata, etc. empleando sus.Tubércu- 
los ó pedazos para la siembra — semilla de Man- 
dioca,, de caña de azúcar etc,, cuando, se emplean 
los pedazos de sus ramas para propagarlas. 

$1:,. Además de lo que hemos dicho en el Caí. 
1.* Parte, sobre este importante punto, del¡ 
cqaHi después del beneñcio de 1% tierra, de<- 
penden los buenos productos de las plantas, va- 
mos i ocuparnos de las diferentes circunstancias 
aqe&as á la semilla, para que ] pueda llenar satis- 
factoriamente ese objeto. - 

Con este motivo trataremos por separado: 


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árffíütfttt PARÍS tfí 

1. a ftElASCONtilCítíNES ESENCIALES A LA SE- 
MlLtA. 

2. a DE LAFÉCUNfrACÍON. 

3 a De la Germinación. 

4. a Dé la sazón de 1a Sevilla. 

5. a De la virtud Germinativa. 

6. d ObSÉRVACIONEZ V CONSIDERACIONES GENE- 
RALES SOBRÉ LA SEMILLA. ‘ 

7. a Dé la reColeCcíon De la semilla. 

8. a De SE CONSERVACION. 

9. ° De los procedimientos cón la semilla 

PARA ECHARLA EN LA TIERRA. 

10. De LA CANTIDAD' DE SEMILLA QUE DEBA 
EMPLEARSE. 

11. Déla profundidad á que deee enter- 
rarse. 

12. Dé LA RENOVACION DE LA SEMILLA. 

Y concloirémos diciendo algunas palabras, só- 
brelas SEMILLAS DE LAS PLANTAS DE ADORNO. 



Condicione t esenciales á las semillas. 

82. La semilla para la propagación, debe ha- 
ber sido fecundada, siendo esa la condición para 
germinar, y hallarse en : estado perfecto de ma- 
dOrez, 


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38 


CURSO £)£ AGRICULTURA 


Su carácter esencial, es contener un cuerpo or- 
ganizado, que, puesto en circunstancias especia- 
les, se desarrolla y constituye una planta del to- 
do semejante á la que le dio el ser. 

Este cuerpo es éljermená embrión, el cual debe 
ser perfecto. 

La esencia de la semilla, consiste pues en el 
embrión. . ' 

83. Reuniendo estas condiciones, toda semilla 
nace, en mas ó menos tiempo sembrada en el 
Otoño ó en la Primavera. 

Nace así mismo toda semilla, sembrada en el 
momento que ha sozonado. 

Algunas, como las del Caté, Yerba-Mate y 
otras, deben sembrarse sin pérdida de momento 
desde que han sazonado, algo verdes, pues si se 
dejan secar no nacen. 

84. Ninguna semilla nace, si su embrión se ha 
destruido, ó si se pone en la tierra á una profun- 
didad á que el aire no penetre (n.® 95) regular- 
mente á mas de nueve pulgadas. 

II 


De la Fecundación . 

85. La tecuudacion tiene lugar en los vegeta- 
les, en el momento del desarrollo completo de la 


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SEGUNDA PARTE . 39 

j P/or, cuando aparciendo el pólcn, 6 polvo fecun- 
dante que contiene la flor masculina, se derrama 
ó caparse, sobre la flor femenina á la que fecunda 
y vivifica. La flor que no ha sido fecundada solo 
produce frutos estériles. 

86. La fecundación puede ser natural ó artificial. 

La natural se verifica espontáneamente como 

acontece en lo general de las plantas. 

La artificial se efectúa á voluntad del hombre 4 
tomando la flor masculina y esparciendo el po- 
len que contiene sobre la flor femenina, ó de 
cualquiera otra manera, poniendo en contacto a 
las flores, lo que en muchos casos es un verdadero 
recurso para el cultivador. (Cultivo de las Abejas 
etc. etc, 3. 8 Parle núm. 54 y sus citas.) 

87. La fecundación artificial puede efectuarse 
h grandes distancias, en las plantas que tienen los i 
sexos en piés separados, como acontece en las 
palmas y otras: ó en una misma planta cuando 
reúne ambos sexos, pudiendo fecundarse una ó 
mas flores á voluntad, dejando á las demas esté- 
riles; lo que puede tener lugar en el Melón, San- 
día, Sapallo, etc. etc. 

88. Poco tiempo después de haberse efectuado 
la fecundación, ofrece la flor fecundada cambios 
muy notables, apareciendo sin demora el peque- 
fio fruto ó el rudimento de la semilla; el cual si 
crece, se dice que ha cuy ado , en caso contrario, 
cae. (Injerto y Poda 4. 1 Part'f núm, 20 y sig. 


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CURSO) AíffiíQMíURA. 


Jim Heñíamos aquí á «atas indicaciones, remi- 
tiendo á nuestros, lectores! para mayores, datos, á 
les, artículos) Ekcundagios, Eno» y demas. pala-' 
bcas que hemos, pacato ea letra bastardilla, 
y que encontrarán en el Mamjal del Cul- 
tivador: 5. 1 Parte; de este Curso de Agricul- 
tora. 


m. 


Germinación. 

Qfr. Llámase Germinación, eL movimiento que 
esperimenta la semiHa, cuando hallándose on cir- 
ctwsía acias favorables, rompe sus emboltorios, y 
desarrolla el embrión que tiene en su interior. 

90. Para que una semilla germine, necesita la 
influencia de la humedad', del calor y del aire; 
siendo indispensable á algunas para poder verifi- 
car eso acto; el sen puestas en la tierra inmedia- 
tamente que han sazonado. Núm. 83. 

91. La humedad les es indispensable, pues pe- 
netrando ella las sustancias de la semilla, abtan- 
(la sus emboltorios, hace que el embrión se 
hinche, determinando su desarrollo: sin ella se 
conserva, este del todo aletargado; pero no debe 
se# escesiva; pues en tal caso destruye el em- 
brión. (Número 212. 


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SEGUNDA PARTE \í 

92. La influencia del calor es {bien conocida <eíl 
H vegetación. 

Una semilla puesta en paraje frió, no espeté 
menta movimiento alguno, al paso que un cal&£ 
moderado favorece y precipita singularmente stt 
función germinativa. 

98. Así, las semillas que se echan en la tiérJhft 
muy temprano, sin proporcionarles en ella cierta 
grado de calor, no nacen, hasta que calentándose 
la misma tierra por la influencia del Sol, las vi- 
vifica. x 

Este fenómeno lo espliean con toda propiedad 
nuestros hortelanos diciendo que tío nacetí, í>OR 

QUE LA TIERRA TTETÍE FRÍO. 

94. Pero conviene que sea un calor moderado, 
porque si fuese escesivo, en muchos casos, en lo- 
gar dé favorecer el desarrollo del germen, lo di- 
seca y destruye. 

95. El airé, es tan necesario ó las semillas pa- 
ra determinar y desarrollar el germen como á Bofe 
animales para respirar y vivir, (núm. 195 y Si- 
guientes.) 

Una semilla enteramente privada de él, no ad- 
quiere el menor desarrollo: asi es qne enterradas 
profundamente hasta hallarse privadas del coft* 
tacto atmósferico, permanecen estacionadas por 
muchos años sin dar . señales de vida, {mímete 
129.) 

9& Unas Semillas necesitan mas tietopo qufc 


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42 


Guaso DE AGRICULTURA. 


otras para determinar su germinación: en algu- 
nos vegetales, la parte, ó membrana que rodéa á 
las semillas y cubre el embrión, es de tal consis- 
tencia, que necesita un espacio considerable de 
tiempo para ablandarse y poder darle salida, co* 
noo en la Rosa — .el Espinilla — el Membrillo , etc.; 
al paso que siendo en otras sumamente tenue, la 
penetra muy pronto facilitándola del todo: esas 
semillas por lo regular, necesitan dos años para 
germinar. 

Otrcis necesitan una preparación especial, sién- 
doles preciso cierto grado de calor, sin el cual no 
germinan, como acontece con las semillas del 
Ombú y varias otras, que nacen fácilmente des- 
pués que han pasado -por el buche de las aves, 
en cuyo caso se hayan porción de semillas indí- 
genas de esta parte de América; siendo indispen- 
sable para determinar en ellas la germinación, 
someterlas á una Estratificación forzada (ímrn. 
317) formándoles un foco de calor (núm. 266 y 
siguientes.) 

Y por otras diferentes circunstancia?, ya por 
sequedad de la tierra, ya de la misma semilla, ú 
otras, suelen permanecer á veces sin uacer algu- 
naSj tres ó mas años. (mira. ¿51-) 

97. Cuanto mas acabada y perfecta es una se- 
milla mas vigorosa es su germinación, y mas ap- 
tas son para llenar de una manera completa la 
misión de producción i que están destinadas. 


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43 


SEGUNDA PARTE 


IV. 

Sazón de la Semilla. 

98. Hablando Duhamel de Moneeau en su Ira 
tado de Siembras y Plantíos de la perfecta sazón 
de la semilla, dice: 

« Que los frutos han llegado á su estado de 
perfección | 

« í.° Cuando hau adquirido toda sumagnitud 
y forma regular; y cuando, tratáudose de frutos 
carnosos, su carne manifiesta aquel grado de 
blandura y jugosidad qae corresponde á cada es- 
pecie, sin llegar á estar podridas. 

« 2.° Que hay frutos que se secan ó pudren sin 
desprenderse del árbol, y en estos frutos madu- 
ros, y mucho mas en los secos, como en los hi- 
gos y pasas de sol, están bien formadas y nacen 
bien las semillas. 

« 3.° En las nueces, castañas, bellotas, avella- 
nas, etc. etc., se hallan maduras las semillas, 
cuando estos frutos sueltau por sí mismos la cás- 
cara. 

« 4.® Varios frutos capsulares se abren, soltan- 
do entónces las semillas ya sazonadas. 


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CURSO DE AGRíCUWURl 


u 

« 5.° Otros frutos capsulares se secan y retie- 
nen las semillas; las que están maduras, cuando 
al abrirlas se encuentra sécala pulpa sin adheren- 
cia de-aquellas. 

« 6.° En los frutos de vaina y Iegumbres,cuan- 
do mantienen cerradas las ventallas, sojuzga de 
la madurez de la semilla por su buena conforma- 
ción y las de las semillas bien formadas, llenas y 
sin arrugas. 

« 7.° Es una regla casi general, que toda semi- 
lla que no teniendo pelusa ni alas, sobrenada en 
el agua, es mala. Por eso, para sembrarlas, con- 
viene echarlas antes en agua para escojer las mas 
pesados que se van al fondo; bien que, si son 
raras, deben sin duda conservarse porque pueden 
estar cocosas y sobre nadar sin que llegue lo car- 
comido algérmen. 

« 8,° Están maduras las semillas contenidas 
d££tro de las piüas, cuando estas empiezan a 
abrir sus escamas con el calor del sol, despren- 
diéndolas eu toncos, y como estas se vuelven á 
cerrar con la humedad del ambiente, los que en- 
tonces la buscan no las encuentra. » 

99* Las semillas que han empezado á germi- 
nar son buenas, si han de ponerse inmediata- 
mente en la tierra; en el caso contrario son del 
todo inútiles. 

1 00. En el caso de verse obbgado el agricultor 
á recojer semillas que aun no están sazonadas 


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seowím fmm « 

be conservarlas en el fíate, eá dünde pueden 
completar su madurez' no debiendo sacarse de 
él» sino esa tel momento de Ja siembra. 


y. 


Vifttod gffrtttihát&ti. 

101. Las semillas conservan la virtud de ger- 
minar, según las especies, y según el cuidado que 
se haya tenido en su conservación, en lo que la 
esperiencia es k que ha de guiar al cultivador; 
sin duda la conservan mas tiempo, las perfecta- 
mente nutridas y que habiéndose recojido en 
completa sazón, se mantienen en sus emboltorioe 
naturales. 

102. Mas, la 'posibilidad de germinar, no es 
solo lo que debe guiar al cultivador, para hacer 
uso de tal ó cual semilla, necesario es que procu- 
re en ella las circunstancias que la hacen mas któ- 
uea para una perfecta y abandante producr 
cion. 

103. Las semillas que no han completado sm 
madurez suelen germinar, pero siempre con una 
tendencia constante á ia debilidad, ájlas enfer- 
medades y á perecer por cualquier acontecí*' 
miento. 


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46 


CURSO DE AGRICULTURA. 


104. Contrayéndose á este asunto el Sr.' Tollard , 
cultivador aleman, práctico é inteligente, dice: 

« La semilla que no ha alcanzado su forma com- 
pleta. puede á la verdad tener la facultad de ger- 
minar, pero siempre con disposición á enfermarse 
y debilitarse. Muy bien puede vencerse esta dis- 
posición por circunstancias favorables, por un 
terreno y un temperamento particularmente ade- 
cuado á la naturaleza déla planta, de tal modo, 
que de una semilla imperfecta y desmedrada, 
nascan plantas sanas y vigorosas, pero siempre 
hay gran riesgo del mal suceso; y el ahorro que 
el cultivador pueda teuer empleando tal semilla, 
de ningún modo es proporcionado á ese riesgo.» 

« Las semillas que se pican ó árden {continúa 
el mismo autor) tampoco han perdido la facultad 
de germinar, y con frecuencia tienen hermosa 
aparencia las plantas que producen; pero en su 
desarrollo, y sobre lodo, al tiempo de la flores- 
cencia, esas plantas se ponen débiles, se enfer- 
man, de manera que las flores caen sin haberse 
efectuado la fecundación, ó al menos, se forman 
muy pocos granos. » 

« Si la alteración del grano no fuese tan evi- 
dente, aunque esté efecto no sea tan señalado, no 
ae dejará sin embargo de apercibirse de él: en 
muchos casos en qué se atribuye la mediocridad 
del suceso á otras causas, la que dejamos dicha 
es la única verdadera.» 


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SEGUNDA. PARTE 47 

(Véanse los números 141 y signientes. ) 

105. Eso es lo que generalmente sucede coa 
el Trigo y todas las gramíneas qué nacen de ma- 
la semilla: al tiempo de la florescencia ó antes, 
empiezan á amarillear 6U8 hojas, en seguida las 
cañas ó tallos, y secada toda la planta se observa 
que la espiga no tiene grano, ó que si alguno 
contiene es insignificante: y no hay duda, que las 
plantes producto de tales semillas, están dil todo 
dispuestas á adquirir cualquier contajio, haciendo 
completos estragos en eilas las enfermedades que 
las atacan. 

106. Las plantas producidas por una semilla 
selecta, resisten, pero las producidas por semillas 
incompletas,» perecen con facilidad por cualquier 
incidente. 

VI. 

Observaciones generales. 

107. La circunstancia de ser vieja una semilla, 
no debe inducir á desecharla como inútil, sobre 
todo, si hay escasez de esa clase de semilla, ó si 
ella es interesante, sin haberla espuesto á dife- 
rentes tratamientos. (Núm. 143 y siguientes.) 

108. Creemos que las semillas viejas producen 
generalmente las ñores mas hermosas y los frutos 
mas delicados; pero que las plantas que de ellas 


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48 


CURSO DE AGRICULTURA 


nacen se crian con menos vigor, contrayéndose 
masé la fructificación que á su crecimiento; al 
paso que, las semillas nuevas, en muchas espe- 
cies, suministran una vegetación mas vigorosa en 
gajos, ramas y hojas, 'con disminución del fruto: 
como acontece particularmente en los cucurvxta- 
ceas, de ellas, en el Melón— Sandia,-— Zapallo, --- 
Mate, (calabaza) etc. etc. 

Creemos también que las semillas viejas son 
mas propensas á proporcionar variedades; en ese 
estado parece que olvidándose de lo que fueron, 
se encaprichan, en producir colores variados y fru» 
tos de diferentes formas: y aunque por regla ge- 
neral, la semilla nueva, la mas fresca, es siempre 
la mejor, muchos vegetales hay que dan mejores 
productos, y aun, que solo producen bien, em- 
pleando sus semillas de dos, tres, ó mas años: 
tal acontece en las que acabamos de nombrar, to- 
das las de su especie y otras cuya circunstancia 
se espresa al tratar de su cultivo. 

109. Las variedades solo se obtienen de semi- 
lla, mejorando el cultivo las especies. 

110. La mayor parte de los bul vos, y muchos 
tubérculos, solo dan semilla al segundo año do 
permanecer en la tierra. 

111. « Las semillas, (diee el inteligente señor 
Tollard que ya hemos eitado) spn solas las que 
aseguran la permanencia de las razas de los ve- 
getales. Las de los árboles cultivados, como el 


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SEGUNDA PARTE 


40 


Duraznero, — el Manzano, — el Peral, — Cerezo, — 
Ciruelo,* — Damasco, etc. etc. rara vez reproducen 
sus mismas variedades; sin embargo, es útil sem- 
brar mucho, por que solo por ese medio es que 
se han obtenido las variedades que se poseen y 
de! único que se pueden obtener otras nuevas.» 

1 12- « Las semillas de las plantas cultivadas 
en los jardines y huertas, importadas de un clima 
diferente, mas ó menos naturalizadas, eu gene- 
ral, son escasas y menos fecundas que las indi- 
jenas, porque esperimentan dificultades para ma- 
durar y con frecuencia lo haccu también de un 
modo imperfecto.» 

113. Las plantas destinadas á la propagación 
deben elegirse en las mejores exposiciones y cul- 
tivarse también con mas esmero qué las demás: y 
en la mayor parte de los casos deben hacerse 
ciertas siembras en pequeños lugares separados 
para cultivar esas plantas con preferencia y obte- 
ner de ese modo una semilla selecta, que ha de 
retribuir después los desvelos que se le hayan 
dedicado; siendo ese también el medio mas segu- 
ro de impedir la degeneración, pues nada mas co- 
mún que ver degenerar los frutos, ó las flores, en 
plantas que vegetan al lado de otras de la misma 
especie, aunque de variedad diferente. 

114. Sea cualquiera la razou que sedé para 
emplear semilla que no sea selecta, fuera de la 
de necesidad, nada mas errado y perjudicial pa- 


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50 CURSO DE APICULTURA 

ra el agricultor; en cuyo mal nunca creeremos 
haber inculcado bastante con el objeto de propen- 
derá remediarlo/ 

115, Debe tenerse presente, que si suelen ha- 
cerse esperimentos, ó pequeños sembrados con se- 
millas de mola calidad, es muy inoportuno é im- 
prudente, emplearlas en las grandes sementeras, 
só pena de tener una pérdida cierta; sobre todo, 
el agricultor escaso que necesita sembrar para 
recojer, y no para abservar ó esperi mentar, 

116, En este concepto, que no puede desaten- 
derse. es iuconsevible la práctica de muchos de 
nuestros agricultores, en escojcr para semilla, 
por ejemplo, el trigo chuzo, el grano mas chico y 
débil, hasta el estremo de cambiar al efecto un 
trigo de ecselente calidad, por igual cantidad de 
otro muy interior; tanto mas, cuanto que para 
ello suelen dar la razón de que io hacen por que 
creen que esa es la mejor semilla, pues que de 
ella entraba mayor cantidad en la tierra; con otras 
razones tan sin fundamento, tan opuestas á los 
buenos resultados y á la práctica ilustrada, que 
hay que lamentar ese error, fatal, que como tan- 
tas otras preocupaciones en agricultura, se ha 
trasmitido de padres a hijos; error tanto mas la- 
mentable, por ser tan perjudicial a la riqueza 
pública y á la particular. 

Muy interesados en el adelanto general de es- 
ta importante industria, sosteriemos la opinión 


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SEGUNDA PARTE 

41 


5t 


fundada en la práctica de respetables autores 
antiguos y modernos, y apoyados en diferentes 
esperimenlos que á este respeto hemos hecho en 
muchísimos vegetales; y con nuestra práctica, 
aconsejamos á los cultivadores, estén en todo á lo 
que decimos sobre la semilla en todo este capítulo 
y á lo que á su respeto agregamos en el Manual del 
cultivador 5. a Pabte, ai tratar dei cultivo en parti- 
cular de cada planta, 

117 Además, como hay tanta conveniencia en 
desvanecerían grave y perjudicial error, reco- 
mendamos á cada agricultor, haga un pequeño 
esperimento, en el caso de duda, para saber lo 
que puede esperar en los años sucesivos, de las 
plantas que piensa cultivar. 

Eso es muy fácil. 

En el trigo por ejemplo, en tierras de igual 
calidad, en tamaños iguales é igualmente benefi- 
ciadas, á una distancia cualquiera, pero siendo 
necesario que haya un espacio regular entre uno 
y otro esperimento; ponganse 1 5 ó 20 granes, mas 
6 menos del trigo que no ha adquirido su perfecta 
madurez, del chuzo y ó del que se ha quedado ruin 
y mal conformado; de ese grano imperfecto que 
muchos suelen escojcr para semilla: ponga igual- 
mente en el mismo dia igual número de granos, 
en tierre de la misma clase, de un trigo que reú- 
na las condiciones de la buena semilla (N.° 98 y 


eig. y Cat. 1. a Parí ' 



1 68 y 1 75) es decir, un 


© Biblioteca^aefpñal de España 


51 CURSO DE AGiUmTURA. 

grano lleno, lustroso, pesado, perfectamente bien 
sazonado, y dedíquele la misma atención, el mis- 
mo cultivo á ambos esperimentos. 

118. También, de aquella misma semilla, en 
terrenos del todo iguales, eche doble número ó 
un poco mas, como quiera, que de la semilla se- 
lecta, y esperamos, sabemos, que en uno y otro 
esperimento el resultado uo ha de ser dudoso; 
que él ha de poner cu el caso ai Agricultor de 
procurara á todo costo para las siembras siguien- 
tes, en vez de semilla ruiu, la mas hermosa y 
aventajada que pueda encontrar. 

Esto mismo sucederá con cualquier otra clase 
de semilla. 

1 19. En estos casos, como en los de cualquier 
cosecha de granos, no debe apreciarse el produc- 
to por el número de granos que se recoja, sino 
por el peso, por el producto ueto que el resultado 
proporcione. 

120. No debe confundirse la semilla que es 
pequeña ea su clase, el trigo de clase chica por 
ejemplo, coa el que se ha quedado mas pequeño 
que lo que es en su estado perfecto, por enfer- 
medad ó por falta de sazón, pues son dos cosas del 
todo diferentes: el. grano de casta chica, reunien- 
do las condiciones del buen grano, en su dase, es 
una semilla tan buena como puede serlo la 
mqjñr. 

121. Tampoco debe coafuudirse, uu grano 


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SEWJSJQA PAREE 63 

que fea quedado mas chico por falta de cultivo, 
ppr la seca, ó por esterilidad de la tierra, pero 
que ha alcanzado .su madurez completa. 

£stos granos, en algunas plantas, suelen ser 
mu? buenos para semilla, particularmente em- 
pleándolos en tierras de mejor calidad que aque- 
llas en que se criaron. Entre otros eu la alberja 
es la mejor semilla que pueda emplearse. 

VIU 


Reeoleteion de la Semilla, 


122. Habiendo dado en la 1. a Paete núm. 174 
y siguientes las principales prescripciones para la 
recolección de las semillas en general, nos limita- 
remos aquí á las siguientes indicaciones; 

128. Parala recolección de las semillas en ge- 
neral, y particularmente en los Cereales, debe 
preferirse la parte en que el sol haya contribuido 
mas á la perfecta madurez del grano, y verificar- 
lo á horas en que haya desaparecido cualquier 
humedad que hayan podido adquir en la noche. 

124. Es del todo conveniente preferir el tomar 
la semilla en un terreno propio, ó naturalmente 
adecuado á las especies de plantas cuya semilla se 
quiefe recojer, y hacerlo con esmero. 


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54 CURSO BE AGRICULTURA 

125. Asi por ejemplo, para el Trigo — el Mate- 
la Mandioca (n.° 80) — el Algodón— el Tabaco, etc. 
etc., debe preferirse el tomar semilla para la 
siembra, en los terrenos en que la planta se pro- 
dncc perfectamente bien, ó casi espontáneamente. 

126. En algunas plantas, las flores que produ- 
cen los troncos del medio se desarrollan con mas 
prontitud, sazonando primero en esa parte sus 
frutos y proporcionando en ellas las mas precio 
sas y selectas semillas. 

127. En otras por el contrario, en los gajos de 
los lados hacia afuera, es en donde aparecen pri- 
mero las flores, obteniéndose en ellas las semillas 
mejores. 

128. La disecación rápida, y de consiguiente 
prematura, suele causar el deterioro, ó inutili- 
zación completa do la semilla, así es que si se re- 
cojicsoü algo húmedas, ó cuyos emboltorios no 
estuviesen bien secos, debe procurarse orearlas 
gradualmente, hasta conseguir su completa dise 
cacíon, debiendo hacerlo á la sombra, ó sin es- 
ponerlas demasiado tiempo al sol. 


IV. 


Conservación de las semillas . 

129, Las semillas se conservan en el inte- 


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SEGUNDA PARTE 55 

rior de la tierra á una profundidad á que el 
aire no penetra, por tiempo indefinido, 

Yénse ejemplos de semillas que han permaneci- 
do enterradas desde muchos años, y que descu- 
biertas de una manera casual, germinan y produ 
cen bien. 

130. Casi no habrá agricultor algo observador, 
que tenga nn poco de práctica, que no haya teni- 
do ocasión de hacer algunas observaciones á ese 
respecto. 

Como no uacen las semillas enterradas á cierta 
profundidad, en las cabas ó labores profundas que 
estraordinariamente suelen darse en los terrenos, 
con frecuencia se ven aparecer plautas que hacía 
mucho tiempo habían desaparecido, ó malas yer- 
bas que se consideraban ya estirpadas; ó apare- 
cer de pronto en un terreno que hacia años que 
no se labraba y al cual para cultivarlo, se profun- 
dizó mas la labor que lo de costumbre. 

131. A gste respecto nos presenta también la 
historia repetidos ejemplos de semilla, que ha- 
biéndose conservado enterradas desde tiempo 
inmemorial, por siglos enteros, y que descubiertas 
de una manera casual, lian estado perfectamente 
aptas para la germinación y producción. 

Es pues este un precioso medio de conserva- 
ción para la semilla: pero queremos tratar de 
otros mas espeditivos, mas espontáneos, con rela- 
ción al tiempo que una semilla pueda conservar 


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56 


CURSO DE AGRICULTURA 

naturalmente, con ciertos cuidados, la facultad 
de reproducción, y de las precauciones que deben 
tomarse para conseguirlo. 

132. Conservarlas de un arlo para otro és fácil, 
y uno de los mejores medios de conseguirlo es 
mantenerlas eu sus cmboltorios naturales colga- 
das ó de otra manera; debiendo, á aquellas que es 
necesario conservar á granel, procurar preservar- 
las de cualquier humedad, ya sea de la que á 
muchas Ies es inherente á su naturaleza, ya de la 
que puedan absol ver; para este efecto no sólo 
deben esteudersc algo claras, ó ponerse en mon- 
tones poco abultados, sino moverlas, trasponerlas 
con frecuencia de un punto á otro. 

133. Pero, por mas certidumbre q* se tenga de 
obtener todos los años semillas de buena calidad, 
conviene guardarlas en general, para dos ó rúas 
años, para evitar cualquier acontecí mi entode falta 
de ellas. 

134. La semilla es el primer artíctúo deque 
nunca debe verse falto el cullidor, al contrario, 
debe procurar encontrarse en el caso de tener que 
desecharlas por viejas antes de verse obligado á 
buscarlas por otra parte. 

Muchas veces si se descuida A este respecto 
tendrá que limitarse á sembrar ciertas especies, 
sin poder verificar otras siembras por no tener se 
milla, pues llegado el momento puede no encon- 


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mvmk parte 


57 


tortas, conseguirlas solo de mate calidad 6 á un 
prcera exoryitante. 

1 35. Por dos años se censervan bien, según 
sus clases, en pequeñas cantidades, en embobo- 
nos de papel, cajas, vasijas de diferentes clases, 
mates etc., en mayores porciones y ciertas clases 
de semillas, en graneros secos y ventilados, de- 
biendo revisarlas con frecuencia, proporcionarles 
aire cuando el ambiente es seco y preservarlas de 
ét enuncio es húmedo; otras en sus propios frutos; 
y otras, en arena ó tierra bien seca; siendo con- 
dición esencial el resguardarlas siempre de la in- 
temperie; el sol, la humedad y las heladas les 
hacen mucho mal, 

136. Conservándose diferentes especies en ca- 
jones ó vasijas, es bueno poner dentro, azufre, al- 
canfor ó cualquier otra sustancia de olor fuerte, 
para alejar á los insectos y animales dañinos. 

137. Para conservarlas por algún tiempo mas, 
prestan los mates y porongos un servicio impor- 
tante, por su constitución y por la facilidad que 
hay de colgarlos en cualquier parte, siendo muy 
buenos también los tarros de lata, vasijas de bar- 
ro, etc., etc. que puedau taparse con seguridad. 

13&. Las semillas que deban conservarse en 
grandes cantidades como el trigo> el maíz y otras , 
es preciso tenerlas en barriles, sacos, etc., (el 
maíz sin desgranar, prefiriendo ea todo lo posi- 
ble conservarlo en su misma chala, colgadas tes* 


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58 


CURSO DE AGRICULTURA 

espigas; (I) procurando que los bultos que las 
contienen estén aislados unos de otros y algo ele- 
vados, del suelo. 

139. Las semillas que se pongan en sacos, no 
deben estar en contacto con elcnerq, ó tela, sino 
interpuestas con alguna paja. 

140. Las semillas de los árboles en general, 
carozos, etc., etc. se conservan bien enarenad 
tierra muy seca, en capas alternas de semilla y 
arenad tierra, asi como toáoslos tubérculos y ca- 
si todas las frutas. 


IX. 


Procedimientos con las semillas para echarlas 
en la tierra. 

141. Las semillas bien sazonadas, no necesitan 
mas preparación para sembrarse, que ponerlas á 
veces, algún tiempo antes en el agua para que 
se hnmcdescan: ellas en si tienen los elementos 
suficientes para nacer, crecer pronto y producir 
bien. 

1 42. « La naturaleza (dice el Sr. Ivart, respe- 
table agrónomo inglés) uo ha provisto sin objeto 

fl) Vease lo que á este respecto se dice en el Mandai. 
mi Gultivadob— C ultivo del Maíz. 


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SEGUNDA PARTE 59 

' * ' i . • 

días semillas en abundancia, de la sustancia ha- 
rinosa ó lechosa, que es el primer elemento del 
germen que se desarrolla (como la leche para los 
mamíferos y la yema del huevo para las aves) 
mientras la tierra no puede suministrárselo: ninr 
guna preparación artificial puede aumentar nada, 
á la calidad, ni á la abundancia de esta nutrición, 
apropiada por la naturaleza misma adía infancia 
de la planta.» * , %¿ 

143. Pero, páralos casos de tener que emplear 
semillas que no se couocen, viejas, picadas ó que 
se sospeche estar enfermas, es indispensable so- 
meterlas á un tratamiento, de manera que no solo 
pueda escojerse la buena, sino que esta vaya á la 
tierra enteramente depurada de cualquier con- 
tagio. 

144. Para las semillas cuya buena calidad no 
se conoce usan nuestros hortelanos el medio si- 
guiente: 

Se pone en un lienzo (un trapo), una pequeña 
cantidad de semilla, se atan flojas, y se las en- 
tierra así eu la buena exposición proporcionándo- 
les suficiente humedad; si son buenas, pronto em- 
piezan á germinar; según la clase, se descubren 
en mas ó menos dias, y entonces por las semillas 
que han empezado á brotar puede juzgarse, no solo 
de la calidad, sino de la cantidad que pueda nacer. 

Sino germinan en cierto tiempo deben dese 
charse como malas. 


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60 


CURSO 1 DÉ A6MCBITURA 

145. Para las menudas y para las (fue se reci- 
ben de oíros países, 6 de otro» puntes, es un re- 
curso casi indispensable. 

146. Para las semillas viejas, picadas ó enfét*- 
mas, se usan varios procedimientos de que 
tratarémos aqní en general, sin perjuicio dé 
hacerlo en particular en el articulo de cul- 
tivo de cada planta, siempre que sea necesa- 
rio. 

147. Varias son los recetas que en diferentes 
autores encontramos; las que consideramos roas 
sencillas y fáciles y que llenan satisfactoriamente 
el objeto, son las siguientes, que fueron acorda-' 
das por ona cojnisiou especial compuesta de cua- 
tro de los agrónomos mas prácticos é inteligentes 
y mandadas publicar por el Gobierno en Francia; 
(Cours complet d’ Agriculture T. 5. 4.* Edi- 
ción.) 

En todos casos es necesario lavarla semilla pre- 
parándola del modo siguiente: 

148. « Se echa la semilla en ana pileta, tiña, 6 
cualquier otra vasija que contenga aguadera, se 
revuelve bieu, se- echa mas agua de modo que 8é 
desborde, y revolviéndola siempre, en los derra- 
mes, sale la inmundicia y semillas de mala cali- 
dad. Se continúa esa operación hasta que la cla- 
ridad del agua demuestre que la semilla está per- 
fectamente limpia. Se revuelve aun, se ta quita 
todo lo que sobrenada, se saca y se ía oréR un 


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SKJUNBA PARTE 


6t 


poco para pasarla después por cualquiera de 
las composiciones que siguen. 

1 .• Se hace una agua de cal, desReudo seis li- 
bras en una pequeda cantidad de agua pura } cü 
seguida se aumenta esta hasta 30 libras; si la caí 
efr de poca fuerza [debe emplearse mas de la# 
seis libras. 

« Esta composición está calculada para dos fa- 
negas de grano. 

« La semilla se echa en esta água de calen por* 
clones, de manera que quede cubierta cuando 
mecos por dos dedos de agna; se. remueve bas- 
tante para que suban á la superficie las malas se- 
millas y se dejan en infusión por un cuarto de 
hora, 6 por el tiempo que se considere necesario 
para que el líquido pueda ejercer su acción en 
todas las semillas; en seguida se saca y se oréa: 
sucesivamente se hace lo mismo con todo el resto 
de la semilla, se escurre en una canasta ó vasija 
agujeerada y se estiende para que se seque; es- 
tando bien oreada puede semblarse, teniendo en- 
tretanto cuidado de removerla para que no se 
arda. 

2. ® a A falta de cal, puede suplirse con legía 
de ceniza de maderas verdes ó de vegetales her- 
báceos, ó de las cenizas de que se ha sacado le- 
gía para hacer jabón. 

3. ° « A falta de uno y otro, teniendo agua del* 
mar úsese con preferencia el agua salada, fortifi- 


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62 


CURSO DE AGRICULTURA 


candóla aun algo con sal; ó sálese bien ana can- 
tidad de agua.» 

149. De estos procedimientos debe elejirse el 

que sea mas fácil al Cultivador, ellos convienen 
a todos ios granos, y son muy adecuados para el 
trigo en el caso de desconfiarse de la bondad de 
la semilla. , 

150. Sus resultados iumediatos son: 

1. ° Purificarla semilla. 

2. ° Desarrollo mas rápido de la germinación. 

3. ° Impedir que los insectos ó los pájaros se 
cornau la zemilla, pues con esa preparación todos 
los animales la desechan. 

4. ° Economía de semilla, (mím. 158 iuciso 4.*) 

151. Muchas semillas por su naturaleza son 
difíciles de germinar, núm. 96, con ellas es nece- 
sario tomar precauciones para que nazcan, al 
efecto el primer requisito es ponerlas eu la tierra 
inmediatamente que han sazonado, (mím. 90) y 
no habiendo tenido esa precaución debe ponér- 
selas en el agua por 2, 4, 6 ó mas horas, y so- 
meterlas después al tratamiento de que hemos 
hablado en el número 144, procuraudo que la 
exposición sea abrigada, y que la humedad sea 
constante, sin esceso, hasta conseguir la germi- 
nación. 

Se nota que en los montes naturales germinan 
porción de semillas, reproduciéndose las especies 
en abundancia, cuando en las huertas no se pue- 


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SEGUNDA PARTE 


63 


de conseguir que nazcan: la razón principal es 
que ellas desprendiéndose en el momento opor- 
tuno caen á la tierra, sembrándose por sí mismas. 

152. En las siembras que se efectúan tarde, 
en las que se hacen en el verano ó en el otoño, 
en muchos casos, hay también que tomar precau- 
ciones para que nazcan. Autores prácticoe, entre 
otros el Sr. Grijera, (Cultivador Argentino) acon- 
seja humedecerla alguu tiempo, orearla y sem- 
brarla después. 

153. Esta es también la práctica casi general. 
Ella es una operación conveniente si todo contri- 
buye a facilitar la germinación; pero sumamente 
perjudicial, si la semilla humedecida encuentra la 
tierra mny seca. 

15í. Si alecharse en la tierra la semilla que 
se ha humedecido algún tiempo y oreado después, 
contiene aquella alguna humedad, debe verifi- 
carse sin ti lubear. y también si inmediatamente 
después de sembrada puede regarse el terreno: 
pero en ningún caso debe humedecerse la semilla, 
si la tierra en que se vá á sembrar estuviese 
demasiado seca, como casi siempre sucede en 
la estación del verano en que esta operación se re- 
comienda* pues entónces una gran parte no nace, 
ó nacen plantas débiles, particularmente si no ha 
sido bien oreada. 

Esto es natural; la tierra seca y bastante, ca- 
liente entónces, absorve la humedad de la se- 


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64 CURSO DE AGRICULTURA 

milla y mata el germen,. ó lo destrnye en parte. 

Pero no con ti uñaré m os nosotros manifestando 
la exactitud de este punto, sobre el cual podría- 
mos enumerar muchos hechos prácticos: para su 
demostración definitiva preferimos transcribir 
parte de un artículo del respetable Sr. Ivart, á 
quien citamos muchas veces, por la exactitud con* 
que lia escrito siempre sobre agricultura, 

155. «Hace muchísimo tiempo, dice este Señor, 
que está eu uso en la Horticultura, el método de 
humedecer la semilla cou el objeto de acelerar Ja 
germinación. Del mismo modo se recomieuda em- 
plearlo para las grandes sementeras; sobre todo, 
cuando en la época de las siembras, está la tier- 
ra estremamonte seca: pero en este caso, particu- 
larmente, es cuando este método es del todo peli- 
groso, pues cjue si la seca continua, la tierra ex- 
trae toda la humedad al germen que brota, y en- 
tóneos indispensablemente este germen, ó la plan- 
ta que de él sale, se seca; es incomparablemente 
mas veutajoso que la semilla pcrmanesca en la 
tierra en su estado primitivo, sin germinar, hasta 
que la lluvia haya venido á darle vida.» 

ce Cierto es, que si la humedad viniese á tiem- 
po esta operación aprovecha perfectamente bien, 
y que la semilla así humedecida, adelanta mucho 
sobre las otras que no lo hayan sido: pero esta 
ventaja no equivalé nunca á los peligros anexos á 
esta operación.» 


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. SEGUNDA PARTE ■ 

« Este, método sedo debe practicarse, ctiahdo 
habiéndose retartado la siembra, noüaya témor 
de que el grano se resfeque en 'la tierra.**» í ! 

V . X. ( v: f 

i ; . r *. - . ‘ 4-. • • j J\ 

GÁhtiUad rfr sérhtilla que Üéba Vüiplbttise . 


. .156. Respecto á la cantidad de semilla qüe de- 
ha emplearse para tal ó ciial espacio de tierra, en 
las siembras que se hacen á vuelo, como el trigo, 
alfalfa, cebada, lino, etc. etc. nada puedédécírse 
de un «nodo positivo, y nada mas errado que laS 
prescripciones fijas: de ello tratamos en el cultivé 
de cada planta. 

157. En las siembras eu lineas, á chorro, man- 
teadas, ó las que se ejectuan con plantador, en laa 
que se emplea una cantidad de semilla en Cada 
linea, ó en cada lugar, es otra cosa, pues por las 
que entran en cada línea puede calcularse con cer- 
teza. las que llevará todo el terreno. 

158. En cuanto á la cantidad de semilla qué 
deba emplearse para que los productos correspon- 
dan á los deseos del Agricultor, después de lo qne 
hemos dicho en el Cat. 1/ Parte número 227 
y siguientes, darémos las reglaS generales qué 
siguen: 


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CURSO; DE AGRICULTURA. 


66 

: l.°. La; cantidad de semilla debe ser ? siempre 
relativa á lias circunstancias favorables ó desfavo- 
rables que acompañen á la siembra. ^ 

2. ° Una tierra bien labrada, fértil ó bien abo- 
nada en la cual las plantas se crian con lozanía y 
vigor, sembrándose además en tiempo oportuno, 
necesita mucha menos semilla que otra estéril 6 
mal beneficiada. C.at. 1/ Parte número 229. 

3. ° En las siembras que se efectúan tarde de- 
be emplearse mayor cantidad de semilla. 

* 4.° Si la semilla es selecta; debe echarse me- 
nos; sino se tiene confianza en ella/6 si es des- 
pareja debe echarse algo mas. 

5. ° Si el grano es pequeño respecto de su ta- 
maño ordinario, pero selecto y bien nutrido, debe 
echarse menos ¿ 

6. ° Un sembrador que desparrama la semilla 
con igualdad, emplea mucha menos que otro que 
Jo hace sin inteligencia y sin tino. 

7. ° El conocimiento del terreno influye de un 

modo especial en la cantidad de semilla que deba 
emplearse. - 

8. ° Guando se; siembra á vuelo , él trigo por 
ejemplo, .con una fanega puede sembrarse algo, 
mas de un cuadrado compuesto de cien varas por 
lado, ó sean 10,000 varas [Manual del Cultiva- 
dor), Trigo, en un .terreno fértil, bien bene- 
ficiado, ó del todo adecuado á ésa planta; al paso 
que no será suficiente fanega y media para igual 


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SEGUNDA PARTE 


67 


espacio de' tierra, menos fértil, ó que conten- 
ga muchos pedazos de tierra estéril. 

9. ° ti sembrador que efectúa sus carpidas 
siempre que son necesarias, emplea menor can- 
tidad de semilla. 

10. En casos de duda, conviene echar mas 
bien algo mas que menos; el remedio eu el pri- 
mer caso es mas fáoil quo en el 2.°, pues desde 
que se vea que el sembrado ha nacido demasiado 
espeso, puede aclararse arrancando las matas sn- 
perfluas, al paso que es difícil la replantacion pa- 
ra ocupar los espacios vacíos en el 2.° 

1!. Conviene tener preseute el axioma. 

El que siembra espeso, recoje claro, y el 

QUE SIEMBRA CLARO RECOJE ESPESO. 

Pero , el que siembra claro , si no atiende á sus 
sembrados con las carpidas y limpieza que en esos 
casos son mas necesarias , recoje claro. 

Las malas yerbas vegetando en el terrono qne 
les es propio, crecen con mas rapidez, y sofocando 
á las plantas las impiden producir. 

Uno y otro estremo es preciso saber evitar. 

XI. 

Profundidad á que debe enterrarse la semilla . 

159. Cada especie de semilla solo debe cu- 


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€8 


CURSO DE. AGMOUI/TURA. 


bcirse con el espesor de tierra que conviene á 
su naturaleza, siendo mejor en general,, cubrirlas 
un poquito anas, que menos, pues asi encuentran 
mas la humedad- que necesitan y están: menos<es^ 
puestas á perderse por cualquier circunstancia; 
pero no deben enterrarse demasiado, pues en tal 
caso pueden encontrar dificultades para geív 
ruinar. 

160. Puede decirse, que la profundidad á que 
deben enterrarse las semillas está en relación coir 
su. tamaño, pero que las muy menudas, apenas 
deben ser cubiertas por la tierra; al paso q ue 
otras, como las de las plantas que se crian en la 
humedad, aquellas como las de las* Margaritas, 
frutillas y otras* no deben cubrirse, debiendo pO<- 
nerse solo. en la superficie de un terreno húmedo, 
abrigadas del sol y del viento, ó guarnecidas' 
apenas con un poco de rauzgo húmedo. ■ 

161. Esto sin embargo, estableceremos las si- 
guientes* reglas generales. 

1. e Los carozos, las semillas gruesas, las de los* 
árboles en general, el trigo, 1^ cebada, y algunás 
de las legumbres, deben enterrarse de dos á cin- 
co pulgadas, 

2. ° De dos á tres pulgadas, el maiz, alberjas, 
algodón y demás de un tamaño semejaute. 

3 ° Y á muy poca profundidad, á penas dé una 
á tres ó euatro líneas, las semillas de peregil, le- 
chuga, cebolla, etc, etc; ! 


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SEGUNDA PARTE 69. 

4. ° Que en tiempo de seca, deben enterrarse 
algo mas que cuando Ja superficie de la tierra es* 
tá fresca, ó cuando la temperatura está húmeda. 

5. ° Que en los terrenos fuertes ó consistentes, 
deben enterrarse menos que en las tierras secas, 
y ligeras ó sueltas. 

6. ° Que en las latitudes y exposiciones frías, 
deben enterrarse menos que en. los parajes y es- 
posiciones calientes. 

m 

De la renovación de la semilla . 

162. La renovación de la semilla es conve- 
niente y aun necesaria en>porcion de casos, ( Cat , 

I * Paste núm. 184 y siguientes), muy particu- 
larmente en los terrenos inferiores. 

En los terrenos fértiles, de buena calidad, las 
semillas se conservan, y aun mejoran, con el es- 
mero del agricultor en emplearlas siempre selec- 
tas, y sembrándolas anas, veces en un terreno y 
otras en otro, ó en el inmediato: mas deben cam- 
biarse desde que se note que el fruto empieza á 
desmerecer, llevando, mudándolas de un paraje 
para sembrarlas en otro, siendo conveniente te- 
ner presente aquí ál autiguo refrán; Al que muda } 
Dios le ayuda: y prefiriendo para la siembra Jas 
que siendo selectas, se hayan recojido en un ter- 


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70 CURSO DE AGRICULTURA 

reno algo inferior al en que se ván á sembrar 
para sembrar en una tierra fuerte, y vice-versa. 

163. En todos los paises, mas ó menos, hay 
distritos ó parajes, especialmente adecuados á la 
escelente producción de tal ó cual grano, de tal 
ó cual fruto, obteniéndose siempre en ellos pro- 
ducciones de calidad superior, como no pueden 
conseguirse en otros terrenos; de esos parajes es 
de donde debe procurarse la semilla para reno- 
varla; de ese modo no solo se hace la renovación 
con las condiciones exijidas, sino que se cruza por 
decirlo así, mejorando el producto. 

164. Suele ser tauto mas necesaria la renova- 
ción de la semilla, cuanto que es positivo que en 
las plantas, como en los animales, la debilidad y 
las enfermedades no soto se trasmiten en la pri- 
mera generación, sino también en las generacio- 
nes sucesivas, cambiándose solo poco á poco las 
disposiciones internas, y con el auxilio de méto- 
dos y otras influencias. 

165. Muehas veces una semilla, hermosa en la 
apariencia, produce la primera vez de un modo 
satisfactorio, pero llevando el fruto el germen del 
mal, en las siembras siguientes se debilita y des-r 
medra de tal manera, que nada produce, ó solo 
dá productos muy inferiores. 

Tal semilla debe renovarse sin pérdida de 
tiempo. 


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SEGUNDA PARTE 



XIII. 


71 


Semillas de plantas de Adorno. 


166. El modo de obtener variedades intere- 
santes y dobles, es el hacer [siembras con las se- 
millas de las flores mas hermosas. 

167. En lo general las flores dobles no dad se- 
milla. 

Pero en las especies en que las produceu, co- 
mo en la Dhalia, deben recojerse las semillas en 
las flores mas dobles, y desecharse las de las flo- 
res sencillas, siendo las mejores las que se obtie- 
nen en la 5. a florescencia, 

168. En las flores sencillas, debe escojerse pa- 
ra tomar semilla, las mas hermosas, mas natura- 
les, de colores mas vivos y mas perfectas, de ese 
modo se consignen hermosas flores. 

169. Las flores se constituyen en dobles cuan- 
to mas numerosos son sus estambres, esas son 
las que con preferencia deben escojerse para se- 
milla, pues los estambres se convierten en Pe- 
talos. 


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7* 


CüRSi» :DB MJtJéOXtüRA. 


CAPItttfHLO 3.* 


0¡E. L^S. SI8HBJ(tAS.. 1 


I. 


• Obsetmiíonis Gcttt tafos. 

170. La siembra, particularmente en los culti- 
vos en grande, es una .operación de importancia 
en la Agricultura, que el buen cultivador com- 
prende, y ,a la cual contrae su mayor atención. 

1 71 - Ün buen septhrador es, uno de los obre- 
ros de mas consideración en un establecimiento 
Argfcola, puesto que, en la mayor parte de los 
casos, el producto de las cosechas depende del tino 
y habilidad en las siembras, 

í 72. En el Cat. 1. a Paute núm. 184 y siguien- 
tes, hemos tratado con alguna estencion este pun- 
to, debiendo tenerse presentes las prevenciones, 
métodos de siembra y demás, de lo que á este 
reepesto hemos dicho allí 


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SgGüNDA PMTft 7# 

1,73* El método ea fe» siembras,. practicando 
para cada plantel el que le sea mas adecuado* La 
regularidad de eíuelusirfesv en» fes épocas y fo- 
mentos precisos. < - 
EUempb o de sémiifeft selectas, 

La práctica de la alter nativa de siembras; y la 
de siend 4 naS interpuestas— S obt puntos que pues- 
tos eu práctica como corresponde han de darle al 
cultivador Fésultados satisfactorios* con abundan- 
tes y selectos productos.. 

.174. Necesitando cada planta uft espacio dado 
para vegetar con desahogo y producir bien, debe 
dársele á cada una, según su modo de ser; em- 
pleando también el método de siembra que le sea 
mas adecuado. 

175. Es de suma importancia aprovechar siem- 
pre sin postergación, el momento preciso de efec- 
tuar 1a siembra de tal é cual planta, desde que 
habiéndose frontudo hiendas tierras haya llega- 
do fe oportunidad de efectuarlas. ?' 

I7(k En muchas ocasiones, es suficiente la de- 
mora de algunos dias en fe siembra para no lograr 
fe completa sazón del fruto, ó para perder 1a co- 
secha* > 

177. Hay en Agricultor* un .axioma que 
debe tenerse muy . presente* en . especial para 
la époc# (fe las siembras y de las cosechas, 
so pena de tener qué lamentar fes consecuen- 
cias* 


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n. CORSO DE AGRICULTURA 

LO QUE PUEDAS HACER HOY NO LO DEJES PARA 
MAÑANA. 

178 , No hay que estar á la luna para efectuar 
esta operación- siempre que por su espera resul- 
te retardo que pueda ser perjudicial. 

179. Los esperimentos que hemos hecho res- 
pecto al poder é influencia que se atribuye áeste 
astro en Agricultura, muy particularmente para 
la época de las siembras, nos autoriza á decir, 
que es del todo inútil estar á la espera de cual- 
quiera de sus faces para efectuar esta operación. 

180. Si bien las diferentes posiciones en que, 
en ocasiones se encuentra, influyen sobre la at- 
mosfera, eso no sucede siempre, y en la espera, 
en la mayor parte de los casos, solo consigue el 
Agricultor perder un tiempo quizá precioso, que 
machas veces no vuelve á lograr, particularmen- 
te en las grandes sementeras. 

Conocemos que al emitir esta opinión (de acuer- 
do por otra parte con gran número de Agriculto- 
res prácticos) contrariamos una preocupación an- 
tigua y muy general: pero sabemos también, que 
ha de estar con ella, todo el que sin seguir cie- 
gamente la rutina, adopte los hechos según la re- 
fleecion, la observación y la esperiencia. 

181. Sierabrése sin demora, desde que estando 
pronto, haya llegado el momento oportuno dé 
efectuarlo; teniendo además presente el antiguo 
axioma. 


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SEGUNDA PARTE 75 

NO LLERA SU TROJE EL QUE A LUNA SE ACOJE. 

1^2. Raspad (Cours Elementaire d* Agricultu- 
ra) hablando á esLe respecto, dice: 

«La luna no tiene influencia alguna en las 
« siembras, la preocupación que atribuye álas fa- 
« ces de este astro, una especie de fascinación 
« sobre la germinación, proviene de que s dirijien- 
« dose los antiguos libros de Horticultura á hor- 
« télanos poco instruidos, que casi nó sabían con- 
star el tiempo siqó por el curso del Sol y de la 
« Luna, indicaban las diferentes épocas para sem- 
« brar, por los cuartos de este astro.» 

183.. Es necesario evitar la confusión en los 
sembrados: en todos los cultivos, sea en peque- 
ñas ó en grandes cantidades, debe establecerse el 
aventajado sistema de siembras, en lineas dere- 
chas, de esa manera se está en aptitud de econo- 
mizar en todos sentidos, haciendo con facilidad 
los sembrados, poniéndose en el caso de vigilarlos 
con una mirada por decirlo así, de regarlos si 
fuere necesario con bastante facilidad (núm. 296 
y siguientes), de practicar con economía los tra- 
bajos de cultivo y cosechas, aumentando sus pro- 
ductos, pues de esa manera practica sin incon- 
veniente las siembras interpuestas. 

184. Es indispensable hacer practica la Alter- 
nativa de Siembras, la alternación de produce 
T os^at. 1. a Parte mira. 235) de cuya importante 
práctica hemos de ocuparnos aun en el Manual 


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76 


CURSO BE AGRICULTURA 

Práctico del Coltitador AvrfemcÁNO 'ó'sea, Be- 
sumen de las cinco partes qué forman ElCurso 
de Agricultura, 

185. Haciendo» todo esto, ‘tehiendopresente lo 
• que con -relación á ¡las siembras hemos dicho al 
'tratar de las semillasen el capitulo anterior, y 
atendiendo á sus ¡sembrados con los- trabajos de 
oarpidas y demás que ies son necesarios, es bien 
cierto que siempre tendrá que 'felicitarse él cúl ti- 
mador, por los resultados que iva de obtener. 

XI. 


Siembras en lineas derechas. 


■t®6¿ Verificando Tas siembras por los métodos 
de qne hemos hablado en la 1 * Parte, á Chorro, 
Mateado, etc., 4 la distancia á que deben vejetar 
las plantas, á hacerlo en líneas del todo derechas, 
no hay mas que un paso, y para conseguirlo sólo 
es necesario -verificarlas con un poco de método; 
solo se trata de que las lineas dd -sembrado sean 
rectas para obtener las ventajas que hemos es* 
puesto; debiendo él huen cultivador -someter i 
esta práctica d cultivo de todas las plantas, y 
efectuar las siembras ititerpuestas siempre que lo 
permita el espacio en que ellas vegetan. 


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77 


SEGUNDA. PAUTE 

487. El método de siembras interpuestas 
(Gat. 1 / Parte 2 1 3 ¡y siguientes,) es adoptado y 
practicado coa grande utilidad, -por todo Agricultor 
activo, que conosca su ejercicio, consistiendo, <eo> 
mo se 6abe, en sembrar en los espacios que hay 
entre las ‘plantas cultivadas en lineas derechas, 
en las mismas lineas en qne van las plantes, 6 
en los espacios que median entre ellas, de todafe 
las que necesitan algún tiempo para completar 
sil periodo de vegetación, otras que Lo vérifieafi 
en írtenos tiempo, aprovechando así los cspaciqp 
de tierra labrados y qué permanecen desocupa- 
dos todo él tiempo que las primeras necesitan 
para desarrollarse, el cual es suficiente para qde 
las segundas completen su sazón. 

f88. Esto en el cultivo en grande. 

En los pequeños cultivos y en las huertas, ade- 
más de las cosechas de granos, se consiguen pro- 
ductos constantes y casi diarios de diferentes hor- 
talizas. 

>189. Gon estas siembras se favorece también á 
la planta que .ocupa principalmente el terreno, 
pnce las.plantas necesitan protejerse, y ; se iprótejert 
mutuamente, y con la Cosecha de las interpues- 
tas, en la mayor parte de los casos, Se acaban ide 
beneficiar definitivamente cuando mas lo necesi- 
tan, sirviendo por lo regular á todas, el beneficio 
de edrpida, ó. otro que se dá á la planta prin- 
cipal. 


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78 


CURSO DE AGRICULTURA 


190. Como es sabido, las carpidas son una ga 
rautia del. producto, (1. a Parte 256 y siguientes) 
"y en las grandes sementeras es un trabajo im- 
próvo el efectuarlas á .mano; procurése pues fa- 
cilitarlas verificándolas en todos casos y para to- 
das Jas plantas con animales, sometiendo á este 
método el cultivo en general, desde el trigo y 
demás granos que se acostumbra sembrar á t melo r 
hasta el maíz y demás que se siembra á distancias 
determinadas; eceptuando solo, Jas que se desti- 
nan á prados artificiales, como la alfalfa, cebada 
etc., y aun estas mismas, conviene sembrarlas en 
lineas derechas, pues de ese modo se facilita, no 
solo su cultivo sino los cortes. 

191. Este método es para el hombre. industrio- 
so, para el que no omite el cultivo que necesitan 
las plantas para hacerlas producir mas y mejor! y 
de lo que se trata es de hacer fáciles y económicas 
esaá labores, para obtener mayores productos; 
de constituir en práctica esas operaciones tan 
descuidadas por muchos de nuestros agricultores, 
y tau indispensables para conseguirlas. 

192. Hablando el ilustrado y práctico agrónomo 
inglés Sinclair en su Código de Agricultura sobre 
este pdnt , dice: 

« Entré las muchas ventajas, el método de cnl- 
« tivar en líneas derechas, tendrá la dé llevar á 
« los otros ramos de industria agrícola, los bóbir 
« tos de cuidado, beneficio y limpieza que él hace 


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SEGUNDA PARTE 7*> 

« necesarios; al paso qne las .siembras á vuelo^ fa- 
« voreceo la práctica de pereza que domina con 
« demasiada generalidad en la economía agrícola* 
« Todo induce á creer que este sistema se gene- 
te ralizaria muy pronto, si estuviese admitido co- 
co mo máxima demostrada, que el cultivo de los 
« granos en lineas, en general, es muy superior í 
« los métodos .antiguos como no deja duda alguna 
«Jo que á ese respecto hemos dicho . 0 

El sabio agrónomo entre otras muchas razones 
en que abunda, se refiere á las siguientes — « Es* 
« pues el cultivo eu Uueas el mas convenien- 
i< te : 

« í.° Porque favorece los desagües en las tier- 
« ras demasiado húmedas. 

« 2.° Porque espone mayor superficie de tier- 
« ra á las influencias atmosféricas* lo que mejora 
« el terreno. 

« 3.° Porque proporciona mayor facilidad pa- 
cí ra la destrucción de las malas yerbas.» 

« Practicado ese sistema (continúa), podríamos 
« \er nuestros campos cultivados con la misma 
« regularidad que en las huertas, y asi todos se- 
co rian productivos. 

« Eu suma, el sistema del cultivo en lineas es 
« de tal importancia, que debe promoverse su 
<t adopción general eu todas partes en donde sea 
oí practicable. Por todas partes debieran espar- 
te cirse modelos y diseüos, de los mejores y mas 


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CURSO DE ARÚKlUbTURA 

« sencillas instrumentos (i) é iústrücciones sobre 
« su uso; y- animar liberalmente á los que por es- 
« ¿eri meatos prolijos provasen la utilidátd 1 del 
« sistema^y ^ as ventajas que de él pueden sa- 
« carse, en ios distritos en que es désconócidó 6 
« poco practicado. (2) Por la estensión deí cultivó 
« én líneas, los terrenos de inferior calidtid lléga- 
te rían á ser tan productivos como los que son 
« naturalmente fértiles. En muchos casos por 
^ la adopción d'e ese sistema; se abandoiiaria la 
* práctica de los Barbechos absolutos, en los ca- 
lí sos en que se practican sin necesidad; (Veáüse 
« en el 1. a Parte los números 235 y siguien- 


(1) Los mejoresy mas’ sencillos instrumentes que* para 
pjr^ticar esi# sistema puede proporcionarse ¿nuestros 
agricultores, son los que hemos descrito en ^j^úm^ro. 32- 
y siguientes, y sus referencias. 

(2) He aquí lo que en primer lugar necesita nqéstra 
agricultura, él Estímulo, la recompensa a[ agricultor en 
premier dé éús desvelos, para ser elevada al mas alto grado 
áe productos que nos proporcionen la riqueza con qué' 
nuestros, fértiles terrenos nos están convidando; 

A este respecto desarrollamos los mediios de conseguic 
e^ps rebultados, en un Proyecto sobre una gran sqcjedad 
Nacional de Agricultura, que tiene por objeto fomentar- 
la poderosamente en toda la. República, estableciendo es- 
cogías prácticas dependientes de ella : Véase en ÉlMa- 
nüSdi ; BrácticQi 'del Cultivador Americano-^ Re sintó» dé' 
Curso dé j Agr i c ult ura— Introd ucgion .» , . ; ; • v ; ‘ 


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SEfiíJNItó, PARTE . Bt 

« t^) y por estos predios; sq, esparciría qp todar 
« la sqpiTÍit ie del País un nntpantial. de riqueza 
« ^spJU}ci y permanente.» ■ %¡ .•;}.;.■■• 

Como se vé, las ideas, del respetable autqVv van 
corroborándolo quq liemos dicho sobre esto ira 
portante ponto, estando perfectamente adaptadas 
á la actualidad de la Agricultura en estos Paí- 
ses. 

193. Además de lo que queda transcrito del 
autor citado, el sistema del cultivo en lineas de- 
rechas , ofrece las grandes ventajas que si- 
guen. 

1. a De que cualquier persona puede ser el 
sembrador, (l, 8 Parte números 207 y siguientes) 
pudiendo hacerlo en todos los casos una mugnr, 
un niño, una niña. 0 

2. ° De quedar cubierta la semilla al mismo 
tiempo que se dá leí reja (1. a Parte 197 y siguien- 
tes), no habiendo necesidad, en el caso de que no 
lo haya sido bien, (io qne solo puedo tener lugar 
por ser el gañan descuidado), sino de pasar la ras- 
tra de ramas en sentido inverso. 

3. ° La de quedar enterrada la semilla á igua- 
les profundidades, quedando de hecho estableci- 
dos los desagües, indispensables á todo sembrado 
de alguna consideración. 

Si algún gasto ocasionase la práctica de este 
sistema, el producto ha de resarsirlos holgada- 
mente. Puede asegurarse, que, por este método 


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82' CORSO DÉ A'GRICULÍURA 

se siembra on campo dado con la mitad é poco 
mas de semilla ó grano qué se emplea Tendeando 
la siembra á vuelo, y que si se cultiva como cor- 
responde’ puede obtenerse, y se obtiene, la ter- 
cera parte ó algo mas de productos. 


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SEGUNDA PARTE 


*3 


Conocimientos necesarios poro el 
cultivo de las plantas» 


194. El buen cultivo de las plantas, implica 
ciertos conocimientos, y comprende diferentes 
operaciones, con las que se contribuye á asegu- 
rar, multiplicar y anticipar sus productos. 

Además de las carpidas y otros beneficios de 
que hemos tratado en el Catecismo de Agricultura 
1. a Parte, para poder practicar con buen éxito el 
cultivo de todas las plantas, necesita el cultivador 
conocer la influencia que en la vegetación ejerce 
el Aire, el Calor, la Humedad: debe saber pro- 
porcionar á las plantas la Exposición convenien- 
te, practicar Abrigos y varias otras operaciones 
para hacerlas vegetar con el calor que necesitan; 
efectuar Riegos, etc , etc., y debe así mismo sa- 
ber preveer con anticipación las alteraciones del 
tiempo, para arreglar sus trabajos, resguardar 
sus productos, etc., etc., cousistieudo el buen 
cultivo, en el conocimiento de la mayor ó menor 
influencia con que obran esos elementos, y en la 
práctica ilustrada de esas diferentes operaciones; 


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CURSO. DE Á8MCULTÜRA. 


y remitiendo á nuestros lectores á lo que decimos 
al tratar del cultivo de los Arboles (núm. 350 y 
siguientes) nos ocuparémos aquí: 

] .• Del Aire. 

2. ° Del Catór. ■ ' ' • 

3 . ° De la Húmeda®. 

4 . ° Del Rosio. 

5. ° De la Nutrición. 

6. ” De las Heladas. 

7 o De la Exposición. 

¡Dé los Abrigos. 

9. ° Dfe los pocos de OaloR. 

10 . De las «amas Abrigadas. 

11. De tos Riegos/ 

12. De ‘lo$ Pronósticos paEa ¥ RELEER fefc 

TIEMPO. ; s 


I. 


del aire. 


195. «iré tiene unaim&ueocia poderosa ten 
la (vegetación. : •■■■’ 

Poede establecerse como nn principio, que lo 


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¡SEGUNDA PARTE 


65 


quecoustituye la vida en los vegetales, ¡así esmo 
ca los animales, es elaiee, el ealor y la humedad; 
llegando á ocasionar la muerte la falta de cual- 
quiera de estos agentes. 

196. Las plantas crecen y viven por el aire, él 
penetra en sus poros y los dilata, comunicándoles 
partes nutritivas, siendo esencialmente necesario 
á sn crecimiento y perfección. 

197. Parece que por ’ las ralees y por las hojas 
es por donde penetra al interior de las plantas, 
pues que en ambas partes es en donde se encuen- 
tra mayor número de poros, imgerto y poda núm. 
17 y siguientes. 

198. En cuanto á las hojas, crivada la super- 
ficie de ellos, demuestran bastante bien su im- 
portante función de inspirar el aire. 

199. La cantidad de él que absorven, difiere 
mecho según la naturaleza del vegetal, y sin du- 
da es una de las causas que contribuyen mas al 
desarrollo y crecimiento en unos, que en otros; 
por eso vemos crecer con sorprendente rapidez á 
muchas plantas, como la Pita, e YAlamo de la Ca- 
rolina y otras. 

280. Las plantas lo absorven mas, y por eso 
es mas considerable su volumen en la noche que 
en el dia; ese es el acto en que la vegetación ela- 
bora el aire, apropia 4 la planta la porción que es- 
tA destinada á absorver y desecha lo super- 
fino. 


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86 


CURSO DE AGRICULTURA. 


: 20 1 . Respecto de las plantas en general, se ve 
como ¡prosperan las que se crian aisladas recibien- 
do libremente el aire, al paso, que las que están 
oprimidas, y en parte privadas de él, viven con 
langnidéz. 


II. 

DEL CALOR. 


202. El calor es una: de las principales causas 
de la vida de los vegetales: en Agricultura bay 
dos especies de calor: 

E \ natural y el artificial, i . ; ' 

203. VA calor natural , es producido por los ra- 

yos del sol, procediendo también del centro de la 
tierra. Se distingue en Calor Solar y Calor Cen- 
tral.' . . ••• : ..... , . 

204. El Calor Solar, contribuye de un modo 
mas poderoso al desarrollo de los vegetales: todos 
los cuerpos espucstos á su influencia, se calientan, 
mas ó menos, según la posición en que reciben 
sus rayos; obra pues mas pronto y de una mane- 
ra, mas pronunciada, sobre onos cuerpos que so- 
bre otros, según la posición en que se encuentran 
relativamente al Sol. 


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SEGUNDA. PARTE 87 

Para comprender este efecto, debe tenerse 
presente que el Sol calienta la tierra, en razón de 
su permanencia mas ó menos larga en el horizon- 
te, y de la dirección mas ó menos directa de sus 
rayos. 

Este conocimiento es necesario al cultiva- 
dor. 

Los parajes abrigados del Sud y del Oeste, las 
colinas ó cuchillas háeia el Píorte, experimentan 
calores roas considerables que las expuestas á 
esos vientos, ó que los llanos contiguos: esto es 
debido á la concentración del calor, y á la reper- 
cucion de los rayos del Sol. 

205. El calor central , es ocasionado por la 
acumulación de los rayos solaras en la tierra, du- 
rante el verano, en donde penetra á grandes pro- 
fundidades; conserva á las plantas en invierno y 
ocasiona ciertas emanaciones que eu las noches 
de Otofio contribuyen á hacer sazonar los frutos 
situados mas próximos á la tierra, cou anticipación 
á los que están mas arriba. 

206. El calor artificial \ lo produce el hombre 
á discreción (números 230—239 — 26U— 263.) 

207. El calor acompaña siempre á la ferraen- 
tacion, cualquiera que ella sea: el agricultor de- 
be saber, y conocer, el que se desarrolla cuaudo 
se amontona estiércol, pajas, hojas secas, trigo, 
cebada etc. que contienen alguua humedad. 

Para establecer los focos de calor (núm. 260) y 


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88 CURSO DE AGRICULTURA 

camas abrigadas (263) , debe tenerse eso n*ny 
presente: un poco de humedad Jes es provechoso, 
al paso que el demasiado calor Ies es nocivo. 

208. El calor de los vegetales verdes amonto,-' 
nados, suele llegar hasta la inflamación, cómo 
acontece con la alfalfa, cebada y. demás, cuando 
de ellas se hacen grandes pilas á la intemperie, ó 
montones: en los graneros. 


ni. 

DE LA HUMEDAD. - ' ¡' i 

209. La humedad es un poderoso agente de 
la, vegetación, siendo ella el conductor que l^eva á 
las plantas su nutrición en . el estado de disolución;, 
así es que si llegan carecer de ese agente tan 
esencial, perecen, ó permanecen estacionadas sin 
crecer (ndm. .274 y siguientes.), ,.- v ; ... 

El agua inmediatamente por sí, ó por la disolu- 
ción do las sustancias en, que obra,,contribi*ye 
esencialmente á; la nutrición de las plantas. 

,110. En las secas, cnaudo la vegetación parece 
suspendida, apenas cae un aguacero, se ; note un 
desarrollo rápido en toda especie de plantas; no- 
tándose este efecto aun» en los terrenos, áridos y 


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SEGUÜÍBA PAUTE 


secos en los que la vegetados hubiera adelanta- • 
d® muy poco sin esta «¿reuastancia, y á pesar de 
los abonos que hayan podido proporcionarse á la. 
tierra. 

211. La fertilidad de diferentes clases de tier- 
ra. depende principalmente de la mayor ó menor 
disposición que ella tiene, á retener la hume* 
dad. 

212. Pero la humedad no debe ser excesiva. 

Una gran cantidad de agua de una sola vez, es 

mas bien nociva que provechosa; al paso que, las 
lluvias moderadas que caen regularmente en un 
terreno bien preparado para recibirlas, son me- 
dios positivos de fertilidad; siendo esto lo que 
forma el verdadero carácter, húmedo ó seco de 
un clima, que influye principalmente eri las op e 
raciones de la agricultura. 

213. Las lluvias pues, según su presencia, 
según su intensidad y las circunstancias que las 
preceden ó las siguen, son una plaga ó un bene- 
ficio de la Providencia. 

214. Los efectos de la humanidad con relación 
á la vegetación, están acompañados de circunstan- 
cias muy notables, en particular para ciertas 
plantas. 

Se ha observado que en los temperamentos hú- 
medos, las cosechas de granos, de papas y otros, 
desustanclan menos el terreno que en los distri- 
tos secos. 


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90 


CURSO DE AGRICULTURA 


215. Se observa también, que los- terrenos 
que no re ti e nen I a b urn edad , son mas productivos 
en una estación búmedár que en una seca. : 

Al mismo tiempo, una estación moderadamen- 
te seca, es mas favorable i la producción dé los 
granófc' y respecto del trigo, en partió olar, es del 
todo importante para lograr una buena cosecha, 
que no llueva dorante la florescencia. 


- IV* ■ - • 

'• - : •• 

DEL ROSIO. 

216. Además de las lluvias, los rosíos sumi- 
nistran eficazmente humedad á las plantas, y en 
los climas cálidos la vegetación no tendría lugar 
sin este recurso. , 

Aun son ellos muy ventajosos en los tempera- 
mentos y distritos templados; no pudieodo du- 
darse que en los atiós secos, él tiene grande 
influencia en la vegetación, (número 303 inci- 
so 11." 


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SEGUNDA: PARTE 


91 


■v. 

DE LA HUTRICIOK. 

217. Llámase Nutrición, á la facultad que tie- 
nen los Vegetales de amparse de los jugos de 
ciertas sustancias, convirtiéudolas, en sustancias 
propias. 

218. El agua mantiene en disolución á ciertas 
clases de tierras, sales, materias animales y ve- 
getales, etc., que absorvida's por las raíces, son 
conducidas por la savia á las diferentes partes del 
vegetal, con lo que sefavorece.su desarrollo, veá- 
se Traspiración en el Manual del Cultivador . 5.* 
Parte. 

219. La tierra solo suministra nutrición álas 
plantas en estado de disolución en el agua. .... 

220. Las plantas se alimentan por succión, es 
decir, absorviendo los jugos nutritivos; tenien- 
do lugar esta absorción por todas sus partes, pero, 
con mayor fuerza por las raíces y por las 
hojas. 


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92 


CURSO' i® AGRICULTURA 


DE LAS HELÁDAS. 

221. Todos conocen los efectos de las heladas 
en la vegetación, pero solo la práctica demaestra 
hasta á donde es preciso precaverse de ellas. 

222. En el País, los hielos deben temersq 
desde fines de Abril hasta Octubre y Noviembre. 

Én la campaña se anticipan, y duran mas tiempo. 

223. Las heladas de Otoño casi no causan per- 
juicio, pero las de JPrimavera son muy terribles, 
en particular las tardías. 

224. Aunque para obtener buenos productos, 
en general, debe sembrarse temprano, es prer 
ciso precaución con todas las plantas á las qpe 
daña el frió, hasta Noviembre. 

225. Generalmente hiela mas en tiémpo seco 
que en tiempo húmedo, yen ese caso, es un 
signo de buen tiempo; (véase Heladas en El Ma- 
nual, 5. a Parte. 

'226. Un árbol ó una planta que ha sido tras- 
plantada, sufre mas con (el hielo que otra que no 
ha sido movida de su lugar. 

227. Las heladas contribuyen á beneficiar las 
tierras movidas, en particular aprovecha mucho, 
á las compactas y gredosas, 


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smmm, paot & 93? 

Ajsíj el mayor cultivo} que se. puede dar é tier* 
ras de esta naturaleza, es labrarlas y dejarlas, alr 
baratadas sin emparejar, para# que reciban algu- 
nas heladlas <ao tes de seguirlas labrando; estas las 
drvádeniy desmeauzanide tal manera, que pasan-, 
doidfespues la rastra quedan enteramente deshe- 
chas. - * 

228. Heladas biíAtícas>: LlámaDse helada^ 
blancas, ciertas heladas de poca fuerza pero que> 
suelen* causar mucho daño, que caen con antioi-- 
pación al fin del Otoño, ó ya en la estación ca- . 
líente en la primavera y principios del verano. 

En el campo, suelen verse en Marzo, las de; 
Otoño, y hasta fines de Diciembre las de Primar 
Tora. 

229 < Parece/ que es el rosio conjelado suqesiv&r 
mente conv el fresco de la noche, sin haberse po- 
dido reunir en gotas. 


VM. 


DE LA EXPOSICION ¿ 

230. La exposición, es ía manera en que puer 
den vegetar las plantas con relación á los cuatro;. 
AÍentos cardinales; á la inclinación ue un terrenov 


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94 CURSO DE AGRICULTURA. 

respecto del Sol, ó á su posición con relación á 
un abrigo. 

231. La exposición relativamente á lo que con- 
viene á cada planta, es de mucha importancia, 
pues de ella depende su vigor y productos; pe- 
ro no puede considerarse de una manera absoluta. 

Las plantas en general, prevalecen bien y me- 
jor, en las buenas exposiciones, mas cada una 
requiere la suya: hay muchas que solo vegetan 
en la que les es adecuada, y que no solo no pre- 
valecen en una favorable á la mayor parte de 
otras plantas, sino que se • resisten á crecer en 
cualquier otra que uo sea la que les impuso la 
naturaleza. 

Muchas solo viven enteramente privadas del 
Sdl; y otras no producen en una exposición abri- 
gada, al paso que lo hacen en una libre , ó en 
una fría. 

232. La exposición puede ser caliente, abriga- 
da , media , fria , libre, sombría, á media sombra , 
etc., etc., resoltando de estas, otras exposiciones 
intermedias. 

233. Se llama exposición al Norte , la que mi- 
rando á este viento, recibe la mayor parte del dia 
los rayos del sol; de sayo es una exposición abri- 
gada, y es mas ó menos caliente, según que esté 
mas ó menos inclinada, núm. 204, ó que esté res- 
guardada por un abrigo nataral ó artificial, núm. 
242 y siguientes. 


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SEGUNDA PARTE % 

Es ia mejor de las exposiciones para la mayor 
parte de las plantas en estos Países. 

234. Exposición al Este, ó al naceinte , la que 
mira á ese viento, es ana buena exposición que 
recibe una gran parte del día -los rayos del sol; 
es abrigada ó media, según esté mas ó menos res- 
guardada por la parte del Sud, y reciba mas , ó me- 
nos directamente los rayos del sol. 

235. Exposiciones al Óéste ó al poniente, y al 
Sud, son exposiciones frías y las dos que en el 
Pais convienen meuos d las plantas en general. 

236. Llámase Exposición libre, á la de un ter- 
reno llano y sin abrigos, y d la de plantas que ve- 
getan aisladas. . 

,. 237. Exposición sombría , ó á media sombra , 
según no reciba los rayos del sol absolutamente, 
ó que solo los reciba una parte del dia. Y Expo- 
sición Fría, la que está mas expuesta á los vientos 
Oeste y Sud. 

238. Al elegir un terreno para hacer un sem- 
brado, ó un plantío, debe tenerse muy presen- 
te la exposición en que van á vegetar las plantas 
y procurar que reúna el mayor número de condi- 
ciones favorables. 

Si el terreno n.o las tuviese, y fuese necesario, 
se le proporcionan artificial mente ¿(número 240). 


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& cijr$& W AékíeteTURi 



• : •: £•••’ BE TÍOS ABRIGOS. i-.. 

23$. Llámase abrigos, ’i'ídsí te^Úitdó^^ák 
se proporciona» á fas plantas para darles eí cáíór 
qüé déc'ésííáít phra végetaf, y para librarlas del 
exceso fiel frío, del calor y del vféikb, á que es- 
tán cspücstas ¿¿ cientos terrenos. 

240/ Los abrigos sftii naftirales, ó arriiflcfeíes. 

1 Vátnráfes:: los fóriñados por las desigualdades 
de los terrenos, montes, paredes, edificios etc. 

Artificiales : "las pafedés hechas dé expresó, era* 
pal isa das, afüitanes, toldos, vidrieras, promonto- 
rios de fierra etc. 

24 1 . Las plantas cultivadas ¿n buenas exposi- 
ciones, da» productos abundantes, de buena cali- 
dad, y con anticipación á las demás qtíe no dis- 
frutan de ellos; por medio de los abrigos, se con- 
sigue pues, tener frutas y legumbres antes del 
tiempo en que se obténdriau sin ese recurso, 
consiguiéndose también la perfección, snperiofi- 
dad y abundancia de muchos!» 

242. lin invierno, un terreno aprovecha tanto 
mas el calor del sol, cuanto esté ó se le ponga en 
posición de recibir sus rayos de un modo mas di- 
recto núm. 204. 


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SECUNDA PARTE 97 

243. Contribuyen á, lograr este objeto, los 

abrigos situados af, Oestoy al Sjüd de- las plantas 
quese desea. resgaardar;don'Qdo que de esos la- 
dos se UbfOft'de lpSf 'Viejotos fríos, al páso.que de 
los otros; rociljap, los iray-os de} sois; . ark, 

244. Eo.ei coljiyo en gjjaiide, nuestros* agücul- 

lores propiamente diphos, casi no hacen uso de 
abrigos.; sin, embargo, de ellos reportarían utili- 
dad en muqhos casos, ana para, los cosechas de 
granos jen, general, haciendo- Albitanas (núm. 257) 
<5 plantíos- de árboles j en’ Mieras, según la aposi- 
ción dqlps terrenos; «nn. los cuales librarían ;en 
mucfia. ¡parte ,áiSus sembrados de los estragos que 
los /vientos suelen hacer en* ellos,; independiente 
déla, ventaja qu§ reportarían,, con parte de la ma- 
dera. délo, s mismos árboles. ] ] ?.>■? 

245. Por medio: ! de plantíos de árboles hé> 

chos non discernimieúto ¡para: resguardar tas ma- 
las exposiciones» puede ademáSíponcGutíarse la 
humedad y aumentar el «afor, siempre saludable 
á las plantas, fuera dgl. beneficio .quo repiben las 
tierras,, pon Ja, eaidn¡ de! sus» hojas. (Número 
57.) ... ' -fin . .o • • I - <;v-l ;; ! ' * 

Md- '^dilas huertas, ójpa ra el cultivo de plan- 
tas aúnales» .sp f( prqporeiOB£t:á* Ja# plantas elitenp. 
peramepto qqp f tneeiisitan, pof > medio; de «eráis, 
de cubipr^Sj.dedpjldnS), de vidrieras mosibiesf dé 
campanas,,^ promontorios [de fierra hechos drjdH 

ferente^r formas y en diverso sentido* • '■■:■■■< o!»-» 

' '* * 1 


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98 


CURSO DE AGRICULTURA 


247. Los cercos así como los toldos 6 cubier- 
tas, muy necesarios en los almácigos, pueden 
usarse de ramas entretegidas, que al paso que 
rodéan el espacio ó espacios en que vegetan las 
plantas, les sirve también de techo, que se sus- 
pende mas ó menos según sea necesario. 

248. Las vidrieras movibles, consisten en cua- 
dros ó marcos de madera, mas ó menos grandes, 
según el espacio que ocupa la planta ó las plantas 
que se quieran resguardar: cuando se emplean pa- 
ra los almácigos de plantas delicadas, se fijan por 
un lado con alcayatas, ó de cualquier otro modo,' 
de manera que puedan por el otro levantarse á 
mas ó menos altura, según se desee proporcionar 
mas ó menos aire á las plantas; debiendo descan- 
sar por los demás lados ó en un marco de madera, 
6 en paredes ó tierra elevada al efecto, de modo 
que al cerrarse, tenga una inclinación muy pro- 
nunciada para que no se detenga el agua; lo mis- 
mo que las vidrieras que se usan en las casas de 
negocio para guardar confituras ú otros objetos: 
debiendo cerrar casi herméticamente por todos 
los lados, para el caso en que el frió fuese excesi- 
vo; y si así no fuese, deben taparse las rendijas 
que pueda haber, con paja, brosa, ramas etc. 

. Los vidrios, á la inversa de como están coloca- 
dos géneralmente, deben estarlo de manera que 
lalparte de arriba quede enteramente lisa; siendo 
esto una especié d e invernadero en punto pequeflo. 


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SEGUNDA PARTE 99 

249. Para el cultivo de plantas anuales en nú- 
mero crecido, como las diferentes clases de zapa- 
llo, de melón, sandía, y tantas otras que contiene 
sembrarlas en el tugaren que han de permanecer, 
y que es necesario abrigarlas para conseguir sus 
frutos muy temprano, basta hacerse á cada una, 
un promontorio de tierra en forma de media lu- 
na, rodeando y resguardando- á la planta por los 
lados del Sud y del Oeste, cuya tierra se, ele va 
por el lado de estos vientos, como media vara de 
la superficie, dándole mas ó menos declive en la 
parte qué mira al Norte hasta el nivel del terre- 
no, segon se desee qup reciba mas ó menos direc- 
tamente los rayos del sol (número 242) y se le 
pone una hoja de pita, ancha, en toda la estén- 
sion interior del medio círculo, y que sobresalga 
para inclinarla en forma de techo que cubra á la 
planta: formando así una especie de celdilla 
del todo abrigada, a la qué se llama ca- 
silla, 

250. En lugar de la hoja de Pita, se hace uso 
de cualquier otra cosa que llene el objeto de con- 
tener la tierra y abrigar á la planta, como ramas, 
colocadas sobre varillas, tablas, etc. 

251. Cuando las plantas qué sé cultivan son 
de las que deben vegetar á poca distancia, 
como el Tomate y otras, estas casillas se hacen 
alternas, de manera que unas no bagan sombra á 
;as otras. 


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100 CURSO BE- AGRICULTURA 

252, En las siembrasque sé hácen muy tem- 
prano, paraíáayorrésgtiétrdo fie las' plan táá, con- 
viene sembrar en 'éíestremo superior de éstas 
casillas, alberjas, cevada, lino ó cualquier otra 
planta que ! creciendo allí, sirven de mas amparo, 
las que se quitan, así como la tierra, cuando no 
hay temor del frió. 

253. Si el frió fuese excesivo, ó si se quisiese 
proporcionar á la planta un abrigo mas Seguro y 
estar libre de cualquier contratiempo, el espacio 
que queda descubierto hácia el Norte y el Esté, 
se cubre con un vidrio , que debe ser' propor- 
cionado á la parte que queda abierta de la ca- 
silla. 1 

En este caso, para darles á las plantas él aire 
que necesitan, se apartan los vidrios siempre que 
la éstaciou es benigna, durante el dia, sacándolos 
como á las nueve dé la maiíana, y poniéndolos 
de dos á tres dé la tarde. 

354. Aunque estos sou métodos penosos., ellos 
deben usarse para tener ciertos frutos muy tem- 
prano en los distritos y temperamentos frios. 

, 255. En .el caso de trabajarse en terrenos 
abiertos, y desabrigados, esas mismas casillas de 
que hemos hablado en el núm. 249; se hacen pro- 
tejidas por listones de tierra elevados á algo mas 
de media vara, en toda la estension del terreno, 
paralelas, de Sud á Norte, á distancia de 4 á 6 va- 
ras unas de otras, teniendo por objeto resguar- 


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SEGUNDA PARTE 


lOt 


dar el espacio de la tierra que encierran,' y á los 
que él práctico Sr. Grijera en su Mauual de Agri- 
cultura, escrito en Buenos Aires, dá el nombre de 
lomos alares; entre estos lomos, de Este á'Oeste, 
se hacen otros promontorios ó ¿oímos, desde el 
uno al otro de los anteriores, y á los que el mismo 
Grijera llama centrales. 


Estos lomos centrales deben hacerse con la in- 


clinación mirando al Norte recomendada para las 
casillas á la distancia una de otra, según la nece- 
siten las plantas que se van á cultivar, y en 
ellos se hacen las casillas en los términos di- 
chos. 

25/3. En todos estos plantíos, en el centro de 
la casilla, y en el mismo lugar que ha de ocupar 
la planta, ó en el que se han de poner las semillas, 
debe proporcionarse un calor artificial, á lo que 
llamamos foco de ealor , núm. 260. 

257. Respecto de los Albitas es de que hemos 
hecho mención en el núm. 244, son muy venUÍ- 
josos resguardos artificiales que se hacen con el 
objeto de quebrar los esfuerzos del viento, y de 
preservar de él á algunos plantíos, formándoles 
abrigos y buenas exposiciones. 

258. Esta operación se hace con plantíos de 
árboles, de una ó mas hileras; ó con ramas, cafías 
etc. á la altura que se desea. 

259. Para hacer de manera que estas hileras 


de árboles 


© Biblic 



102 


CURSO DE AGRICULTURA 


pido, véase el número 81 inciso 3.° en el Trata- 
dito SOBRE EL INGERTO Y LA PODA, (4.* PARTE 

de esle Curso de Agricultura.) 

'ix. 

De los focos de calor. 


260. £1 calor artificial producido por el estiér- 
col, los abrigos y exposiciones, son indispensables 
á muchas plantas para hacerlas vegetar bien fue- 
ra de la estación que les es adecuada; lo son tam- 
bién para lograr productos con anticipación al 
tiempo en que naturalmente debieran darlos; y 
para obtener porción de otros resultados que se 
consiguen por esos medios: son así mismo nece- 
sarios á. otras plantas que aun que vegetan y pro- 
ducen bien en las estaciones de la Primavera al 
Otoño, lo hacen en mas abundancia con esos au- 
xilios, vegetando en lo que llamamos foccs de 
CALOR. 

Los focos de calor , tienen lugar de dos mane- 
ras y con dos objetos diferentes. 

1 Para hacer producir á las plantas sensi- 
bles al frió, antes dfc la estación que les es 
propia. 

2. a Para hacerlas producir en generaí, con mas 


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SEGUNDA. PARTE 


i 03 


abundancia, en la misma estación en que vegetan 
sin ineon veniente 1 

Situándolas'en ambos casos, en el paraje mismo 
en que han de permanecer las plantas y á la dis- 
tancia á que deben vegetar. 

264. Enelprimeró, para hacerlas vegetar fuera 
déla estaeion que les es propia. 

Se hace un agujero de una tercia de hondo con 
poca diferencia, y la misma dimencion de largo y 
ancho; se llena hasta las dos terceras partes de 
estiércol fresco (números 66 y 67) se oprime algo 
para que baje, y el resto sé acaba de llenar con 
la misma tierra que se ha sacado; si ella no fuese 
bastante sustanciosa, se mezcla bien con un poco 
de abono consumido; se deja algo' mas elevada 
que la superficie de la tierra y se practican las 
demás operaciones concernientes al abrigo y á la 
exposición. 

Hecho esto, se entierra la semilla encima del 
parage mismo en que se ha echado el estiércol, ó 
«e ponen las plautas que se quiere trasplantar; y 
se le dá un buen riego: 

De este modo se obtienen muy temprano, y de 
consiguiente con mucha estimación, frutos del 
melón, sandía, zapallos, tomates, pimientos y de 
toda planta sensible al frío. 

262. En el segundo caso, para hacerlas produ- 
cir con mas abundancia en la estación eu que ve- 
getan sin inconvenientes. 


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104 


CURSO DE AGRICULTURA. 


En estos casos, sin ni agana clase de operacio- 
nes para abrigos, se echa sencillamente en hoyos 
mas ó meaos dé las dimenciones dichas, ana can- 
tidad de abonos algo consumidos, se cubre con 
parte de la tierra que se ha sacado, se echa la 
semilla, y .encima, el resto de Ja tierra; ó se pone 
la planta que se quiere trasplantar. 

Esta operación es muy conveniente, obtenién- 
dose con ella exelentes resultados para las plau- 
tas que necesitan abonos para producir bieD; co- 
mo clMaiz — el Haba— la Papa — el Maní— el Al- 
godón etis. etc. (i.? Parte núm. 158 y siguien- 
tes : 

E¡a la mayor parte de los casos, conviene echar 
la semilla inmediatamente encima dé los abonos, 
lo que puede hacerse con muchA ventaja, estando 
la tierra suficientemente húmeda, .con las plantas 
mencionadas, así como con la Batata y demás á 
las que les convienen los abouos. 

. Siendo plantas lo que se va á poner, se echa to- 
da la tierra que se ha sacado para hacer el hoyo 
encima del abono, y se ponen las plantas, tenien- 
do. para con ellas los cuidados consigniéntes para 
las que se trasplantan. 


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SEGUNDA PARTE * 105 

■ X. 


DE LAS CAMAS ABRIGADAS. 

263. Llámase camas abrigadas á ciertas pre- 
paraciones para proporcionar un calor artificial á 
las plantas que se crian en alfnacigos, ú otras , para 
hacerlas vegetar fuera de la estación que le» es pro- 
pia. 

El objeto en este caso, es hacer que las plantas 
vegeten en el temperamento que les es adecuado, 
siempre igual, constante, mientras la estación les 
impide vegetar al aire libre. 

264. Previamente debe procurarse una bue- 
na exposición, abrigada, mirando al Norte, contra 
una pared; en su defecto, elegir una igual res- 
guardada por montes ó plantíos de árboles (245 y 
siguientes) ó formar una quincha tupida de sa- 
mas, en un paraje seco; pues la humedad conti- 
nuada, disminuye el calor del estiércol; no de- 
biendo tener las plantas mas, que la que oportuna- 
mente se Ies proporcione por el riego. 

Se hace una escavacion de dos pies de ancho, de 
cuatro ó seis de largo, ó del ancho y largo del ta- 
maño de las vidrieras que se posean y de po- 


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Í 06 


CURSO DE AGRICULTURA. 


co mas de media vara de hondo; en el fondo se 
echa una capa de arena gruesa, ó piedras, que in- 
terpuestas entre el suelo. yrel estiércol, impidan la 
permanencia de la humedad en. este. — Pónese en- 
cima, ocupando todo el espacio, una buena cama- 
da de estiércol fresco,, recten sacado de la caba- 
lleriza ó con poco tiempo de amontonado, mezcla- 
do con sustancias vegetales secas, ú hojas se- 
cas, y se apreta para que se consolide; en seguida 
otra, y así sucesivamente apretándola é igualando- 
la, hasta que sobresalga algo de la superficie de 
la tierra; si se desea mucho calor debe pouerse 
la última capa de puras hojas secas; y si el estiér- 
col estuviese muy seco y, se quiere precipitar la 
fermentación, sé echa un poco de agua, regando 
toda la superficie Encima se forma un cajón, ó se 
sitúala caja de las vidrieras; dentro y encima del 
estiércol, se echa úna cántidad de tierra rica, ó 
bien mezclada con abonos consumidos; en ellas 
se ponen las semillas, ó las plantas; y se cubren con 
la vidriera. 

fil espesor que ha de llevar esa capa de tierra, 
debe calcularse con arreglo á las plantas que 
se van á cultisar, según profundicen mas ó menos 
sus raíces; pero cuando menos, debe ser una 
cuarta. 

La elevación sobré lá superficie de la tierra es 
indispensable, pues pasados algudos dias, el es- 
tiércol baja aun, debe calcularse de modo que 


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107 


SEGUNDA PARTE 

cuando menos quédela! nivel del terreno, y no 
mas baja, para librarla de lá humedad: al efecto 
debe obrarse también de manera que puedan des- 
viarse las aguas llovedizas. 

265. Los terrenos secos y arenosos, son prefe- 
ribles para situar estas camas abrigadas; si fue- 
sen húmedos; ó se temiesé hümedad en los que se 
hacen, deben Vevestirstí los lados interiores de la 
cscuvación, coh ! !adrillo,ést£ca8 ; ó Cualquier otra 
cosa, á (res ó cuatro dedos, y en el cuadro for- 
mado, é'char el estiércol. De) mismo modo debe 
cuidarse q«e no entre' agua por encima, ó : f por 
las vidrieras núm. 248. 

2G6. Como las plantas que se cultivan así abri- 
gadás y con el cá-íór suficiente, crecen pronto y 
suelen necesitar diferentes trasplantes antes de 
poderse situar al aire libre, debe’ tenerse una 
ó iñaS dí; repuesto de estas camas abrigadas para 
efectuarlos sucesivamente con desahogo. 

' 267: Conviene hacerlaá de nuevo' todos los 
años renovando todo el estiércol, y el que se sa- 
ca de ellas, que ha perdido su fuerza, es un exe- 
lente abono para el cnltivo de las plantas que f no 
necesitan abonos fuertes.' 

Esas mismas' camas abrigadas, Sin deshacerlas, 
perú á las qué-se les' quitarrlas vidrieras, remo- 
viendo la tierra y abonando algo, son muy buenas 
para los almacigos de plantas á lasq’ no les daña el 
frió, como cebollas, lechuga, coliflor, broculi etc. 


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108 CORSO DE AGRICULTURA 

268. Estas camas abrigadas, son necesarias 
para las plantas que necesitan mucho calor, como 
el Pimiento, y que ademas tienen que permane- 
cer mucho tiempo resguardadas del frió y en ex- 
posiciones abrigadas, y cuyos productos se quiere 
conseguir muy temprano. 

Para otras menos sensibles, como el tomate, 
basta hacerlas de menos profundidad, empleando 
solo una coarta de estiércol en la base, ó menos. 

269. El abono preferible para estas camas 
abrigadas, es el de animal caballar, .mesclado con 
sustancias vegetales secas, considerado como el 
que conserva el calor mas tiempo yde una manera 
mas uniforme. 

270. De la posecion de una cama abrigada 
á la de un pequeño invernáculo para poder tener 
toda clase de plantas delicadas y conseguir frutos 
y flores muy temprano ó fuera de la estación, que 
entónces tienen un valor escesivo, no se necesita 
mas que proveerse de vidrieras mayores, particu- 
larmente en el largo y alto, y efectuar lo mismo 
que allí hemos dicho en punto mayor. 

Las plantas adelantan tanto mas, cuanto que 
teniendo mas espacio, y siendo movibles las vi- ' 
drieras que las cubren, para proporcionarles aire, 
se suspenden mas ó menos en los dias templados 
del invierno. 


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SEGUNDA PARTE Í09 


... f¡ 



;; ' DE EOS RIEGOS. 


I. , 

Prevenciones generales. 

l . •• : i ■ 

271. Sabemos que la humedad y el calor, son 

elementos primordiales y necesarios para la vege- 
tación; del buen uso de estos dos poderosos agen- 
tes, resultan efectos muy notables i en los. pro- 
ductos agricolos: unidos, dán loa resultados mas 
satisfactorios ^ separados, son casi siempre fu- 
nestos,; ■ • ....... <r . • i : 

272. La permanencia demasiada prolongada de 
la humedacleii ¡a superficie do la tierra, deterio- 
ra é 1 inutiliza á lagplantas- 

La demasiada intensidad del calor, trae la se- 
ca, que paraliza la vegetación ó mata las plantas, 

2.73; Así, de todos los medios que el hombre, 
posee para favorecer la Agricultura, ninguno es 
tan fecundo en buenos resultados, ninguno es tan 
eficaz, como los riegos proporcionados con discre- 
ción á las plantas. 


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110 


CURSO DE AGRICULTURA 


274, El cultivador, tiene pues este poderoso 
medio, siempre que pueda hacer uso del agua, 
para contribuir al fomento de las plantas y á la 
recolección, casi cierta entónces, de sus produc- 
tos! debe saber calcular el .momento oportuno del 
riego, y la cantidad de agua que puede dar d cada 
planta, ó á cada especie de plantas. 

275. Según la estación y el temperamento, los 
riegos deben darse en diferentes horas del dia. 

En el invierno y en la primavera, mientras los 
rayos del Sol tienen aun poca fuerza y que los 
dias son cortos, debe regarse por la mañana, pa- 
ra que la tierra tenga lugar de calentarse,' evi- 
tando el 'hacerlo dé tarde, pues que el fresco de 
la noche aumenta con la humedad de la tierfa en 
perjuicioíde' la planta . - :f : •' 17 

- 276i 'íEü los pequeños cultivos, puede- regarse 
por la mañana 6 -por la tardé en el vérátib, pero 
en los grandes, solo debe regarse, en esta esta- 
ción, á la tarde: si sé riega por la mañana el riego 
viéüé -á ser casi nulo, pues el calor y los rayos 
del Sol absor ven en muy poco tiempo 1 la hu- 
medad • •' <• 

277. Respecto de las ocasiones ó veces que de- 
be de regarse, tanto las plantas como la tierra 
manifiestan con señales inequívocas, la necesidad 
que esperimentán de agua, y, afinque unas plan- 
tas requieren mas humedad que otras, nunca de- 
be abusarse; para ello debe tenerse presen 


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SEGUNDA' PARTE lil 

te el temperamento, el calor que se esperimen- 
ta, la planta que se cultiva, la clase de ticr~ 
ra, etc., etc. 

278. Los riegos demasiado frecuentes, suelen 
dañar mucho á la buena calídad de las legumbres 
y de la fruta, pues las plantas exitadas por la hu- 
medad crecen con mas rapidez; pero en este caso, 
es siempre con perjuicio del buen gusto y buena 
calidad del fruto; y aún en perjuicio del producto 
mismo, pues por lo regular cuajan pocos frutos 
(núm. '$5 y siguientes). 

279. puede decirse, como regla general, que 
las plantas están bien atendidas respecto de la 
humedad, tapeto en invierno como en. verano, 
cuándo la¡ superficie de la tierra no sufre jamás, 
ni por la seca, ni por la exesiva humedad.. 

28Ó. Él agua para efectuar los riegos debe ser 
de una temperatura aproximada á la de la atmos- 
fera; si se emplea la de posos profundos, que por 
lo regular se conserva á. una temperatura dema- 
siado fría, debe sacarse con anticipación, para ha- 
cer qur pierda la frialdad; esto mny particular- 
mente, cuaudo el riego tiene lugar en plantas cá- 
lidas, como el Melón, el Tomate, etc. etc. 


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1Í2 


CURSO DE MGtGÜLTURA. 


. . ■■•> a ' n • 

. /i . . 

r . •• ^ : • : . . ; J . ¡ W. -1 * . 

Riegos en el cultivo en pequeño,. 

'28l. Eu loS pequeños cultivos hay dos maneras 
de regar. 

"Con regaderás 6 cualquier vasija, y por áspércion. 

282. 'El riego por aspercion, se usa para los 
almácigos de semillas muy finas, que necesitan 
apenas ser cubiertas por la tierra, mientras no 
han nacido; y después de nacer, para todos los de 
plantas delicadas durante se conservan tiernas. 

283. El se practica con hisopos, ó pinceles de 
cerda; con el objeto de dar muy poca agua, á la 
vez con la mayor suavidad, para que no Se des- 
componga la tierra, se descubran las semillas, 6 
se estropeen las pequeñas plantas; y para que no 
sé aprete demasiado la tierra. 

284. Con ‘Fregaderas : las regaderas deben te- 
ner dos flores, una con agujeros mUy finos para 
el riego de almácigos y en los casos análogos á 
los anteriores, en que conviene que las plantas 
reciban' el riego en chorros finos; y otra con los 
agujeros mas gruesos. 

285. El riego mejor es siempre, r el que mas 
imita á la lluvia; al efecto las flores de las rega- 
deras deben ser cóncavas en la parte por donde 


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, SEGUNDA PAUTE 


US 


despiden él agua, y con los agujeros reparados 
unos de obras, '¡como de' ciaeo ó seis lineas; estando 
algo juntos se ¡unen en un solo chorro los dife- 
rentes chotritos de agaa que cada agujero debe 
despedir poT separado, no causando el efecto qne 
se desea. 

286. El riego debe efectuarse pooo> á poco, 
regando ó pasando dos Ornas Teces con la regade- 
ra para qtieabsorviendo la tierra sucesivamente 
chagua,, reciba la cantidad necesaria y penetre 
hasta las raíces, debiendo tenerse esto tanto mas 
presente cuanto mas seca esté la tierra. 

285; Si él riego se efectúa de prisa, por lo re- 
gulad no aprovecha, pues corre el agua sin pene- 
trar la tierra, y lo que es mas, apretándola. 

288. Por esto hay conveniencia en porción de 
casos, como en los almacigos, en que para efec- 
tuar el riego se cubra la tierra con paja, brosa 6 
cualquier otra cosa, que impida que corra el agua 
independiente de ser este, un medio de prolon-’ 
gar los efectos del riego, conservando la humedad 
é impidiendo la evaporación: debiendo obrarse 
asi particularmente, ó poner una loza, piedra ó 
cualquier otra cosa, cuando se' riega cqn vasija 
que no se A la regadera con flor, para qpeoayendo 
el agua, sobre ella, se desparrame con lentitud y 
no haga pozos. 

$89. El riego no debe limitarse á humedecer 
las. raicea solamente, cuando la temperatura es 


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114 


CURSO DE' AGRICULTURA. 

seca y mas si también és calorosa, las hojas nece- 
sitan de la humedad que no encuentran en la at- 
mosfera,lo quéco'n frecuencia es un beneficio 
muy saludable para las plantas, al efecto se ha- 
ce use*' cou preferencia de la regadera con flor, 
para hacer que caiga el agua sobre las hojas imi- 
tando una lluvia fina. 

290. Para los árboles, se hace uso ¡de bombas 
de mano y de jeringas-, y á falta de instrumentos, 
en ambos casos, se llena esa necesidad arrojando 
el agua con pinceles ó con hisopos, y también con 
la mano. 

291. . El riego de las hojas debe tener lugar 

siempre á la tarde, después qué los rayos del sol 
hayan perdido toda su fuerza, teniendo asi tiempo 
de enjugarse durante le noche. ; 


III. 


{ . . * • • * 

Riegos en el cultivo en grande. 


292. En los cultivos de algüna consideración, 
y en los cultivos en grande, los riegos sé efectúan 
por ínundacion, y por irrigación propiamente 

DICHA. 

Al efecto deben poseerse suficientas depósitos 
de agua, ya naturales ó artificíales, á una distan- 


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SEGUNDA PAUTE 


115 

cia conveniente de los sembrados ó plantíos que 
se trate de regáry pudiendo sin embargo, llevarse 
á cualquier parte que sea, según la naturaleza del 
terreno, ó según la preparación que se le dé, por 
medio de Regueras 6 canales hechos en la super- 
ficie, ó por conductos en el interior de la 
tierra. • ••••'• <■ 

El agua se es trae de estos ; depósitos, con’ bom- 
bas, con el llamado valdc sin fondo, con cigoña- 
les, ó dé otros modos, para echarla en- depósitos 
particulares, los cuales deben tener suficiente 
inclinación, ó aberturas á la paTte opuesta en que 
reciben el agua para ocasionar su derrame cons- 
tante, la que cayendo en un canal principal ó re- 
guera, es conducida por él á canales secundarios 
que la llevan á los parajes que se quieren regar. 

293. Puede pues efectuarse el riego no Soloen 

las huertas y en los cultivos pequeños, donde esa 
operación se hace fácilmente, sino también en los 
grandes cultivos, sin gran trabajo, desde que las 
siembras ó los plantíos se hagan en lineas de- 
rechas. • - ’ v - . 

294. Así, los cultivadores que posean en sns 
terrenos, arroyos ó grandes manantiales, ó que 
puedan efectuar grandes depósitos de agua, se 
hallaneti él aventajado caso de poder practicar 
riegó's en sus sembrados, Ó de poderlos efectuar 
en cierta clase de sembrados que mas necesidad 
puedan tener dé agua eti los casos de seca. 


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116 


CORSO DE AGRICULTURA. 


295. Los JUEGOS 1HÜHDAHDO EtTBRREHO, S6 

emplean coa preferencia par? prados artificiales, 
para los plantíos de arroz, caña de azúcar etc. etc. 
No heblarémos de las diferentes maneras de inun- 
dar un terrenoi favorablemente situado cerca de 
un arroyo, deteniendo el curso de sus aguas por 
medio de diques ó de esclusas, ó efectuando obras 
en sus costados y dirigiendo sus aguas al ter- 
reno. ¡ • .! . • • >.. ’ 

Hablaremos solamente de los riegos que deben 
efectuarse conduciendo las aguas de depósitos 
mas ó menos distantes^ : ? , 

Para efectuar el riego de este modo, . inundando 
el terreno, es suficiente que este esté regular- 
mente situado, recibiendo el agua por una, ó por 
diferentes partes de uno de sus lados, pudieudq 
ser contenida en las otras tres; prooediéudose por 
los medios de que hablamos en seguida para la ir- 
rigación. 

296. La iKiuGAGtON so efectúa por medio de 

un canal principal que parte de los depósitos que 
rierten el agua en él, conduciéndola á canales ó 
regueras segundarias que la distrubuyen in los 
parajes que se quiere regar. „ . . ' 

Los canales principales deben efectuarse de 
manera que contengan el agua ft una altura con- 
veniente, pero deben tener muy poco declive; & 
fin de que corra sin precipitación, ó sin agolparse 
demasiado; medio pié, ó poco mas de> declive, será 


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SEGUNDA PARTE 117 

Suficiente en una distancia como de cien varas; y 
en proporción mas ó menos, según la distancia: 
so ancho? y hondo; depende del volúmen de agua 
(píese quierá conducir. 

297. En la mayor parte de los; casos, es Sufi- 
ciente que estos canales sean construidos simple- 
mente por promontorios de tierra; siendo esta de 
alguna consistencia; en caso contrario se apreta 
bien, consolidándola con cualquier otro material, 
para estorbar; que el agua se abra conductos, se- 
gún lo exíja la distancia y la cantidad de agua que 
conduzca: este canal, que arranca de los depósi- 
tos, conduce el agua á los canales secundarios, 
mas ó menos como se demuestra en la figura 3.* 

a, es el- depósito que derrama el agua en el ca- 
nal principal;*. , ‘ 

c, c, c; <??<*;; es un canal secundario que abraza 
toda la cabeza de un sembrado en lineas derechas, 
h, i; *v j,. etc. 

d, é, /, ff, etc. , son las lineas del sembrado que 
ba de regarse, y en c&yo pié, en to*da lá esteusion 

.de cada línea, Se hdee ün pequeño canal, que en 
la mayor parte de los casos, estando las plantas no 
muy crecidas, puede hacerse con el arado mismo; 
ó qne .se hacen á brazo con la azada, apartando un 
poco de-tierra -en toda la línea, de manera que 
pueda correr el agua; 

Llegando esta ai punto, /í, del canal secundarlo , 
se le abre curso en ese mismo paraje para que si- 


te) Biblioteca Nacional de España 


118 CURSO DE AGRICULTURA. 

ga por la líuea de sembrado d, hasta que llegue-^ 
su estremo; en seguida, cerrando este conducto, 
se prepara á abrirlo en i , para que corra el agua 
por la línea <?, y sucesivamente por los puntos 
A*, etc., etc., para que siga por/, g, etc., etc.y con* 
viene repetir esta operación para que la tierra 
quede bien empapada de agua sino lo hubiese 
sido suficientemente. 

Los canales secundarios pueden ser diversos y 
practicarse en varias distancias y di recc i° nes i así 
como las líneas de plantas pueden ser las que se 
quiera, y de un largo cualquiera, siempre que el 
terreno permita correr el agua hasta el fin. 

298. Este método de regar, si bien puede pre- 
sentar algunas dificultades y trabajo en los cul- 
tivos en grande, para efectuarlos en plantíos de 
consideración; es de una importancia tal, que eu 
un caso de seca, él solo asegura los productos/ 

Por lo demás, es fácil y frecuentemente usado 
en los cultivos regulares, pudiendo aplicarse á 
todas las clases de sembrados; así como para el 
riego de los árboles, haciendo al rededor 
tronco de cada u no, una pequeña escavacion en 
circulo/ ' 

299. Para los cultivos no muy estensos, y par * 
las plantas que se cultivan en canteros y líneas* 
transversales, ó según la disposición del terreno, 
se emplea también el siguiente método, el cual es 
generalmente usado en les huertas, fig. 4.* 


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SEGUNDA PARTE 119 

a, es el depósito que. derrama el agua. 

I?, b } el canal principal que la recibe y conduce. 

c, c, c, el canal secundario que la distribuye en 
otros cauales. ■ 

d, d, d—e, e, e, canales que abarcan todos los 
canteros del sembrado, ó líneas transversales de 
plantas; llegada el agua al punto f, se le abre cur- 
so para que cutre por el canal c, pasando al d, d, 
d, y se le vá dando entradas sucesivamente por 
las abe*turas en g, g , g, etc,, para los canteros ó 
líneas, números 1, 2. 3, etc, 

Concluido de regar todo ese lienzo de canteros 
se cierra el conducto eu f, y se abre en h, para 
que corra por el canal e, e , e, haciéndose la mis- 
ma operación que en el anterior, y regándose su- 
cesivamente los canteros números 6, 7, 8, 9, etc. 
lo cual se repite en tantos canales, como hileras 
de plantas ó de canteros pueda haber. 

300. IM mismo mo'dd, si la configuración del 
terreno lo permite, ó si ha sido preparado de an- 
temano al efecto, con un solo canal, se riegan dos 
hileras de captores, ó dos hileras de plantas á la 
vez, dando -entrada al agua en A, y que corra por 
el canal e , e, e, el cual, en este caso, derrama las 
aguas en los canteros 1 y 6, 2 y 7, 3 y 8, etc., 
etc., por las abras Ijue sucesivamente se abren y 

se cierran en los puntos, o, o, o , o, etc. 

301. La ventaja de estos riegos es muy consi- 
derable, particularmente cuando por su medio 


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120 CURSO DE AGRICULTURA 

pueden hacerse fértiles los terrenos que por so 
naturaleza y posición están espuéstos á Sufrir por 
una seca cualquiera. 

No siendo menos importante el que con ellos, 
en todo tiempo, pueda regarse un terreno pro- 
porcionando humedad á las plantas en la cantidad 
que se cousidere necesaria. 

Estos riegos además, enriqüesen las tierras con 
las sustancias fertilizadoras que conducen las 
aguas y que dejan depositadas en ellas, como limo 
— Sustancias salitrosas, calcáreas, etc. 


XII. 


Pronósticos sobre el tiempo*, ¡v. 


302. Es importante para el agricultor, préveer 
con anticipación, tanto como sea posible, los cam- 
bios que puedan tener lugar en la atmósfera, pa- 
ra proceder en sus. sembrados y en sus operacio- 
nes en general según el buen ó mal tiempo, él 
yiento, frío, calor, etc. que pueda sobrevenid* 
Al efecto es oportuno poseer los instrumentos 
el Barómetro y el Termómetro , que solos, en al- 


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SEGUNDA PARTE 121 

gnnos caeos y convidados en otros, dan datos casi 
infalibles; pero prescindiendo ocuparnos aquí del 
conocimiento y uso de estos instrumentos, de lo 
que tratamos en el Manual del Cultivador, vamos 
.á contraemos á los datos ó signos que pueden to- 
marse del estado de la {atmósfera, de la manera 
de ser de los animales, vegetales, minerales etc. 
con respecto á ella, que la esperiencia de todos 
los tiempos ha hecho certificar y que aunque no 
fon infalibles, proporcionan datos bastante se- 
guros. .;••• .. . 

No . hay cambio alguno en la atmósfera, que 
deje de afectar directamente al aire, y según las 
diferentes circunstancias, él se pone mas. denso, 
ínas lijcro, mas seco, mas húmedo, mas caliente, 
mas frió etc. etc y como él está en contacto con 
todo lo que existe sobre la tierra, los cuerpos or- 
gánicos y no orgánicos reciben una impresión 
cualquiera de esos cambios, que nos dan el iodfe 
ció que . deseamos; asi, JLos obtenemos de las varia- 
ciones que se observan en las sustancias vegeta- 
les' minerales y en Jos animales, . f ; ■ , 

Expuestos los animales á la intemperie y afec- 
tados’ diréctap ente por el aire, casi todo^ manh 
fiestan signos de. inquietud á. la aproximación de 
una tormenta, ó de qp cambiopróximo en la 
atm^s|'e|a^ dan'dquqá. jápqpcjps- ca^i: ciertos de 

Dé unos y otros tomarémos los indicios de. 


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122 CURSO DE AGRICULTURA 

buen ó mal tiempo, y de los cuales tratamos, co- 
piando algunos de autores espérimentados, bien- 
do otros efecto de nuestra propia espérien- 
cia. ' ■ ■ ■ ■■■■'■ 



Pronósticos tomados de la atmósfera , 


303. Señales de mal tiempg. ' ° ^ ' 

1. ° Cuando las estrellas pierden su brillo sin 
que haya nubes en el cielo, es señal de tormenta. 

2. ® Las coronas blanquiscas que se notan al 

rededor del sol, de la luna y de las estrellas, son 
señales de lluvia. ' ■ ) " 

3. ° Cuando al llover, lab gotas de agua forman 
una especie de humo al caer éú la tierra, es señal 
de que lloverá mucho. : 

4. “ Si aparece cerrazón ó neblina durante buen 
tiempo, y si se le levanta formando ó dejando nu- 
bes, es infalible el mal tiempo, 

5. ® Sidespueb "del viento sigue uñarada blan- 

ca (núm. 228), que se disipa en nebliná r eltípmr 
po será malo y mal sano. , . ’ Y"!". 

Señales CÉ Bofe ut tí émp 6. f 

6. ® Cuando se ven relámpagos cerca del hori- 

zonte siu nube alguna, es señal de buen tiempo J 
de calor: !,J '' A " ! " • ’ 


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SEGUNDA PARTE m 

7. ® Cuando después de la lluvia bajan las nu- 
bes .cecea de la tierra, pareciendo que ruedan so- 
bre el campo, es .signo de buen tiempo. 

Indicios diferentes. 

8. ° Cuando las estrellas parecen mas grandes 
de lo ordinario, ó mas aproximadas unas á otras, 
indica cambio de tiempo. 

9. ° En invierno los relámpagos son señal de 
nieve próxima y de viento ó de temporal. 

10. La helada que empieza con viento sub este, 
dura mucho tiempo y hace mucho mal. 

11. Si hay rosío abundante en tiempo claro y 
sereno, puede esperarse la continuación del buen 
tiempo, pero si en el mismo estado, no bay rosío, 
la lluvia está próxima. 


II. 

Pronósticos tomados de tos cuerpos terrestres . 

304, SEftALEL DE MAL TIEMPO. 

1. ® Si la llama de la vela chispea, y si la pave- 
ra forma epsu estremo una especie de roseta, hay 
mucha probabilidad de lluvia. 

2. ° Lo mismo debe esperarse, cuando el hollín 
se desprende de las chimeneas, así como cuando 
la sal, el mármol, el hierro, los vidrios etc. se 
ponen húmedos. 


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‘124 CURSO DE AGRICULTURA 

3. ° Es también indicio de lluvia, cuando los 
buenos ó malos olores se persiven de un modo 
mas fuerte que lo de costumbre. 

Diferentes indicios. 

4. ° Cuando las brazas aparecen mas ardientes ó 
encendidas que lo de costumbre, y si la llama 
aparece agitada, es señal de viento. 

5. Indica también viento, ó que cambiará el 
tiempo, cuando de lejos se oye el sonido de las 
campanas mas distintamente que lo de costumbre. 


ni. 


Pronósticos tomados de los animales. 

305. Señales de mal tiempo. 

1. ° Indica lluvia ó tormenta cuando los patos 
y ganzos, vuelan iriquietos de un lado para otro 
graznando y sambuyendo en el agua. 

2. ” Anuncia agua, cuando las abejas se sepa- 
ran poco de las colmena!, cuando no salen de 
ellas y cuando habiendo salido, vuelven de trapel 
antes de la noche sin bastantes provisiones, 

3. ° Cuando las palomas vuelven tarde al palo- 
mar, indican lluvia para el siguiente dia. 

4. a Es señal de mal tiempo cuando las golon- 
drinas vuelan rosando la superficie de la tierra 6 
del agua. 


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SEGUNDA PARTE 


125 


5. ° Es también indicio de mal tiempo y aun 
de tormenta, mas ó menos próxima, cuando lás 
moscas y otros insectos pican con mas fuerza y 
se ponen mas molestos qrie lo dé costumbre. 

Esta señal suele ser infalible cuando viene 
acompañada de alguna de las otras. 

6. Si las ranas cantan mas de lo ordinario; si 
los sapos salen á la tarde en número considerable 
de sus guaridas; si los gusanos de la tierra apa- 
recen sobre la superficie del terreno; si los ani- 
males vacunos andando inquietos forman gru- 
pos, en particular los toros y novillos, y tam- 
bién los pavos, hay casi certidumbre de que 
llovera. 

7. ® Cuando las ovejas y los bueyes pastan con 
empeño y sin cesar hay probabilidad de que llo- 
verá pronto. 

Indicios de buen tiempo. 

8. ® Cuando los mochuelos gritan con mal tiem- 
po, anuncian el bueno- también cuando grasnan 
los cuervos por la mañana y cuando los mosquitos 
se reúnen en grupos antes de ponerse el sol for- 
mando columna en remolino. 

306. Muchos de estos indicios, suelen fallar, ó 
demoran sus efectos cuando se presentan aisla- 
dos, pero cuando varios signos se manifiestan al 
mismo tiempo , esa circunstancia aumenta las 
probabilidades, y casi puede estarse cierto del 
anuncio. 


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I*ropag ación y cultivo de loa árboles 
frutales. 


CAPÍTULO PRIMERO, 


Propagación de loa árboles frutale». 

y 

307. Los árboles se propagan ó reproducen, 

por via de generación ó de semilla, y por lá se- 
paración de las partes que los componen: en ano 
y otro caso, siempre que no sean plantíos aisla- 
dos, hay conveniencia de efectuarlos en alma- 
cigos. ’ 

308. Los almacigos de árboles de todas clases, 
es uno de los ramos mas importantes de la Hor- 
ticultura, su utilidad, está al alcance de todos, y 
por muchas razones debe tenerlos de repuesto el 
hortelano, destinando espresamente al efecto un 
pedazo de terreno, que reúna las condiciones, de 
buena tierra, llano, proximidad al agua, y|otras 
necesarias á su buen y fácil cultivo; en el cual se 
forman cuadros separados mas ó menos gran- 
des. 


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1?7 ' CURSO DE AGRICULTURA 

309. Sea que se efectúen de semilla , de estaca 
ó de otro modo; precisan un terreno labrado, 
cuando menos, . á media vara de, profundidad, se- 
gún el objeto con que se hacen, el tiempo que han 
de permanecery la clase de árbol(- deben situarse 
4 mas ó menos distancia, pero siempre en lineas 
rectas á cordel, para poderles proporcionar con 
mas facilidad los cuidados que nepesitan. 

310. Si se hacen almácigos para sacarlos al año, 
pueden ponerse algo juntas, pero si han de per- 
manecer mas tiempo, y sobre todo, si se piensa 
ingertar en el mismo paraje, deben ponerse 
cuando menos, de media vara á tres cuartas de 
distancia; espacio indispensablemente necesario 
para andar y trabajar entre ellas, y para que cre- 
ciendo con desahogo, no se cstorven las unas á 
las otras, 

311. Estos almácigos no necesitan una tierra 
muy abonada, para prender y prosperar, les es 
suficiente una suelta y bien labrada: con los cui- 
dados de cultivo indispensables, se consigue un 
crecimiento satisfactorio; sin perjuicio, si han de 
permanecer inucbo tiempo en el mismo paraje, 
de abonar después la superficie del terreno y en- 
terrar el abono con la azada. .... 

Las plantas que se crian en terrenos muy abo- 
nados, se aniquilan y desmedran cuando se las 
pasa á uno inferior; debe hacerse demanepa que 
al trasplantarlas mejoren siempre de tierra. 


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i 28 


CURSO DE AGRICULTURA 


. , ' ' . ! ; ■ . . . . ‘ i t v * i * ) ' í • '.V 

SECCION PRIMERA' 

Propagación por semilla. 

312. La manera de multiplicación mas qatü- 
ral de los vegetales; es la de sembrar sus' semi- 
llas; es también el medio de obtener plantas vi- 
gorosas en mas abundancia, conseguir nuevas 
variedades, y conservar las razas, (num. ÍJ 1 ;) 

Sobre este medio de propagác'ión, refiriéndo- 
nos álo queá este respecto hemos dicho $n“el Ca- 
tecismo, núm. 87 y siguientes, así «jomo sobre la 
semilla fenf el mismo Catecismo, y én'los números 
80 y siguientes de este libro muy poco mas agre- 
gáremos aquí. ; ’ ' 

313. Las siembras de las semillas se efectua- 
rán en almácigos, para ser trasplantados los ar- 
bolitos después; en macetas, teniendo una sóla 
planta en cada una, con lo cual se asegura y faci- 
lita él trasplante núm. 370 ó én el paraje én que 
han de permanecer. 

Por lo* regular, hay Congenien cía dé efectuar la 
siembra en la primavera, de las semillas 1 de las 
frut&S qué maduran en la primateirá, y 'etí el Oto_ 
ño, láá que lo efectúan en esa estáéióh, inmedia- 
tamente que han sazonado . ^ l. . j » 



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SEGUNDA PARTE 


129 


314. tas semillas y pepitas deben enterrarse 
4 una pulgada de profundidad* ó algo menos se- 
gún el tamaño; los carozos á la de dos* cubriendo 
las hileras con paja <V broza* sobre la que se efec- 
túa el riego, (núm. 288) y se descubren en la pri- 
mavera. 

315. Los carozos y demas semillas de árboles 
cuya raíz principal propende á penetrar perpen- 
dicularmente en la tierra, como el durazno* el 
almendro* etc.* es mejor sembrarlos en el lugar 
mismo en que han de permanecer, á la distancia 
uno de otro, á la que deba de vegetar el árbol, 
pretiriendo verificarlo siempre en el momento dé 
haber sazonado, conviniendo poner dos ó mas se- 
millas, ó carozos, en cada lugar, con calidad de 
dejar una sola planta después que hayan nacido. 

316 Si las siembras no se hacen en las épocas 
que hemos dicho y se reservasen los carozos, ó 
las semillas, para efectuarlas en la primavera, en 
algunos casos* deben estratificarse , para conser- 
varlas, ó para favorecer oportunamente su ger- 
minación. 

317. La estratificación, cousiste, en poner en 
una vasija las semillas ó carozos interpuestos con 
una capa de arena fina, ó de tierra, como de dos 
dedos de espesor* ó mas, según el tamaño de la 
semilla, se entierra la vasija á una profundidad 
de cuatro ó seis dedos, ó se sitúa eu un paraje 
abrigado y oscuro. 


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130 


CURSO DE AGRICULTURA. 


Para conservarlas solamente, se mantiene la 
tierra mas bien seca que húmeda, 6 del todo seca, 
humedeciéndola mas ó menos cuando llega el ca- 
so de acelerar la germinación, debiendo entón- 
ces, mantenerlas en una constante humedad, pe- 
ro sin exceso. Vease Estratificación en el Ma- 
nual del Cultivador 5. a Parte. 

318. Si se observase que la germinación se 
precipita antes del tiempo oportuno deponerlas 
en la tierra a! aire libre, se sitúa la vasija en un 
paraje mas frió y en donde haya mas luz; debien « 
do ponerse en la tierra cuando empiezan a reven- 
tar, con la precaución de no hacerlo mientras ha- 
ya temor de heladas. 

319. Nacidas las plantas, el primer afío, solo 
necesitan el ser carpidas y regadas siempre que 
sea necesario, manteniéndose suelta y limpia la 
tierra en los almacigos, y quitándoles á los arbo- 
litos los retoños que aparezcan y los brotos mal 
situados. 

Desde el segundo aüo, hasta el trasplante, de- 
ben podarse, limpiándolos en ía parte inferior pa- 
ra formarlas un buen tronco, recto, ó según la 
forma que se le quiera hacer tomar, despuntán- 
dolos si se elevan demasiado, y quitándoles las 
ramas mal situadas. 


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SEGUNDA. PARTE Í3i 


SECCION SEGUNDA. 

Reproducción de los árboles por las partes 
de que se componen 


320. No hay una sola parte del vegetal, que en 
masó menos tiempo, y con mas ó menos cuida- 
dos, no se preste á reproducir otro individuo del 
todo semejante & aquel de que formaba parte. 

Se reproducen pues las pluutas, por sus renue- 
vos ó retoños, por partes de sus troncos, gajos, 
ramas, raíces, hojas etc., ósea 

De renueyos. 

De estaca. 

De acodo. 

Y por el Ingerto. 

Comprendiendo cada uno de estos medios de 
reproducción, ó multiplicación, diferentes mane- 
ras de 'efectuarlas, tratarémos por separado á ca- 
da uua de ellas. 

En cuanto al ingerto, nos ocupamos de esa 
operación con la estencion necesaria, en la 4. a 
Parte de este Curso de Agricultura , dedicado es- 
pesamente al ingerto y la Poda. 


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132 CURSO DE AGRICULTOR A 


1 . 

REPRODUCCION DE LOS ÁRBOLES POR SUS RENUEVOS 

% Ó RETOÑOS. 

821- Esta manera de reproducción se efectúa 
por el trasplante de las plantitas tiernas criadas 
natural, ó espontáneamente, y por los renuevos ó 
vastagos que de sus raíces echan los árboles. 

322. I Por el trasplante de las plantas tiernas . 

La reproducción natural de las plantas tiene 

lugar por medio de la diseminación , ó sea, por 
el desprendimiento natural ó espontáneo délas 
semillas que se sueltan de las plantas por haber 
sazonado: con tal motivo la reproducción en los 
montes naturales, es muy numerosa, ofreciéndo- 
nos uu medio fácil de propagación. 

Al efecto, se arrancan las plantas nuevas de los 
montes, con el mayor número de ralees posible, 
s (\d smochan ó se despuntan algo, 4 .° Parte núro. 
159) y se trasplantaual lugar en que lian de per- 
manecer, debiendo tenerse para con ellas, los cui- 
dados consiguientes á las plantas que se tras- 
plantan . 

323. Si las plantas son raras, delicadas, ó que 
haya empeño en obtener especies ó calidades 


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SEGUNDA PARTE 


133 


iguales á las originarias , dele procurárseles 
una exposición del todo semejante á laque tenían 
en el paraje de que se sacaron, y una tierra lo 
mas semejante posible á la en que vegetaban, 
324* 2.® Pon SUS RENUEVOS Ó VASTAGOS. 

La misma operación se efectúa, -con los vasta- 
gos ó renuevos que se desprenden del tronco, de 
la tierra inmediatos al troneo, ó de sus raíces. 
Ellos se arrancan con todas las raíces que se 
pueda, ó con parte de la raiz que les dá nacimien- 
to, se despuntan bastante y se sitúan en el para- 
je que se desea, teniendo presente lo que se ha 
dicho para el procedimiento anterior. 

II* 

REPRODUCCION BE LAS PLANTAS POR ESTACA. 


325. Llámase Estaca, á un pedazo def tronco, 
de las ramas, ó de las raíces de un árbol, de mas 
ó menos largo, con varios ojos ó botones, que se 
toma de él para plantarla en la tierra. 

Este medio de reproducción conviene á la ma- 
yor parte de las plantas, .siendo el único emplea- 
do en muchas de ellas; consiste en separar una 
de sus partes y ponerla en la tierra, lo que puede 
efectuarse de diferentes maneras. 


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m 


CURSO DE AGRICULTURA. 


326. Alachas plantas se reproducen con gran 
facilidad, por medio de un pedazo tomado do su 
tronco ó ramas, y con tanta mas, cuanto mas blan- 
da y liviana, mas flexible y porosa es su madera. 

827. Las de madera dura son mas difíciles de 
prender, y para conseguirlo necesitan algunas 
ciertos tratamientos. 

Pero, por rebeldes que sean, se logran em- 
pleando cualquiera de los métodos usados para 
los acodos, (números 335 y siguientes.) 

Asi, á unas conviene sacarles un anillo en su 
parte inferior; á otras, atarles con fuerza mi alam- 
bre; á otras abrirles en su base en cruz, ó ha- 
cerles una hendedura en la parte inferior del tron- 
co, en el diámetro, introduciendo uu cuerpo duro 
en medio, por ejemplo, una piedrila. 

328. También, aunque muchas plantas se re- 
sisten í prender de estaca siguiendo con ellas el 
método común á la intemperie; poniéndolas en 
una buena exposición, algo sombría, en tierra 
bien prr ¡varada, con suíicicute humedad, cubrién- 
dolas coa una campana, maceta ó cualquier otra 
cosa; dándoles, después que empiezan á brotar, 
aire con moderación* y proporcionándoles mas ca- 
ler que el que tenian en el lugar que ocupaban 
en la planta de donde se sacaron, a ia intemperie 
misma, prenden bien. 

328. Vis De la misma manera se reproduceu la 
mayor parle de las plautas por medio de sus ho- 


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SEGUNDA PARTE J35 

jas, las que prenden coa mas facilidad, cuanto 
mas carrosas son. 

329. En general, deben ponerse las estacas 
en el tiempo que media desde fines de Abril has- 
ta Octubre. Es decir, en el Otoño, en el Invierno 
y hasla poco antes que cmpiezen á aparecer los 
brotos en las plantas de que se ván á sacar, des- 
pojando enteramente de sus hoja* á las que las 
pierden en el invierno; y á las que las conservan, 
quitándoles solo las de la parte que vá enterrada, 
y conservándoselas en la que queda fuera de la 
tierra, ó quitándoles una parte de ellas y dejándo- 
les las de los estiemos. 

330 Pero todas las estacas que prenden bien 
sin inconve niente, y sin cuidados esp< cíales, es 
preferible pone rlas en la tierra al fin del invierno, 
en Julio y Agosto. Las de las plánUs delicadas, y 
las de hojas } ctn ancnies, cen o el Fatarjo, etc. 
en la Primavera, en Setiembre 6 pnreipios de 
Octubre; y tas do lis plantas icsircíás, teño el 
Ciprés, Pino, etc., etc. en el Otoño. 

331. En tos casos cslraordinarios en que ca- 

sualmente se posee un gajo de una planta cual- 
quiera que se desea propagar, sea la época que 
fuese, poniéndola inmediatamente en una tierra 
suelta, sustanciosa y teniendo con él los cuidados 
que hemos dicho( 328) casi siempre se logra su 
prendí don. 4 

332. En la mayor parte debe dejarse s 


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m CUÜSO DE AKGríCÜLTURA 

el esterior, de 2, á 5 ó 6 yemas; de ese modo, 
cnanto menos brotos esteriores tengan que nu- 
trir, los desarrollan y crian con mas vigor. 

Ba las plantas que prenden con facilidad, como 
los álamos en general, los sauces, sanco, membri- 
llo, etc., etc., basta tomar una rama ó un gajo 
nuevo, que haya completado *su solidez, fresco, 
hacer un agujero con una barreta, ó con un plan- 
tador, meterlas en él, haciéndoles punta eu el 
estrcmo inferior, y comprimir la tidrra con el 
plantador mismo hícia el tronco, podiendo ser la 
estaca mas o menos gruesa y mas ó menos larga. 

333. Además de lo que diremos en el artículo 
particular de cada planta respecto á este medio 
de multiplicación siempre que se halle en un caso 
escepctonal, estabiecerémos aquí las siguientes 
reglas generales. 

í.° La estaca debe ser un renuevo del año an- 
terior, 6 coando mas de dos años, que haya com- 
pletado su madurez;. es decir, que haya adquirido 
la consistencia de la madera: en algunas especies, 
como eu la higuera por ejemplo, es preferible 
que sea dedos ó tres años. 

2. ° Deben estar provistas de yemas bien mar- 
cadas, pretiriendo las que las tengan mas próxi- 
mas y mas pronunciadas 

3. ° En algunas plantas, es preferible que las 
estacas que se hagan con renuevos del año, con- 
tengan en su estremo inferior una parte de ma- 


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SEGUNDA PARTE 


m 


dera do dos años, ó del año anterior, de dos á seis 
dedos de largo, como en la parra, en el membri- 
llo y otras 

i.° En la parte inferior debe efectuarse eí 
corte lo mas próximo á un boton, independiente 
de los que pueda tener en todo la parte que va 
enterrada. 

La estaca absorve la humedad por el corte es- 
tremo, y muy pronto se forman en los bordes de 
la corteza, rivetes ó promontorios salientes, que 
con frecuencia despiden raíces de si mismos; si 
allí, ó muy inmediato se encuentra un boton, es 
el primero que las desarrolla, y desde entonces la 
prendicion es segura. 

5. ° Escepto en la parra, la higuera y algunos 
otros, y en los que se hacen de desgarrado (inciso 
13), debe hacérsele punta en el estremo inferior 
para fijarla mas fácilmente, y tanto el corte que 
se haga con esc motivo, como el que se efectúa 
en el estremo superior, deben verificarse forman* 
dodeclive (L^Paríe núm. 210) y situarla de mo- 
do que el corte de la parte superior quede háeia el 
Oeste ó el Sud, para que permaneciendo libre de 
los rayos del sol, no se seque tan pronto. 

6. ° Aunque el uso constante para poner las 
estacas es, con poca diferencia, seguir el proce- 
dimiento de que hemos hablado en el número an- 
terior, salvo el sauce, álamo y otros, cuando se 
propagao en punto considerable; en vez de un 


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138 


CURSO DE AGRICULTURA. * 

agujero con una barreta ó plantador debe ha- 
cerse nn pozo ó sanjiia, y enterrarlas'allí á la 
distancia y profundidad que se desea, fijándolas 
también con la punta que se les habedlo y echar- 
les después la tierra que se ha sacado; de ese 
modo desprenden y esparsen sus raíces con mas 
facilidad. 

7. ° Las estacas deben ser de un largo propor- 
cionado, siendo muy largas, casi nunca vegetan 
con vigor. 

Según las especies, deben contener de 1 i 4 
ó 6 piés cuando mas; ecepto cuando se emplean 
renuevos del pié enteros y conservando ci broto 
del estrenuo. 

8. ° No deben enterrarse mucho mas allá de la 
capa de tierra vegetal; á nada conduce masque 
á la fijeza, el enterrar demasiado una estaca, pues 
para prender uo necesitan mas que esa tierra 
vegetal. 

9. ° Aunque conviene á algunas plantas con- 
servar las estacas después de hechas y preparadas, 
enterradas ó puestas en el agua algún tiempo an- 
tes de plantarlas; ecepto muy pocos casos, es 
roas conveniente plantarlas desde que estén pron- 
tas con solo tenerlas, sise quiere, uno ó dos dias 
en el agua. 

Pero, si cortadas las estacas se ha de demorar 
su plantío, debe cubrirse su estremo inferior con 
fierra, ó mantenerlas con esa parte dentro del 


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SEGUNDA PARTE 13ÍI 

agua: en ese estado se conservan bien por algún 
tiempo 

10. En la mayor parte de las plantas indus- 
triales y de adorno, deben preferirse para estacas 
los renuevos del pié mas próximos á la tierra. 

Para los árboles frutales, es muy oportuno to- 
madas dei centro de la planta, buscando renue- 
vos adecuados, es decir, lisos, verdes y con su- 
ficiente número de brotos. Para éstos, los renue- 
vos del pié forman plantas propensas ái desarro- 
llar mucha madera vigorosa siu fructificar. 

Ecepto ep las' plantas" anuales-, én’géneral, en 
todas las demás, no deben ¿lejífse' para estacas 
los estremos clcl todo superiores, ellos prenden 
con facilidad, pero no adquieren fuerza suficien- 
te para desarrollarse de una manera satisfac- 
toria. 

11. Para ; propagar las plantas herbáceas, ó 
anuales, de estaca, como la datilia y demás, debe 
escojerse los momentos en que vogeten con mas 
tigor; regularmented mes de Noviembre ó prin- 
cipios de Diciembre, procurando hacerlo en la qué 
como á esta-les daña el frió, lo mas temprano po- 
sible para que teugan tiempo de florecer: se les 
reserva algunas hojas éu li parte estérior, pires 
e6tas son las que contribuyen mas á su prendicion, 
y se toman con preferencia los estremos; debien- 
do quedar debajo de tierra dos nudos cuando 
menos. 


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UO 


CURSO DE AGRICULTURA 


12. La mayor parte de las estacas se ponen 
derechas en la tierra; pero algunas solo prevale- 
cen bien echadas en partí, como la higuera, la 
parra, etc., y otras, solo pren Ion y se crian bien 
echadas del todo ó en la mayor parte, y cubiertas 
con muy poca tierra, como el tala, el espinilio, 
la acacia, la mandioca, etc. 

Para las de tala, espinilio, acacia etc., deben 
hacerse sanjitas de poca profundidad, de úna 
cuarta ó poco mas, y segun el objeto que se pro- 
ponga, dejarles las ramitis que contengan de su- 
ficiente largo para que al acostarías en la zanja 
puedan sobresalir á ia superficie de la tierra, y 
para las de mandioca, cubiertas e n toramente con 
poca tierra y á poca profundidad . 

13. En algunos casos y para algunas plantas, 
es mas conveniente p mer las estacas de desgarra- 
do ¡ Operación que consiste en desprender, ó des- 
garrar la parte del árbol ó de la planta que se 
quiere multiplicar, ó de una rama que se halla 
cortado al efecto, sin que para su separación y 
plantío se haga uso de herramienta cortante mas 
que para cortarse el estremo superior, con el ob- 
jeto de dejarla del largo que se desee, y ponerla 
en la tierra con toda la parte que sacó consigo al 
desprenderla. 


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SEGUNDA PARTE 


141 


' III* 

REPRODUCCION POR ACODO. 

33Í, UH mase Acodo, la operación por la cual 
se obliga á echar raices, á uo gajo, á una rama, ó 
á una raíz á brotar un tallo, antes de separarlos 
del individuo de que forman parte, para trasplan- * 
tartos después, como se verilea con un árbol, ó 
una planta obtenida de semilla. 

Esta vía de multiplicación es muy rápida, pues 
por lo regular al ario, en los árboles, se consiguen 
plantes productivas de la misma clase de la que 
se ha querido propagar, siendo muy adecuada pa- 
ra porción de plantas anuales, en las que se con- 
siguen en muy poco tierano. 

335. La teoría de esta Operación, se funda en 
hechos que prueban que los troncos ó ramas de 
gran número de vegetales, encierran gérmenes de 
raíces que solo esperan el concurso de circunfcr 
tancias favorables para desarrollarse : como laS 
raices mismas contienen ciertas partes, qué de- 
senterradas producen brotes y tallos. (Vea sé’ 
Tronco en el Manual det Cultivador . 

336. Como los vegetales ofrecen mas ó meóos 
facilidad para echar raices y prender de Acodo, 


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142 CURSO DE AGRICULTURA 

para lograr plantas por su medio, se emplean di 
ferentes procederes, 

337. Deben preferirse para efectuar los Acodos 
ramas nuevas, frutales, sanas y que hayan adqui- 
rido la solidez conveniente (ingerto y Poda núme- 
ro 29 y siguientes). 

• :i " V y .; ' i. ' 

’ -'"Diferentes maneras : dé efectuar los 1 acodos. 

, ,338,, í.° Acodos simples— Se practicau estos 
Acodos enterrando en Ja tierra, echada á tres 6 
cuatro pulgadas de profundidad, dalgo mas, par- 
te«de. una rama de la parte baja del tronco de una 
planta, ó próxima á; la tierra, inclinándola al 
efecto y fijándola allí con orquetas de madera, ó 
de cualquier otro modo, para que se mantenga 
sin moviii ienio alguno, se cubre esa parte con 
tierra apretándola algo, y se endereza el estremo 
que queda fuera; que es el que ha deformar la 
planta,. : . 

-¡..Si ja rama que se acoda está cod hojas, se le 
quitan en la parte que vá enterrada, se tienen 
para con ella los.euidados generales, y al año, si 
leparte enterrada hubiese echado suficientes rai- 
cea, como regularmente sucede, ó á los dos años, 


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SEGUNDA PARTE 


143 

se la separa cortando la rama en la parte que que- 
da hácia el tronco, se saca con toda la tierra que 
se pueda y se planta en el lugar en que ha de 
permanecer. 

339. Si la rama con que se efectúa el acodo es 
bastante larga, se entierra una ó mas veces, del 
mismo modo que la primera, dejando la parte in- 
termedia siempre descubierta y algo elevada, 
conteniendo uno ó mas botones, de ese modo se 
obtienen varias plantas á la vez, y entóneos toma 
el nombre de Acodo de culebrilla - . 

Estos acodos tienen pleno suceso en todas las 
plantas que prenden fácilmente de estaca 

Para la mas difíciles de prender, se usan los 
procedimientos siguientes: 

340. Acodo por torcion. — Consiste en torcer 
la rama en el paraje que se entierra y en el pa- 
raje en que se le quiera hacer arraigar, ó se ata 
inertemente en esa parte. Este acodo se emplea 
especialmente para las plantas delicadas ó de cor- 
teza fina. 

34 1 . Acodo por incicion anular — Consiste 
en sacar ó la rama, en la parte que se entierra no 
anillo de la corteza, verificándolo debajo de un- 
nudo Ó broto. 

342. Acodo de cesped— Se corta un árbol á 
flor de tierra, y se cubre bien el tronco. Produce’ 
porción de brotos, los qne se separan y trasplan-? 
tan, cuando adquieren suficientes raices. 


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144 


CURSO DE AGRICULTURA 


3í3. Los acodos no siempre pueden hacerse en 
la misma tierra en que está !n planta. Para las ra- 
mas que no estén próximas al lerreno para poder- 
los hacer á la altura en que se encuentran, se nsan 
varios útiles, con un agujero en el fondo, abier- 
tos en un lado, ó divididos en dos ó mas partes, 
de modo que pueda introducirse y acomodarse al 
gajo que quiera acodar, cerrándolos y asegu- 
rándolos después, para que puedan conservar la 
tierra de que debe llenárseles y se asegura á las 
ramas de al lado, atándolo; ó desde el suelo con 
puntales 

34 í. Al efecto, son muy buenos los embudos 
de plonro y de hoja de lata, y porción de otras 
osas muy adecuadas para hacer los acodos con 
economía; como, porongos, mates, pedazos de 
pitón ó cualquier otra sustancia hueca, que pue- 
da prestarse á esfe objeto, como cajones, saqui- 
tos de cuero,. mácelas ó vasijas divididas en dos 
partes etc.; para las formas que puedan tener, 
véase las figuras 5, 6, 7 y 8. 

345. Si el acodo es de los que echan raices con 
prontitud, como acontece en muchas de las plan- 
tas anuales, se pueden emplear embudos ó cartu- 
chos de cartón, con ataduras. 

346. Hecho definitivamente el acodo, y llena 
la vasija de tierra, se pone encima de esta alguna 
paja mesclada con estiércol, ó brosa, para que al 
regar no se apreté y se conserve siempre fresca. 


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SEGUNDA PAHTB . M& 

Cuando los acodos se hacen algo -o altos, y aun 
sin esto, conviene poner encima una botella, á 
cualquier cosa qae pueda contener agua: se tapa 
con uu tapón que debe tener un agujerito, en el 
cual se introduce un clavo ó palito, de modo que 
haga que solo salga el agua, gota á gota, con intér- 
valo de algunos segundos cada una, y se cuelga 
encima del acodo, boca abajo, para que las gotas 
caigan constantemente en la lierra, ó encima de 
la brosa que debe ponerse en ella. . 

De este modo, siendo como es el riego para p.I 
acodo del todo indispensable, se encuentra sin 
trabajo constantemente regado. 


II. 

Tiempo de efectuar los acodos y o bserva - 
ctokes. . ' 


í; 347. El acodo debe hacerse siempre, con al- 
guna anticipación al movimiento de las savias; 
pueden practicarse, desde el mes de Junio hasta 
Setiembre, según las especies mas ó menos preco- 
ces de las plantas en las que se opera; y en el 
raes de Enero. Los primeros tienen mas probabi- 
lidades de buen éxito, pero prenden bien también 


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14G 


CURSO DE AGRICULTURA 


los segundos; solo que, con los primeros puede 
contarse casi de un modo cierto, para trasplantar- 
los al invierno siguiente, ai paso que los que se 
hagan en Enero, pueden no estar prontos hasta el 
2.° año. 

318. Las condiciones para la prendieion de un 
acodo, son : 

!.° Que la tierra en que se hace, esté libre en- 
teramente de piedras ó cuerpos duros, en parti- 
cular a! rededor del gajo acodado, y que se man- 
tenga húmeda sin exceso, sin lo cual no hay ve- 
geiaciofi animada. 

2.° Que á los vastagos ó brotos del pié en es- 
tado de crecimiento, basta recostarlos y enterrar- 
los para conseguir un acodo con buenas raíces, lo 
que tiene lugar mas fácilmente en las ramas nu- 
dosas y en las plantas de corteza espesa, 

í.° Que á los acodos que quedan en posición 
vertical, conviene ligarlos, (340j. 

4. ° Que á las ramas de mas de dos años, que 
deban quedar también en una posieiou vertical, 
debe además hacérseles la incisión anular (núm. 
341} cuyo ancho debe de ser proporcionado al 
grueso de la rama; para las del grueso de una 
pluma de escribir, de una -linea apenas, y de dos 
á tres, para las que tienen una 6 mas pulgadas, 

5. a Que para con las mismas de corteza delga- 
da y madera dura, debe emplearse la torcion y 
aun la ligadura, ó el anillo anular. 


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SEGUNDA PARTE 147 

6.° Que en general, no debe dejarse rama al- 
guna superior al lado del acodo, pues que llama- 
ría á sí toda la savia, por cuya circunstancia po- 
dría permanecer en un estado de languidez inca- 
paz de prosperar, 

. 7.° Que en los árboles, y particularmente cuan- 
do los acodos se hacen en gajos algo gruesos, no 
debe separárseles de golpe de la planta prin- 
cipal, sin estar bien cierto que tienen abundante 
provisión de raíces capaces de nutrirlos por sí so- 
las ; sino que debe verificarse esa operación 
poco á poco, cortándolos primero como hasta la 
3. # parte del diámetro, 10 6 12 dias después, al* 
go mas, y así sucesivamente hasta separarlos del 
todo; lo que debe tenerse presente más en los ár- 
boles difíciles de prender, ó de estimación. 

III 


Acodos en raíces. 

349. Los acodos en raices pueden hacerse con 
ventaja en algunos casos, como en el de perderse 
tm árbol por enfermedad en su parte esterior: es- 
tos acodos son muy sencillos. 

!«• Basta descubrir la parte de una raíz y ha- 
cerse una insicion no muy profunda cerca de al- 
guno, de los ojos, y cubrirla después cou un poco 


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U8 CORSO DE AGRICOLTURA 

de tierra; para que brote y produzca tmo 6 mas 
tallos, formando así una plañía que se separa des- 
pués que haye adquirido vigor y se planta donde 
deba permanecer, 

2,° Se descubre una de las raices lateraleá, la 
mas larga que pueda encontrarse; se saca fuera 
de tierra una parte de su largo procediéndose en 
ella como se ha dicho en los números 340 y 341 
de manera que se le hagan former rivete3 ó pro- 
montorios salientes; consiguiéndose de ese modo, 
que muy pronto desarrolle brotos sobre los 
corles. 

Para formar buenos árboles, se escojen las rai- 
es mas vigorosas, procediéndose en el corte para 
separarlos mas ó menos, según el grueso, como 
se ha dicho en el inciso 7.° del número anterior. 

Puede siu embargo procederse de cualquier 
otro modo cierto de obtener un buen resultado, 

CAPITULO SEGUNDO, 

Cultivo <1© árbol©* frutales, 

SECCION PRIMERA- 
Observaciones generales * 

350. Gomo en este mismo libro nos hemos ocu- 
pado ya del cultivo de las plantas en general, y 
como en el Manual del cultivador, 5.' Parte 


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SEGUNDA PARTE 


149 


al tratar de las plantas en particular, espresamos, 
el cultivo que á caria una lo es mas adecuado, liá- 
rémos aquí solo algunas observaciones generales 
relativas al buen cultivo de los árboles. 

351; Los árboles necesitan vegetar en terrenos 
y exposiciones análogas^ su especie y á distancias 
suficientes: al efectuar los plantíos, previameu- 
te debe procurarse una y otra condición, sin lo 
cual no deben esperarse sino productos media- 
nos (*74.) 

352. Vegetando los árboles en las tierras y ex 
posiciones que les son mas adecuadas, así como 
ó las distancias que Jes son indispensables, para 
esparsir sus ramas y sus raices en toda la estén- 
cien á que cada especie las desarrolla, producen 
bién; al paso que, contrariados en su modo de 
ser, obligados á vegetar en tierras que les son 
impropias, en exposiciones contrarias ó inadecua- 
das y á distancias estrechas, producen poco, ó no 
producen nada , concluyendo por perecer en la 
mayor parte de los casos. 

353, Puestos los árboles en cuadros, ó en mon 
tes, puede cultivarse con ventaja de ello* el ter- 
reno que ocupan, sembrando diferentes hortalizas 
y granos, mientras uo cierren del todo con sus 
tamas las distancias á que están colocados; roas, 
las labores que se den a la tierra, no deben ser 
demasiado profundas, y muy particu^rmenle no 
debe cabarse el terreno sino como carpien- 


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150 * CURSO DE AGRICULTURA. 

dolo en todo el contorno como de medía Yara del 
tronco, no debiendo ponerse planta alguna en esa 
distancia, pues que ellas le quitarían á las raíces 
pequeñas lassustuncias qee necesitan y toman de 
la tierra y que forma una gran parte de la nutri- 
ción del árbol. 

354. las cabas en el terreno civ que están los 
montes, debe preferirse hacerlas con azadón de 
dos ó tres dientes, en particular en las tierras 
compactas, y fuertes ó tenaces. En estas tierras 
hay conveniencia en que las cabas, por decirlo 
así, preparatorios que se dán, antes ó al principio 
del invierno para hacer las siembras en la prima- 
yera, se den dejando el terreno sin emparejar, para 
que de ese modo los penetren fácilmente las he- 
ledas, el sol y el aire, lo que será un gran bene- 
ficio para el árbol, (227) igualándola poco antes 
de la siembra. 

355. Además del cuidado que debe tenerse 
de do sembrar á la distancia que Hemos dicho del 
tronco, deben elejirse las plantas que han de cul- 
tivarse en los montes, procurando hacerlo con 
preferencia de aquellas que necesitan abonos y 
riegos, y que deban, ó pueden carpirse : no con- 
yinieudo absolutamente el d e la Alfalfa — kino~r- 
Cebada -Trigo etc.; así cómo los frutillares y 
plantas que impiden las labores anuales. 

356. Si no se hacen siembras en las tierras que 
ocupan los montes, deben ellos carpirse una ó dos 


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SEGUNDA PARTE 151 

reces al ano para matar las malas yerbas y man* 
tener la tierra suelta, siendo indispensable ha- 
cerlo, cuando menos, al rededor de los troncos 
de los árboles. 

357. Los árboles, como las demás plantas, ne- 
cesitan abonos de tiempo entiempoi debiendo en- 
terrarse al tiempo de la labor de la tierra , y en 
caso de no verificarse esta, usarles al rededor de 
los troncos (número 69.) 

358. Del mismo modo les son convenientes los 
riegos; y el cultivador inteligente debe propor- 
cionar á cada especie de árbol la humedad que 
le es necesaria, así como saber elejir el momento 
oportuno de efectuarlos (Véanse los números 279 
y siguientes, 289 y siguientes, y 298.) 


SECCION SEGUNDA* 

Del Trasplante. (1) 



359. El trasplante de los árboles, exije precau- 
ciones y atenciones especiales. 

Muchas especies, necesitan ser trasplantadas 


(I) Para el trasplante de laá plantas anuales <5 herbá- 
ceas, véase el Cat . l.« Parte núm, 247 y siguientes* 


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152 


CURSO DE AGRICULTURA 


una ó mas veces, antes de hacerlo definitivamen- 
te en el lugar en que lian de permanecer, como 
el ¡Naranjo, los de su especie y la mayor parte de 
los árboles resinosos. 

De ese modo adquieren ciertas raíces, ó con esa 
opereracion se les obliga á desarrollar ciertas raí- 
ces, debajo del nudo vital, ( Ingerto y Poda y nú- 
mero 2), que son las que contribuyen á la com- 
pleta formación y desarrollo de la planta. 

360. El trasplante es operación sensilía y se- 
gura. 

í.° Si al sacar á los árboles del paraje en que 
están, se procura arrancarlos con todas las raíces 
que ara posible, sin violencia, 

2, ° Si uo hay demora en hacer el plantío des- 
pués de arrancada la planta, 

3. * Si se les proporciona un terreno y exposi- 
ciones semejantes á la que tenían. 

4, ° Síseles dá una conveniente colocación a 
las raíces. 

5. ° Si se efectúa -en una edad regular, en épo- 
cas adecuadas, y sien el caso de conducirse de le- 
jos, se les trasporta bieu acondicionados. 

De ese modo, si la tierra en que se les planta 
no es muy inferior á la en que vegetaban, si el 
temperamento no es op k uesto, prevalecen bien. 

Pero es incierto, y puede tener malos resulta- 
dos, ,si en lugar de reunir esas condiciones, en el 
trasplante sufren las opuestas. r . 


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SfGUNDA PARTE 


loS 

I. 

Época del Trasplante. 

361. Los árboles tienen épocas determinadas 
para ser trasplantados, tanto en cuanto á su esta- 
do decrecimiento, como á la estación en que deba 
efectuarse : algo viejos sufren mucho, siendo 
inútiles á veces, todas las precauciones que se to- 
men para que; prendan. 

Bespecto de la época, la costumbre es verifi- 
carlo en todo el invierno, pero la práctica ilustra- 
da demuestra la conveniencia de hacerlo, en la 
mayor parte de los árboles, antes; es decir, desde 
fines de Abril hasta fines de J unió, ó desde inme- 
diatamente después de la caída de las hojos; cuya 
circunstancia demuestra la paralización de la sa- 
via, salvo los casos de trastorno en la marcha re- 
gular de la vegetación (Ingerto y Poda, núm. 42,) 
sobre todo, cuando se trabaja en terrenos secos, 
muy mesclados de arena, ó arenosos, 6 en para- 
jes elevados; pues cntónces como dice el Señor 
Grigera, autor Argentino, «contribuye ásu pren- 
de dicion lo benigno y sereno de la estación del 
« Otoño, y las humedades siguientes del invier- 
te no»; ecepto ciertos árboles que así como para 
propagarlos de estaca (330 deben trasplantarse 
en la primavera. 


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CURSO DE AGRICULTURA. 


m 

362. Por otra parte, durante la estación del 
invierno suele haber dias templados, y aun de 
calor que ponen en movimiento á la savia, hacien- 
do desprender á los árboles algunas raicillas, y 
aun sin esta circunstancias, suelen desprenderlas 
también; siendo muy importante que ese aconte- 
cimiento tenga lugar en el paraje en que ha de 
permanecer el árbol. 

363. Las lluvias del invierno consolidan la 
tierra, haciendo que el árbol se fije en ella de un 
modo sólido y cuando llega el momento de desar- 
rollar sus raíces, no está tan expuesto á los rao* 
viniientos que los vientos continuados de la pri- 
mavera le hacen esperimentar, sin duda con mas 
probabilidades, cuanto menos tiempo tienen de 
trasplantados. 

It 

Procedimientos y precauciones. 


364. Sea cualquiera la especie de árbol y la 
época en que vá á efectuarse el trasplante; nunca 
debe situarse en el paraje mismo en que estubo 
vegetando otro de la misma especie, sin cambiar 
suficientemente la tierra en el mayor espacio po- 
sible (véase en el Catecismo 1. a Paute el núr 
mero 236 y en el Manual del Cultivador , Alter - 
nativa de Siembras.) i 


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SEGUNDA. PARTE 155 

365. Los hoyos en que se van á plantar los ar- 
boles deben hacerse con alguna anticipación, cal- 
culando quesean algo mayores que el espacio que 
racional míen te se crea puedan ocupar con sus jai- 
ces; haciéndolos tanto mas holgados, cuanto ma- 
yores sean los árboles, siendo posible, en la mis- 
ma posición que tenían; en ello hay provecho pa- 
ra el beneficio mismo de ía tierra, pues la del fon- 
do del hoyo se fertiliza, con el frió, el aire y el 
sol qué la penetra (números 10 y 227), aprove- 
chando así algún aguacero que pueda caer. 

366. Para los arbolitos nuevos ó de pequeñas 
dimensiones, esos hoyos pueden hacerse de dos 
a tres piés de ancho y de uno y medio á dos de 
profundidad; y páralos muy pequeños se hace uso 
del trasplaotador lig. 9, él que se inlroduce en 
la tierra dos ó tres veces al rededor del tronco de 
la planta, sacándose con una buena cantidad 
de ella. 

367. El árbol se coloca en el hoyo preparado, 
echaudo primero en el fondo, algún estiércol y 
tierra de la superficie, se sitúa en él y se sigue 
echando la tierra que se sacó del hoyo, mezclán- 
dolo abono consumido, si ella uo fuese de buena 
calidad; se oprime coa el pié, con un palo, ó con 
el cabo mismo del instrumento con que se traba- 
ja, que se introduce por varias partes, meneando 
también en diferentes direcciones el tronco del 
árbol para que la tierra ocupe y llene bien todos 


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156 


CURSO DE AGRICULTURA. 


los espacios que haya ^ntre las raíces, sin que va- 
yan terrones gruesos; se hecha una recular canti- 
dad de agua, si 'gnu el estado de la tierra, y* se 
acaba do llenar el hoyo con el resto de la misma 
tierra que se había sacado. 

368. Si fuese un árbol delicado, ó ya crecido, 
y se lemiese que los vientos lo muevan, debe 
ponérseles uno ó mas Tutores, consistiendo estos 
tutores, enesiaeones masó menos largos y grue- 
sos, que se clavan en la tierra y ligando á ellos 
el tronco del árbol impiden los movimientos que 
pueda tener. 


111 . 


Reglas generales. 


309. No siendo posible dar reglas fijas para el 
trasplante de uu árbol, establecerémos las si- 
guientes reglas generales. 

1. ° Nunca debe verificarse el trasplante en los 
dias de grandes heladas, ó mientras la tierra esté 
demasiado* húmeda, debiendo tenerse presente 
todo lo que se dice á este respecto en el Cat. 1. a 
Parte núm. 60 y siguientes. (Véase también el 
número 226 de este libro. 

2. ° Para desplantar el árbol, debe aprovechar- 


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SEGUNDA DARTE 157 

se tiempo sereno, prefiriendo el nublado y hú- 
medo ; arrancado , debe plantarse sin de- 
mora. 

Un árbol que se planta inmediatamente des- 
pués de arrancado, tiene todas las probabilidades 
de una buena preudicion y qnc siga fructificando: 
al paso que, disecadas en parte sus raíces tiene 
uña prendicion dudosa, y aunque fructifique, ó no 
sazona la fruta, ó se consigue solo muy desme- 
drada, pues muchas de sus raiccs quedan por 
aquella circunstancia inutilizadas para suministras 
toda la nutrición que necesita. 

3. ° El desplante debe efectuarse cabando en 
todo el contorno del tronco del árbol y á alguna 
distancia, para sacarlo con la mayor cantidad de 
raíces posible y la tierra que con ellas pueda lle- 
var, y no arrancándolo; debiendo cortarse con 
limpieza las raíces gruesas que profundizan la 
tierra. 

4. ° Si el árbol sufre al arrancarlo, si saliese 
con pocas raíces, ose hubiesen estropeado es- 
tas, se desmocha /despuntándole las ramas en 
do. 

proporción de las raíces que hubiese perdi- 

5. ° En cuanto <i la raiz central, que profundiza 
la tierra perpendicularmente, la práctica demues- 
tra que puede cortarse siempre sin ningún incon- 
veniente para el árbol, si bien debe hacérselo 
mas abajo posible, y sobre todo lo mas próximo é 


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158 


CURSO DE AGRICULTURA. 

inmediatamente abajo de las raices gruesas de 
los lados, que puedan conservarse á la mayor dis- 
toucia del cuello de la raíz, siendo esta operación 
conveniente en cierto modo á los árboles frutales 
(Ingerto y Poda núm. 3.) 

6 0 Cuando los árboles se arrancan para poner- 
los en parajes distantes, ó para remitirlos á oíros 
punios, deben embalarse, rellenando y cubriendo 
con alguna tierra sus raices, y haciendo que el 
embale no solo sostenga y cubra á estas, sino 
también á una parte de su tronco, procurando 
haccilo con mas esmero, cuanto mayor sea el 
tiempo que ha de tardar en plantarse. 

370. Si ei trasplante tiene lugar en plantas que 
están en macetas , (núm. 331), Ja operación es 
sensilla y segura, siendo suficiente hacer con anti- 
cipación el agujero en el paraje en que se ha de 
situar; se vuelca la maceta teniendo el tronco de 
la planta entre los dedos, y se coloca eu él con 
toda la tierra que coutiene la maceta ó con la que 
sale adherida á las raices de la planta. 


fc'ITV. 


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Introducción.,.* . I 

Declaración del InsMtnto 1 J I 

Segunda declaración del mismo, concerniente ¿ todo 

el Curso de Agricultura V 

Los tres pantos primordiales do la Agricultura...... 2 

Capítulo |.‘> DE LA labranza de la tierra 4 

Conveniencia de labrar bien 4 

Inteligencia en el L;-bra r or ¿¡ 

Profundidad á que d be labrarse t3 

Anímales ♦ .15 

instrumentos...*.*...... 18 

Como se fertilizan las tierras 23 

Aboros Minerales 25 

Abonos Vegetales . .. ... 26 

Abonos Animales’. 29 

Abonos Cnmpin stis . 31 

Abonos Líquidos 33: 

Capítulo 2 u db la pku 36 

Condiciones esencia !rs á ías semillas 37 

De la Fccnndai ion 38 

Germinación a 40 

Sazón de la semilla 43 

Virtud Germinativa ... 45 

Observaciones General» . . . . 47 

Recolección de LiSeni Ha 53 

Conservación. ... . . 54 

Procedimientos para echarlas en- la tierra........... 58 

Cantida 1 de Semilla que debe emplearse.. ... . . , 65 

ProfmulidHtl ;í que debe enterrarse . 67 

De la renovación de la Semilla. 69 

Semillas de plantas de adorno. 71 


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ÍNDICE. 


160 


Capitulo 3.* DE LAS SIEMBRAS ' * 72 

Siembras en líneas (brechas 76 


Conocimientos necesarios para el cultivador de las 


plant as 83 

Del Aire - 84 

Del Calor 86 

De la Humedad 88 

Del Uosío 90 

líe la Nutrición i 91 

De las Heladas, 02 

De la Exposición .•••♦ 93 

Do los Abrigos" 06 

Délos Focos de Calor. . . , *02 

!)e las Cumas Abrigadas 105 

De los Riegos. - 109 

Riegos en el cultivo Pequeño 112 

Riegos en el grande cultivo. . 114 

Pronósticos sobre el tiempo ; . . . 120 

PROPAGACION DB LOS ÁRBOLES FRUTALES 126 

Re Semilla 128 

Délas Parles de que se componen. 131 

Reproducción por Rsíaca. 133 

Por Acodo ■ I . .. . i 4 1 

Cultivo de los Arboles Frutales 148 

Del Trasplante. . * 151 

Kpoca del Tra-pbicte 153 

Reglas Generales. • 158 



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CURSO DE AGRICULTURA. í>? Parle 



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